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domingo, 8 de abril de 2018

¡Vamos a la segunda Marcha por la Ciencia!

Por Martín Bonfil Olivera
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM
Publicado en Milenio Diario, 8 de abril de 2018

Si es usted científico o estudiante de ciencia; si es usted aficionado a la ciencia, o incluso si la ciencia no le interesa demasiado y nunca le gustó, pero es un ciudadano consciente de que el futuro, la prosperidad y el bienestar de un país dependen, inevitablemente, de su desarrollo científico y tecnológico, entonces tiene usted una cita este próximo sábado 14 de abril para participar en la segunda Marcha por la Ciencia.

¿Por qué? Por muchas razones. Porque el apoyo a la investigación científica y el desarrollo tecnológico son los motores que promueven, además del conocimiento básico sobre el mundo que nos rodea, los descubrimientos que llevan a patentes, y que hacen posible la creación de industrias innovadoras. Y éstas, a su vez, generan riqueza y empleos que elevan el nivel de vida de las sociedades, y permiten que los países que, más que “apoyar” la ciencia y la tecnología, se apoyan en éstas, sean naciones prósperas, poderosas, seguras e influyentes.

Porque en nuestro país el apoyo a la ciencia y la tecnología siempre ha sido de muchas palabras, pero muy pocas acciones. Los estándares internacionales recomiendan que se invierta como mínimo el 1% del producto interno bruto (PIB) en este rubro. Durante el gobierno de Vicente Fox, se modificó la Ley de Ciencia y Tecnología para incluir este requisito. Jamás se ha cumplido. Al comienzo del actual sexenio, Enrique Peña Nieto se comprometió a llegar a esa cifra: aunque durante los primeros años la inversión aumentó, apenas logró pasar del 0.5%. De 2016 a 2017 dicho presupuesto sufrió un recorte de 23%. Y de 2017 a 2018, una disminución adicional de 4.1%.

Los organizadores de la Marcha en México informan que, además, el número y los montos de las becas para estudiar posgrados se ha reducido, así como la cantidad de proyectos de investigación apoyados por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Sintomáticamente, el pasado miércoles un contingente de investigadores provenientes de diversas instituciones científicas del país se manifestaron frente a la sede del Conacyt, en la Avenida de los Insurgentes, en la Ciudad de México, bloqueando temporalmente el tránsito para exigir la creación de plazas y el aumento de salarios y seguridad social. Mientras tanto, gobernantes y legisladores continúan estableciendo políticas y tomando decisiones que no están basadas ni informadas por el conocimiento científico relevante que podría orientarlas en temas como salud, ambiente, derechos humanos, comunicaciones y muchos otros.

Además, como comentamos la semana pasada en este espacio, la comunidad científica nacional está enfrentando muy severos problemas por el cambio del sistema de captura del currículum único para el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), que debido a su pésimo diseño les está dificultando enormemente solicitar los apoyos que necesitan para seguir trabajando.

Marcha por la Ciencia:
un evento mundial
Pero la Marcha, que en México se llevará a cabo en varias ciudades como México, Guadalajara, Puebla, Toluca, Cuernavaca, Xalapa, Poza Rica y Tapachula, es un evento mundial. En 2017, cuando se organizó por primera vez como respuesta a las alarmantes políticas del gobierno de Donald Trump, convocó a más de un millón de personas en unas 500 ciudades de todo el mundo. En México más de 20 mil científicos marcharon en distintas ciudades. Se espera que este año la participación aumente (lo cual en parte depende de usted, estimado lector o lectora).

Objetivos de la Marcha
Además de las exigencias nacionales, los objetivos globales de la marcha son, entre otros, enfatizar que la ciencia promueve el bien común, exigir que las decisiones políticas se basen en evidencia, que los gobiernos apoyen la investigación científica y tecnológica, y que acepten el consenso científico en temas vitales como el cambio climático.

En la Ciudad de México la Marcha partirá del Ángel de la Independencia a las 4 de la tarde, para llegar al Zócalo. Si vive en otro Estado, consulte en internet los lugares y horarios de la Marchas más cercana (más información aquí: http://bit.ly/2H4txGo).

Lo importante es participar; no falte. ¡Vamos todos a marchar por la ciencia!

