miércoles, 21 de septiembre de 2005

Homeopatía: ¿curar con nada?

La ciencia por gusto

Milenio Diario
La ciencia por gusto
Homeopatía: ¿curar con nada?

Martín Bonfil Olivera

20 de septiembre de 2005

Todos tenemos algún pariente o amigo –o nostros mismos– que jura que gracias a la homeopatía se curó de tal o cual enfermedad.

Pero también hay quien afirma haberse curado usando cristales de cuarzo, con el reiki, las oscilaciones de un péndulo, o a la “receta” de un brujo del mercado de Sonora.

¿Qué tanta credibilidad merecen estas afirmaciones? La cuestión es complicada porque la medicina, a diferencia de disciplinas como la física, estudia al cuerpo humano, un sistema tan extremadamente complejo que resulta muy difícil distinguir los efectos de un tratamiento específico entre la inmensa cantidad de variables que influyen en él.

Ejemplo: un individuo reporta que padece continuas molestias en la garganta. Se le proporciona una pastilla (o unos chochitos homeopáticos) diciéndole que resolverán el problema. A las pocas horas, el paciente reporta que, efectivamente, las molestias han desparecido. ¿Basta eso para decidir que el tratamiento, homeopático o convencional, es exitoso?

Difícilmente. Hay que tomar en cuenta que, aparte del tratamiento, el paciente está sometido a una gran cantidad de estímulos. ¿Se encuentra bajo estrés? ¿Ha dormido bien? ¿Qué ha comido? ¿Tiene alguna predisposición genética? ¿Ha estado expuesto a condiciones ambientales adversas, o ha tenido contacto con personas enfermas? ¿Consume otros medicamentos? ¿Alguna droga? ¿Cambió recientemente sus hábitos? Cualquiera de estas variables puede haber influido en la aparición de las molestias, o en su desaparición (hay además enfermedades que “se curan solas”, al cumplir su ciclo natural, como sucede con cualquier catarro).

Por todo ello, a pesar de lo reportado por el terapeuta y por el propio paciente, no es tan sencillo determinar que si un tratamiento resulta o no efectivo clínicamente.

¿De dónde sacan entonces los médicos convencionales la confianza en sus terapias? De que para evaluarlas realizan estudios clínicos masivos cuyos resultados luego analizan con ayuda de una poderosa herramienta: la estadística, que permite distinguir, entre una multitud de datos y variables, si un efecto aparente puede o no ser atribuido, con cierto límite de confiabilidad, a un tratamiento, independientemente de las demás variables que se encuentren presentes.

Estos estudios incluyen además grupos de control a los que se les proporciona un tratamiento placebo (una sustancia inocua, para compensar que en muchos casos la convicción del paciente basta para producir una mejora). Se utiliza también el método de “doble ciego”, en que ni los pacientes ni los médicos saben si están administrando el medicamento o el placebo, para impedir que haya sutiles diferencias en la manera como el médico trata al paciente.

Hoy los homeópatas realizan también estudios clínicos serios, usando placebos y dobles ciegos, además de tratamiento estadístico, para sustentar la efectividad de sus terapias. Algunos de estos estudios han dado resultados positivos; otros negativos.

El problema con la homeopatía es que resulta poco creíble a la luz de los conocimientos químicos y médicos actuales. Se basa en los principios de que “lo semejante cura lo semejante” (para curar la fiebre habría que usar un agente que cause fiebre) y de que la “potencia” de un medicamento aumenta cuanto más se diluya.

Para intentar aclarar las cosas, investigadores de las universidades de Berna, Bristol y Zurich realizaron un cuidadoso “metaestudio”, es decir, un análisis de 110 estudios clínicos sobre homeopatía publicados recientemente, y los compararon mediante un análisis estadístico riguroso con otros 110 estudios de medicina convencional. Sus resultados, publicados a fines de agosto en la revista médica The Lancet (quizá la más prestigiada del mundo), indican que los aparentes efectos clínicos de la homeopatía son en realidad efectos placebo: daría lo mismo darle a los pacientes pastillas de azúcar.

Pero ¡ojo!: como señalan los autores del estudio, aunque para algunos sea un fraude, “para algunas personas la homeopatía puede ser una herramienta que complemente a la medicina convencional”. Después de todo, el uso de placebos ayuda a restaurar la salud de algunos pacientes. Si es así, ¿dónde está el daño en usarlos?

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

3 comentarios:

Juan Poquito dijo...

Por supuesto, no es dañino -o al menos no es peor- utilizar el efecto placebo. Es una alternativa que la medicina tradicional debería considerar cuando no tiene otro recurso (ya que si hay otro recurso, al efecto del fármaco se sumaría el efecto placebo).

Sin embargo, si una persona acude al homeópata la única opción que se le ofrece, aunque el no lo sepa, es el efecto placebo. Es decir: se pierde recursos que ayuden a su curación, y se expone a "tratamientos" que no sirven y permiten que la enfermedad siga avanzando.

Juan Pablo

newavalon dijo...

El daño se encuentra en que como dices en todo el blog: "venden agua de rió"....

En otras palabras, lucran con el desconocimiento de la gente dando nada a cambio de dinero, y cuando alguien tiene Diabetes o Hipertension, obvio se sienten bien al principio (efecto placebo y de las endorfinas) pero morirá de las complicaciones...

A los médicos "alopatas" nos toca ver las complicaciones de todo esto, que como dicen "es inofensivo por ser placebo" aunque a la larga no resulta tan inofensivo...

El camino de la verdad siempre sera sino el mas correcto, tal ves si el mas seguro...

Si lo que dicen es verdad, que lo comprueben y no solo digan "El agua tiene memoria" o "Lo que cura no es lo que esta, sino lo que no esta"...

Como la Astrologia, tal ves sea un buen entretenimiento, pero Inofensifo.... no lo creo... Con la salud no se juega

Dagoberto Rodriguez

Anónimo dijo...

Al final preguntas, donde está el problema de usar la homeopatía, pues en que te dan placebo pero te venden medicamentos y en que sus preparaciones pseudomedcinales no son supervisadas por ningun organismo de control farmacéutico, como en la medicina científica. En fin es problema decirle al paciente que lo que le va a recetar es una medicina, si no es verdad y que te cobra como especialista cuando es un charlatán.