Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM
Publicado en Milenio Diario, 20 de marzo de 2013
| Felicidades a la Iglesia Católica por demostrar que incluso un Papa no europeo puede odiar a los gays. |
Y en efecto: el método de la ciencia no es pertinente para manejar asuntos sociales y políticos. Tampoco para abordar asuntos religiosos: la fe no es algo que se pueda someter a análisis, se tiene o no. Y los dogmas y creencias religiosas se aceptan o se rechazan. (Por eso el cuestionamiento sobre por qué, si el espíritu santo inspira a los cardenales en el cónclave para elegir al nuevo papa, la votación no es unánime, a pesar de ser divertido, no es tampoco adecuado: se trata de un asunto de fe, no de razón.)
Pero aun así, leyendo las noticias no puede uno evitar toparse con algunos hechos que invitan a preguntarse si un poco más de pensamiento científico no podría ayudar a tener mejores religiones y mejores políticos.
Por ejemplo el nuevo Papa, Francisco (no “Francisco I”, no entiendo por qué, aunque yo prefiero pensar en él como “Papapancho”), tiene una larga (y nada sorprendente –como bien señaló ayer en Milenio Diario Luis González de Alba– trayectoria conservadora. En particular, los grupos de defensa de los derechos de los homosexuales en Chile lo acusan de haber sido, cuando era cardenal, “un promotor del odio hacia la diversidad social y un referente de la homofobia”. En gran parte por su violenta oposición a la propuesta de aprobación de los matrimonios gays en Argentina.
Es cierto: la posición oficial de la iglesia católica ha sido, desde hace siglos, esencialmente antidemocrática, misógina, homofóbica y discriminadora (jerarquía vertical, las mujeres no pueden ser ordenadas pero sí servir a los varones, el sexo homosexual es “antinatural”, los no creyentes viven en pecado…). Y más grave, su oposición a la anticoncepción y al derecho al aborto fomenta los embarazos no deseados, coloca a la mujer en papel de mera reproductora de la especie y agrava la epidemia de VIH-sida. Estas posturas causan, objetivamente, daño social y hasta a la salud, pues provienen de un líder religioso cuyas ideas rigen las de muchos de sus seguidores.
No se trata de hacer “científicas” a la política ni la religión, pero ¿no sería bueno que tomaran un poquito en cuenta el conocimiento científico, para dejar de decir tonterías y de defender posturas opuestas a los derechos humanos?
Es pregunta.
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