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Contacto: mbonfil@unam.mx

miércoles, 19 de agosto de 2009

Fox: horóscopo funesto

Por Martín Bonfil Olivera
Publicado en
Milenio Diario, 19 de agosto de 2009

No extraña que el ex presidente Vicente Fox haya declarado el sábado 15, en su Centro Fox de San Cristóbal, Guanajuato, en la graduación de la primera generación de su Máster en Práctica Política, que la crisis económica del país es resultado de “una convergencia de astros en sentido negativo, de vibras negativas”.

No extraña porque es bien conocida la capacidad del ex presidente para emitir tarugadas. Porque su incultura se ha convertido en leyenda. Y porque ya desde que ocupaba Los Pinos fue claro que él y su esposa Marta creían en charlatanerías de todo tipo.

Santiago Pando, asesor estrella de la campaña de Fox, decía recibir asesoría de “mayas galácticos”, “seres de luz” cuyas voces oía. Y la Presidencia tuvo contratada en 2006 a una vidente, Rebeca Moreno Lara, que fungía como “asesora mística” de la primera dama.

No extraña, pero sí indigna y preocupa. Al parecer, como país y como sociedad, seguimos creyendo que las causas de nuestros problemas están en los astros, no en nuestras propias acciones y decisiones. ¡Con razón no logramos resolverlos!

Para la seudociencia de la astrología, ciertas “combinaciones de astros” son infaustas, funestas, aciagas: causan desastres (de disaster, cataclismo estelar y por ende desgracia producida por las estrellas).

Los astrónomos se cansan de explicar que en realidad tales combinaciones no existen. Son sólo un efecto de perspectiva: aunque dos astros, vistos desde la Tierra, parezcan entrar en “conjunción”, están siempre separados por millones de kilómetros (si no es que por años luz, equivalentes cada uno a unos 10 ¡billones! de kilómetros).

Quizá la declaración de Fox sea, en sí misma, un signo funesto: una señal del fracaso de nuestro sistema educativo, que permite que alguien que ocupó el puesto de presidente albergue creencias mágicas tan primitivas. Del fracaso de nuestro sistema político, convertido en mediocracia publicitaria, que permite que un personaje así de inculto gane una elección por amplio margen. Del fracaso de los esfuerzos de divulgadores y periodistas científicos, que no hemos logrado, a través de los medios, llevar un mínimo de cultura científica al grueso de la población.

Mala señal… ciertamente.

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miércoles, 11 de marzo de 2009

Mujeres y lavadoras

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en
Milenio Diario, 11 de marzo de 2009

En 2006, en una gira por Sinaloa, Vicente Fox se ufanó de que el 75 por ciento de las familias mexicanas ya tenían lavadoras, “y no de dos patas, sino metálicas”. La injuriosa frase mostraba que el concepto de mujer del mandatario se reducía al de “persona que lava la ropa”.

El pasado domingo, Día Internacional de la Mujer, el papa Benedicto XVI pidió que “las mujeres sean cada día más respetadas y valoradas”. El mismo día, el periódico oficial del Vaticano, L'Osservatore Romano, afirmó que las mujeres deberían dar gracias por las lavadoras de ropa, pues “este humilde instrumento doméstico ha hecho más por el movimiento de liberación de las mujeres que la píldora anticonceptiva”. Al parecer, la Santa Sede valora a las mujeres más o menos tanto como Fox.

Es cierto que los productos científico-tecnológicos –entre ellos, lavadoras y otros enseres domésticos sin los cuales el trabajo del hogar sería peor de lo que es– han contribuido a disminuir la desigualdad social entre hombres y mujeres (que aún persiste). Lo indignante es seguir pensando que tales labores son obligación natural de las mujeres.

Pero indudablemente el que las mujeres pudieran por primera vez en la historia controlar confiablemente sus embarazos fue uno de los detonadores de la revolución que cambió radicalmente –aunque aún no lo suficiente– su papel en la sociedad. El químico Carl Djerassi, uno de los padres de la píldora, reflexiona sobre éstas y otras consecuencias sociales de su invento en su excelente libro La píldora de este hombre (Fondo de Cultura Económica, 2001).

Por su parte, la divulgadora científica Ana María Sánchez Mora, en un penetrante libro que debió llamarse Feminismo y divulgación, pero que por mala decisión editorial lleva el ambiguo título de La ciencia y el sexo (Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM, 2004), explica cómo la ciencia, además de refutar creencias como la brujería o la inferioridad biológica de las mujeres, de acabar con la fiebre puerperal y de producir la píldora, dio a las mujeres los conocimientos y argumentos para denunciar y combatir la discriminación y el abuso en su contra.

