miércoles, 21 de diciembre de 2005

Creacionismo y libertinaje religioso

La ciencia por gusto - Martín Bonfil Olivera
Creacionismo y libertinaje religioso



La palabra “libertinaje” es tendenciosa: normalmente se usa para criticar a quien promueve ideas contrarias a la moral religiosa. No en balde la segunda acepción que ofrece el Diccionario de la Real Academia es “falta de respeto a la religión”.

Pero el mismo diccionario también la define, en primera acepción, como “desenfreno en las obras o en las palabras”. De modo que el concepto de “libertinaje religioso” no necesariamente implica contradicción.

Y es que, desgraciadamente, vivimos una época de indudable desenfreno eclesial. El ejemplo más sonado es la polémica desatada por la propuesta de introducir la teoría del diseño inteligente en las clases de biología de Kansas (propuesta que tristemente triunfó, aunque seguramente sólo en forma temporal).

El problema no es, como quieren hacer ver los promotores del diseño inteligente, que un sistema científico amafiado y conservador descalifique una teoría novedosa.

Simplemente, el diseño inteligente no es una teoría científica. Es sólo una nueva encarnación del viejo creacionismo.

En realidad, de lo que se está discutiendo no es si los seres vivos pudieron evolucionar a partir de la materia inanimada. Lo que verdaderamente está en cuestión es si se acepta la suposición de que detrás del mundo natural existe un proyecto.

Tal debate es válido, por supuesto, pero sólo si es honesto. La religión supone que existe tal proyecto (teleología); la ciencia, en cambio, se basa precisamente en el rechazo (que el biólogo Jaques Monod llamó “principio de objetividad”) de que la naturaleza tenga un plan.

Es tramposo presentar como ciencia algo que no lo es; es todavía peor intentar, en el debate, desacreditar al a ciencia y sus métodos. A pesar de que, como en toda empresa humana, existan mafias y prejuicios, la ciencia se basa en un proceso de revisión y crítica, y ello la dota de mecanismos de autocorrección.

Desgraciadamente, el libertinaje religioso sí tiene un proyecto. Como comentó hace poco Octavio Rodríguez Araujo en La Jornada, “diseño inteligente y creacionismo son parte de una misma intención filosófico-teológica: restarles credibilidad a las teorías científicas”. Embisten así contra la herramienta más preciosa con que cuenta la humanidad para comprender la naturaleza. Y el ataque no sólo proviene de las religiones protestantes: en noviembre el papa Ratzinger se sintió obligado a declarar que “el universo fue creado por un proyecto inteligente”, y criticó “a quienes, en nombre de la ciencia, dicen que el mundo no tiene orden ni concierto” (aunque nadie afirma tal cosa, sino que tal orden no necesariamente obedece a un proyecto: puede surgir de la estructura misma del universo, sino que tenga que dirigirse a un objetivo).

El problema va mucho más allá de la evolución. Noam Chomsky, también en La Jornada, llamaba la atención a que, simultáneamente al ataque al darwinismo, el gobierno de los Estados Unidos niega la evidencia científica sobre el cambio climático global, actitud que pone en riesgo el clima de todo el planeta.

Recientemente el rector Juan Ramón de la Fuente dejó claro que la Universidad Nacional se opone al creacionismo, y criticó que se le quiera otorgar el mismo peso que a la teoría de la evolución. Y el coordinador de la Investigación Científica de la UNAM, René Drucker, afirmó que “el creacionismo, que se fomenta desde la derecha, tiene como objetivo el control del pensamiento de los jóvenes; desplazar el rigor científico por un conjunto de creencias”, lo que podría convertirlos en “seres poco pensantes” que “creen que todo lo que pasa se debe a una mano divina”.

¿Será algo así lo que tiene en mente el líder panista Manuel Espino, quien hace unos días abogaba por oponerse a ultranza al aborto y la eutanasia y por ajustar la ley para permitir que se puedan realizar actos de oración en las escuelas públicas? La visión científica del ser humano lo concibe como una entidad biológica, parte del mundo natural pero que también lo trasciende gracias a sus dimensiones psicológica y social. Como tal, defiende su derecho a tomar decisiones libres respecto a su cuerpo. La visión religiosa, por desgracia, tiende a desconfiar de tal libertad, y prefiere marcarle límites, cuanto más numerosos, mejor. ¿Dónde está realmente el libertinaje?

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

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