miércoles, 3 de octubre de 2007

Ética y naturaleza

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 3de octubre de 2007


Hay unas avispas con una costumbre que a los humanos nos parece brutal: a la hora de reproducirse, buscan una oruga gorda y saludable, le caen encima y la paralizan con su aguijón. Luego depositan en ella sus huevecillos. Cuando las larvas nacen, se comen viva a la oruga que, inmóvil, se convierte en una fuente de carne fresca y abundante.

¿Monstruoso? Al respecto, Charles Darwin escribió: “No puedo convencerme de que un Dios benévolo y omnipotente hubiera creado a propósito a las [avispas] Ichneumonidae con la intención expresa de que se alimentaran con los cuerpos vivos de las orugas”. Hoy diríamos que Dios, en caso de existir, no tuvo nada que ver. Pero ello no impide que nos horroricemos ante éste y otros ejemplos de lo despiadada que puede ser la naturaleza.

Y los ejemplos no escasean: otras orugas son parasitadas por una pequeña lombriz, o nemátodo, en cuyo intestino a su vez vive la bacteria Photorhabdus luminiscens. Cuando el nematodo entra en la oruga, vomita a las bacterias, que liberan toxinas que la paralizan y literalmente la disuelven por dentro, convirtiéndola en un caldo nutritivo dentro de su propio pellejo. En ese caldo el nemátodo se reproduce, y sus crías son a su vez infectadas por Photorhabdus, para luego salir a parasitar otras orugas, con lo que el ciclo se repite.

Existen también casos de fratricidio entre aves: los primeros polluelos que salen del cascarón agreden a picotazos a los más jóvenes, llegando a matarlos o a expulsarlos del nido.

Y entre leones, cuando los machos alfa destronan a un macho más viejo o enfermo, suelen matar a los cachorros que aquél haya procreado con las hembras de la manada, para luego fecundarlas y dejar su propia descendencia, eliminando a la de su antecesor, al más puro estilo de Shakespeare.

Uno podría, como Darwin, escandalizarse al ver que la naturaleza “tolera” estos comportamientos. Pero recordemos que la moral y la ética son fenómenos exclusivamente humanos. Así como no decimos que una supernova o un terremoto son “crueles”, no tiene sentido juzgar el comportamiento animal con criterios humanos. La naturaleza, finalmente, no es moral ni inmoral: sólo es. En todo caso, podríamos decir que es amoral. Lo cual no quiere decir, claro, que el ser humano tenga que serlo.

1 comentario:

Arturo dijo...

Estoy de acuerdo con el hecho de que no debemos juzgar a la naturaleza bajo el criterio de correcto o incorrecto, nosotros somos quienes debemos juzgarnos así. Pero esperar comportamientos "humanos" o hacer comparaciones de seres organizados con nosotros además de vanidosos me parece aberrante.

Me parece que eso que llamamos naturaleza, (seres en conjunto, ambiente su evolución y situación actual)merece un estudio que vaya más allá de nuestro afán de juzgarlo todo respecto a nosotros.

La complejidad de las interacciones de seres vivos llevan a esto en algunos millones de años. Si lo vemos en una perspectiva evolutiva, de propósito intrínseco de conservación de la vida y perpetuación de la misma, son métodos novedosos que permitieron la continuidad de ramificaciones de la vida.