Y es que la ciencia no sólo crea productos útiles. También cambia nuestra forma de ver el mundo.

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miércoles, 6 de septiembre de 2006

Fox: sexenio fallido

Milenio Diario
6 de septiembre de 2006

Es difícil hallar, incluso entre quienes votaron por él, a quien todavía esté dispuesto a hablar bien de Vicente Fox. Las promesas de campaña resultaron fallidas.

El “sexenio del cambio” deja una secuela de daños: desilusión, narcoviolencia, descontento social, instituciones vulneradas (especialmente las electorales) y la sensación de que volvimos a los tiempos en que el poder, por los medios que fuera, podía decidir un proyecto de nación por encima de la voluntad de los electores. Ni siquiera en lo que supuestamente sabía hacer, crear empleos, se logró un avance: los datos publicados ayer por MILENIO Diario así lo muestran (879 mil nuevos empleos, de los cuales 73% son eventuales, contra 2 millones 535 mil en el sexenio de Zedillo, con sólo 17% de eventuales).

En ciencia y cultura la catástrofe es peor. Fox mostró con hechos que para él la cultura es un área básicamente inútil, de ornato, en la que vale la pena invertir sólo en términos de imagen pública. La megabiblioteca José Vasconcelos, ese mamut decorativo, es el mejor símbolo.

No extraña por ello el veto a la Ley del Libro. Fox argumenta que la propuesta de precio único “impide la libre competencia… en detrimento del consumidor”. Visión comercial y miope que considera al libro como una mercancía más, equivalente a los zapatos o los tornillos, y para la que resulta inconcebible anteponer la cultura al sacrosanto libre mercado.

La ley había sido larga y arduamente consensuada entre autores, editores, impresores, libreros y distribuidores. El precio único habría eliminado la injusta desventaja de las librerías pequeñas frente a grandes distribuidores que obtienen descuentos a costa de presionar a los editores (que aumentan sus costos para resistir). Permitiría que cualquier lector comprara libros a precio justo en cualquier parte del país. Aunque Estados Unidos, Canadá o Estonia no tienen precio único, sí lo tienen Alemania, Francia, España, Dinamarca, Japón, Argentina…

La misma actitud mercantilista, que privilegia al mercado y los empresarios por encima de todo, fue patente en la política científica de Fox. El presupuesto para ciencia y tecnología, en vez de aumentar, disminuyó, y al frente del Conacyt se puso a un administrador que prefirió facilitar fondos públicos a las empresas en vez de fortalecer la investigación pública.

En resumen, un desastre. Quizá nos lo merecemos.

mbonfil@servidor.unam.mx

miércoles, 24 de agosto de 2005

Canciones, manipulación y violencia: ¿de veras somos tan manejables?

MILENIO DIARIO-La ciencia por gusto- Martín Bonfil Olivera
Canciones, manipulación y violencia: ¿de veras somos tan manejables?


24-agosto-05



Si usted ha recibido alguna vez algún mensaje de correo electrónico que diga algo como “¡Cuidado, si recibes un correo que diga (inserte aquí cualquier frase), bórralo de inmediato, es un virus que acabará con toda tu información, envía copia de este mensaje a todos tus conocidos!”, y ha obedecido la orden de reenviar el mensaje, entonces sabe lo fácilmente que podemos ser manipulados los seres humanos. Pues en este caso el único virus es el mensaje mismo, que ha logrado reproducirse y llegar hasta otros buzones gracias a la ayuda que usted, su obediente víctima, le ha proporcionado.

El tema de la manipulación lastima nuestro amor propio. Pero es indiscutible que, expuestos a los mensajes correctos, todos podemos responder con conductas que obedecen los deseos de quienes formulan los mensajes. (Si esto no fuera cierto, Carlos Alazraki no tendría chamba, pues la publicidad no existiría; Hitler no habría llegado al poder y no nos gobernaría Vicente Fox).

Pero en todo hay matices, y tampoco es que baste con enviar un mensaje para que las personas lo obedezcan ciegamente. Por eso, amerita cierta reflexión el reciente escándalo sobre la canción que cantaban durante su entrenamiento los niños asistentes al curso de verano de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (“yo no tengo padre ni nunca lo tendré, el único que tuve yo mismo lo maté...”).

