miércoles, 20 de abril de 2016

¿Derecho a defraudar?

Por Martín Bonfil Olivera
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM
Publicado en Milenio Diario, 20 de abril de 2016

No tengo televisión. Pero oigo el radio diariamente.

Me dedico a la ciencia (específicamente, comunicarla al público no científico), pero es raro que haya programas radiofónicos de ciencia, y ni siquiera secciones dedicadas a ella. Y cuando las hay, suelen estar relegadas al final de las transmisiones, o considerarse un mal necesario (uno de los programas que suelo escuchar –no hay muchas opciones a esa hora– habla a veces de ciencia, pero siempre tomándola como algo ridículo: la sección se titula “ciencia teta”, en el sentido de ñoña, boba, insulsa, risible).

En cambio, constantemente me toca oír programas en los que se desinforma al público, e incluso se pretende estafarlo. No hay programa que no tenga su sección de horóscopos, grafología, eneagrama, parapsicología, medicina naturista, o incluso contacto (y consultas) con ángeles. (En serio: no estoy inventado nada.) En cuestión de embustes, la oferta es amplia.

En general, estas transmisiones se pueden clasificar en cuatro categorías:

1. Las que se ocupan de supuestas disciplinas “científicas” que no son tales, sino supersticiones o supercherías disfrazadas de ciencia: investigación sobre fantasmas, parapsicología, ovnis, horóscopos. Son seudociencias cultivadas por personas con tendencia al pensamiento conspiranoico, y desinforman y engañan al radioescucha al presentar como ciencia algo que no lo es.

2. Las que difunden mensajes que mezclan temas como autosuperación y bienestar, salud y misticismo con lo que los realizadores creen que es ciencia. Presentan un amasijo donde se oyen, en diversas combinaciones, palabras como “mente”, “espíritu”, “positivo”, “vibración”, “energía”, “cuántico” y otras similares. Un ejemplo son las cápsulas de Gaby Vargas en Noticias MVS, donde constantemente promueve autores, libros e ideas que mezclan ciencia con pensamiento mágico-religioso. Su gran problema es que no distingue entre ciencia y charlatanería, y acaba difundiendo casi siempre lo segundo (aunque a veces, muy raramente, casi por azar, llega a hablar de temas realmente científicos).

Los autores de este tipo de mensajes no cuentan con los medios para distinguir la ciencia legítima de sus imitaciones fraudulentas. Leen cualquier libro o artículo en un blog o revista y creen que es tan válido como una publicación especializada en una revista internacional arbitrada (las cuales, por supuesto, están incapacitados para leer, precisamente por su carácter especializado). Si lo que leen coincide con sus convicciones de que la ciencia necesariamente tiene que coincidir con su visión mágico-mística del mundo, inmediatamente lo adoptan y consideran su misión difundirlo entre su numeroso público.

Pero por desagracia, y a diferencia de lo que buscan los gurús de la autoayuda, la ciencia real suele ser antiintuitiva, compleja y contraria a nuestras expectativas. La seudociencia presentada como autosuperación, entonces, desinforma y engaña, pues no es realmente ciencia, sino sólo una imitación que suena bonito.

3. Las que no sólo difunden charlatanerías seudocientíficas, sino que llegan a ofrecer a la venta productos o servicios que se basan en ellas: en supuestos “principios científicos” que en realidad contradicen el conocimiento actual. Aparatos que “ahorran” energía eléctrica con sólo conectarlos a una toma de corriente en el hogar. Fajas “cerámicas” que “producen rayos infrarrojos” (sin una fuente de energía para alimentarse) y combaten el reumatismo. Calcomanías para prevenir el daño que causan las ondas de radio. Etcétera.

4. Y lo más grave: aquellas en las que aparecen vendedores de “tratamientos médicos” que carecen de base científica comprobada: terapias “rejuvenecedoras” con supuestas “células madre” o inyecciones de sangre del propio paciente, pero tratada por el charlatán; suplementos alimenticios de todo tipo que pueden causar daños al hígado y otros órganos; terapias basadas en hierbas, dietas o vitaminas que incitan a pacientes a abandonar tratamientos contra enfermedades graves como cáncer o sida… la lista es aterradora e interminable.