Resulta, cuando menos, de muy mal gusto poner a los niños a cantar canciones violentas, pero, ¿ameritará realmente declarar una alarma nacional y pedir las cabezas de los culpables? Los niños son curiosos y les encanta romper reglas (decir groserías, irse de pinta, ver películas prohibidas...), pero eso no implica que sean delincuentes en potencia... sólo niños normales.

Muchos cuerpos policiacos del mundo cantan en sus entrenamientos ese tipo de canciones. No sólo por su sonsonete, adecuado para mantener el ritmo al correr en grupo, sino porque la calidad transgresora de la canción los hace sentirse cómplices y refuerza el sentido de unidad. Tratándose de adultos, es sensato suponer que no por cantar una canción, por violenta o de mal gusto que ésta sea, quienes la cantan vayan a adoptar las conductas que describe. De otro modo, habría que prohibir cualquier canción –o novela, película o programa de televisión– que describiera conductas indeseables (pero, ¡esperen!, ¿qué no fue eso lo que hicieron autoridades estatales y federales cuando descubrieron que la SEP había publicado el libro El corrido mexicano, de Vicente T. Mendoza, que contenía algunos narcocorridos? Seguramente temían que los infantes de todo el país se volvieran narcotraficantes con sólo leerlos...).

El punto está en saber qué tan influenciables son los niños como los que asistían al curso de la Secretaría de Seguridad. Los niños, especialmente los más pequeños, aprenden en gran medida por imitación, y son muy susceptibles a aprender conductas –y los valores asociados que éstas conllevan– al observar lo que hacen los demás. Un niño pequeño que ve escenas en que una persona golpea a otra, por ejemplo, reproducirá esa conducta al jugar con muñecos. Pero conforme crece, el niño deja de ser tan fácilmente influenciable. ¿Hasta qué edad precisamente y qué tipo de conducta puede imitar un niño? No hay respuesta general: depende del niño, su educación, la conducta de que se trate y el mensaje que la muestre.

Sin embargo, en una reciente reunión de Asociación Psicológica Estadunidense, reportada en la revista Nature (19 agosto) se presentó una revisión profunda de 20 años de investigaciones sobre la influencia de los videojuegos violentos en la conducta de los niños y adolescentes. Entre otras cosas, se mostró que, al menos en el corto plazo (hace falta investigar los efectos a largo plazo), los niños que los juegan son menos sensibles al sufrimiento de otras personas, además de que reportaban sentirse malos y enojados luego de jugarlos. Los videojuegos que mostraban violencia corporal, como patadas y golpes, impulsaban a los niños a imitarlos. Como resultado, la Asociación emitió una resolución para pedir a los fabricantes de videojuegos que indiquen con claridad el nivel de violencia que contienen, que muestren las consecuencias negativas del uso de la violencia y que traten de evitar que los usuarios se identifiquen con los personajes más violentos (algo más bien difícil de lograr).

Ante esto, quizá –sólo quizá– la preocupación ante el uso de canciones violentas en los cursos de verano sea justificada. Aunque claro, eso querría decir que las autoridades deberían estar francamente alarmadas ante la aparición de la nueva versión de videojuego Ghost Recon, que muestra a marines estadunidenses utilizando bombardeos para salvar al presidente de su país, secuestrado en su embajada en México, en pleno Paseo de la Reforma. El jefe de Gobierno del DF dice que es un problema alarmante; el secretario de Gobernación afirma, en cambio, que es trivial. ¿Usted qué opina?



mbonfil@servidor.unam.mx

martes, 30 de septiembre de 2003

Los prejuicios del Prozac presidencial

Martín Bonfil Olivera
Milenio Diario, 30 de septiembre de 2003

La semana pasada, un periodista tuvo la osadía de preguntarle al presidente Vicente Fox, durante una entrevista, si tomaba Prozac. Fox lo negó en forma cortante. Como resultado, afirma el periodista, la duración de su entrevista se vio notoriamente reducida.

¿Por qué tendría que resultar ofensivo preguntarle al presidente si toma Prozac? Creo que la respuesta tiene que ver con prejuicios similares a los que se tienen respecto a las drogas.

Tanto el Prozac como las drogas son sustancias químicas que afectan el comportamiento humano. De hecho, el diccionario de la Real Academia define droga como una “sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno”. Visto así, el Prozac podría considerarse también una droga.

Hay, sin embargo, drogas y drogas. No son lo mismo la mariguana, cocaína o heroína que se mete “un despreciable drogadicto” (dirían las buenas conciencias), drogas debidamente prohibidas y penadas por la ley, que el respetable fármaco, recetado por un respetable médico, que nos vende (muchas veces a precio de oro) una respetable compañía transnacional, y que le sirve a un no menos respetable paciente para conservar o recuperar su salud. Aunque en inglés se les llame drugs a los medicamentos, en español el vocablo se reserva generalmente para las sustancias prohibidas.

¿Por qué, a diferencia de los fármacos, se considera malas a las drogas?

Siendo prácticos, quizá porque alteran el comportamiento en forma dañina para el usuario o para quienes lo rodean (argumentos comúnmente utilizados en contra de mariguana, cocaína, heroína, éxtasis y demás peligrosas golosinas). Sin embargo, lo mismo podría decirse del alcohol, droga perfectamente legal, que causa muchas más muertes que cualquier enfermedad de las consideradas graves. O del tabaco, consumido por su contenido de nicotina, y que es la principal causa de uno de los cánceres más frecuentes en el mundo, el pulmonar. (La cafeína, por el momento, no parece causar daños más graves que ocasionar que algunas personas nos pongamos insoportables y hagamos tonterías. Es sin embargo, tan droga como la cocaína: altera nuestro funcionamiento y hay adictos que no pueden funcionar sin ella.)

Desde un punto de vista más bien moral, quizá lo malo de las drogas es que “alteran” nuestra mente (es decir, que interfieren con su funcionamiento normal), haciéndonos percibir, pensar o sentir en forma distinta a como lo haríamos en su ausencia. Pero lo mismo precisamente se puede decir de fármacos como el propio Prozac (o de tantos antidepresivos, ansiolíticos, narcóticos y demás menjurjes autorizados por receta).

¿Por qué el Prozac es útil y respetado, y la cocaína es odiada e ilegal? Las razones, como hemos visto, son confusas (el argumento de la adicción es importante, pero muchos fármacos presentan también, en alguna medida, ese problema). La verdadera respuesta, creo, tiene más que ver con prejuicios fundados en convenciones sociales que en argumentos sólidos, y son más propios para ser analizados por un sociólogo.

Paradójicamente, en el caso del presidente Fox (para volver a nuestro tema inicial) pareciera que es vergonzoso tomar un fármaco perfectamente legal y útil. La implicación es que, si el presidente toma Prozac, esto significaría que padece de la condición por la que normalmente se receta este fármaco: depresión. ¿Qué tendría esto de malo? Mucho, si uno parte de la idea de que el presidente de la república debería ser una persona mentalmente sana y capaz de afrontar los problemas del cargo sin sentirse agobiado.

Desgraciadamente, esta visión presupone que lo normal es que un presidente no se deprima nunca, y, por si fuera poco, que tomar un medicamento para combatir esa condición es también malo. (¡A algunas personas no se les puede dar gusto!, diría mi abuelita.)

La cosa cambia si uno considera la depresión como una consecuencia lógica de los empleos que generan gran estrés, y al uso del medicamento como una forma de resolver dicho problema. ¿Sería malo que el presidente aceptara ser, digamos miope (en el sentido óptico del término; no estoy siendo irónico) y por ello usara lentes? No, porque no hay un prejuicio contra la miopía. Los desajustes psicológicos, en cambio, son rechazados por la sociedad, aun cuando todos nosotros presentemos alguno, al menos de vez en cuando.

Pero mi punto no es defender a Fox ni al Prozac. Es destacar que, debajo de toda este tipo de incidentes (en los que por cierto no está ausente la mala fe; ¿por qué no se le pregunta lo mismo al presidente Bush, por ejemplo?) se hallan prejuicios como el de que enfermarse es vergonzoso o que la mente es una especie de templo intocable (o un alma inmaterial) al que no debemos mancillar con ninguna despreciable sustancia química (pero al que se vale meterle drogas siempre que queramos pasárnosla bien).

Y las cosas no son tan simples. La mente es resultado del funcionamiento de un cerebro que está formado en su totalidad por sustancias químicas, y por ello es muy natural que sea influida por ellas. Utilizar esto para mejorar nuestro desempeño cuando sea necesario no debería ser vergonzoso, aunque sí debería hacerse bajo estricta supervisión profesional. Lo demás es quimiofobia.