En los dos últimos casos entramos ya en el terreno de la estafa, donde las autoridades como la Cofepris (Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios) o la Profeco (Procuraduría Federal del Consumidor), entre otras, deberían intervenir. Cuando alguien cobra por algo sin poder cumplir lo que promete, estafa a sus clientes. Si la estafa involucra la salud, el asunto es mucho más grave. Lo sorprendente es que muchas compañías que ofrecen precisamente este tipo de estafas se anuncian en programas de radio, sin que haya autoridad alguna que las supervise, controle o sancione.

La Cofepris ya ha combatido, recientemente, la venta y promoción de diversos productos milagro y tratamientos no aprobados médicamente. Y en 2007 la Profeco tomó la medida, aunque tibia, de obligar a todo tipo de “psíquicos y adivinos” a advertir al menos a sus clientes que el servicio que ofrecen es exclusivamente “de entretenimiento” y que “la interpretación y uso de la información proporcionada es responsabilidad exclusiva del consumidor”.

Creo que, aunque la libertad de prensa es vital, difundir información falsa como si fuese verídica, información seudocientífica como si fuese ciencia legítima, y el vender productos o servicios basados en principios imposibles es no sólo defraudar la buena fe del radioescucha, que confía en los medios y la información que difunden, sino caer en abusos que rozan lo delictivo.

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Contacto: mbonfil@unam.mx

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5 comentarios:

Anónimo dijo...

Es sugerente, pero tampoco definitivo.

Saludos.

Anónimo dijo...

Exacto correcto y perfecto. La radio y la televisoras han contruibuido mucho al fraude de empresas, o individuos, que se aprovechan de la ingenuidad, pero tambien de la nesecidades, de las personas credulas. Lo hacen con el contubernio de las instituciones del gobierno que en el supuesto estan para ayudar a evitar el fraude y la estafa a la población. Lejos de éso, no solo no evitan el delito sino que por su desentendimiento contribuyen al mismo.

Diversa La Radio a Colores dijo...

Considero altamente relevante su comentario. Por lo que me corresponde, he tratado de producir un buen programa de divulgación, pero nadie ha levantado la mano para realizarlo en conjunto. Por lo que me pongo a sus órdenes para poder realizar colaboraciones en radio on line con miras a hacerlo en radio comercial. Si así lo desea le dejo mi correo personal: goheral@hotmail.com Saludos¡¡

Perales dijo...

Excelente análisis de nuestra triste realidad. En cuanto al programa de radio que haces referencia (DMD), también lo escucho regularmente: Lo que hago es sintonizar la estación a las 10:08, ya que terminó la sección de Gaby Vargas.

Anónimo dijo...

Martin:

Es verdad que la gran mayoría de lo que mencionaste es un fraude, pero hay cosas que hurgándole puedes sacar cosas buenas. Por ejemplo, medicina naturista, cualquier abuela te dirá que un té de hierbabuena es buenísimo para los cólicos, o por ejemplo el té de "palo azul" que en lo personal probé y me dio mejores resultados que cientos de pastillas de medicina alópata. Este té es para los riñones. De tener unos dolores horribles y nada me curaba, tomé el té y hasta la fecha y no siento nada.

Y con relación a los ovnis, obvio no he visto a ninguno, pero no me siento tan arrogante como para pensar que somos únicos en la vastedad del universo.

Con los fantasmas, pues lo mas seguro es que nunca has vivido un episodio pero si te contara lo que he visto y hasta tomado foto en una ocasión, no lo creerías. Date una vueltecita a la isla de los alacranes en Mezcala en Chapala a ver si opinas lo mismo. Pero a las 8 de la noche, el lanchero no te va a querer llevar pero convéncelo con una pequeña propina. Y me platicas lo que opinas después.

Y por último, no seas arrogante y sabelotodo, cuando dices que "no están capacitadas parta leer esas revistas ) dando a entender que tú si lo estas. Eres experto en toda TODA la ciencia? Por favor, dicen los rancheros y dicen bien "el que mucho abarca, poco aprieta"


En fin. Bye.