miércoles, 15 de agosto de 2012

¿Por qué seguimos creyendo tarugadas?

Por Martín Bonfil Olivera
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM
Publicado en Milenio Diario, 15 de agosto de 2012

A Raúl: gracias por 20 años de felicidad. ¡Y los que faltan!

En las sociedades modernas, la importancia de la ciencia y la tecnología es evidente. Por eso se enseñan en la escuela, y se hacen esfuerzos por divulgar la cultura científica a través de los medios (el que usted esté leyendo esto es una parte ínfima de esa labor).

Y sin embargo, una gran pregunta para los comunicadores de la ciencia es por qué la gente, a pesar de tener tanta información científica confiable a su alcance, sigue creyendo en cosas absurdas como fantasmas, secuestros (“abducciones”) extraterrestres, horóscopos o “detectores moleculares” que son simples fraudes, sigue comprando curas milagrosas que se anuncian en televisión y en general, conserva creencias que se oponen frontalmente al conocimiento científico actual.

Dos artículos recientemente publicados exploran, de manera científica, este problema. Uno, publicado por Andrew Shtulman y Joshua Valcarcel en la revista Cognition (16 de mayo de 2012), utiliza un método sencillo –pedir a 150 estudiantes que valoren si 200 afirmaciones son ciertas o falsas– para descubrir que el conocimiento científico no suplanta las creencias erróneas, sino que sólo las suprime o enmascara.

Algunas de las afirmaciones usadas coinciden con la intuición, aunque sean científicamente falsas (“el sol gira alrededor de la Tierra”). En otras, la visión ingenua y la científica coinciden (“la luna gira alrededor de la Tierra”). Se descubrió que el tiempo de respuesta de los sujetos era ligeramente más largo (centésimas de segundo) cuando la visión intuitiva y la científica discrepan.

Eso revela que cuesta trabajo mental dar la respuesta correcta, aunque sea bien conocida, porque hay un conflicto con la respuesta intuitiva. ¡No basta con proporcionar la información correcta para desbancar a la incorrecta en la mente de las personas! Este efecto, llamado “disonancia cognitiva” no es nada nuevo; es bien conocido por psicólogos y pedagogos desde hace décadas. Pero no se tenían datos experimentales tan sistemáticos al respecto; el trabajo de Shtulman lo pone sobre bases más firmes.

Por su lado, tres físicos mexicanos, Julia Tagüeña, Rafael Barrio (del Centro de Investigación en Energía, en Morelos, y el Instituto de Física, respectivamente, ambos de la UNAM) y Gerardo Íñiguez, junto con el finlandés Kimmo Kaski, ambos en la Universidad de Aalto, en Helsinki, Finlandia, publicaron el pasado 8 de agosto, en la revista PLoS ONE, la construcción de un interesantísimo modelo computacional, basado en la teoría de redes, de cómo la información científica en los medios puede modificar la opinión de los miembros de una sociedad.

Para ello, simularon una red de “agentes” que pueden tener opiniones coherentes u opuestas al conocimiento científico, y que son influidos por la opinión de sus vecinos, con quienes pueden establecer o romper vínculos, dependiendo de si sus opiniones sobre temas científicos coinciden o discrepan. Y son también influidos por un “campo” general que simula la influencia de la cultura en la que viven.

El modelo –todavía una aproximación simple, pero prometedora– muestra, entre otras cosas, que aun cuando en una sociedad haya un ambiente positivo a la ciencia, que difunde ampliamente las ideas basadas en ella, los “fundamentalistas” anticientíficos no desaparecen, sino que forman pequeños grupos muy unidos que persisten. Es probable que modelos como éste permitan entender mejor la dinámica social de las ideas científicas y las actitudes de la gente respecto a ellas de manera mucho más detallada que hasta ahora. Quizá ayuden, por ejemplo, a diseñar estrategias para combatir más eficazmente a las seudociencias y charlatanerías.

Ambos estudios, desde perspectivas distintas –uno, experimental y psicológica; el otro, teórica y social– abren nuevas posibilidades para investigar más detalladamente el proceso de difusión del conocimiento científico, y permitirán –metiéndole, precisamente, un poco de ciencia– mejorar las estrategias de comunicación pública de la ciencia.
¿Te gustó? ¡Compártelo en Twitter o Facebook!:
Para recibir La ciencia por gusto cada semana
por correo electrónico, ¡suscríbete aqui!

17 comentarios:

Emiliano Monroy dijo...

Interesante el artículo de Shtulman & Valcarcel. Es decir, sí podemos seguir creyendo tarugadas a pesar de "ir a la escuela" y modificar los programas educativos acorde con la modernidad de los tiempos. Pues.. ¿Será esto parte de la "pluralidad" también? Yo me declaro ateo, científico y lógico. Si bien es verdad que no podemos imponer esta manera de ver la vida a todas las personas del planeta, al menos darles la opción de manera contundente... Un abrazo.

Ribozyme dijo...

Por algo James Randi llamó a las tarugadas "patos de hule inhundibles", casi invulnerables al raciocinio y al ofrecimiento de evidencias, e incluso a veces a la posibilidad de un diálogo sensato, como lo ilustran los blogwhores homeomaniáticos que de un tiempo para acá virtualmente imposibilitan cualquier intercambio dentro de los comentarios (nada más hay que ver la disminución de los comentarios provenientes de personas que no sean ellos y la casi desaparición de muchos comentaristas cotidianos de este blog) y que no están dispuestos a irse con sus rollos a otra parte donde sí sean bienvenidos, cual paracaidistas de alguna asociación política clientelar. ¿Cuántos comentarios bienintencionados se podrán someter antes de que vengan con sus peroratas a echar a perder todo?

Sir David von Templo dijo...

Me gustaría poder echarle una mano con ese modelo matemático del que hablas... Se ve interesante...

Zer0MX dijo...

Genial entrada, interesante en verdad, en cuanto a Ribozyme, creo que la razón de que nadie comenta a veces es precisamente para no darle cuerda a gente como la que mencionaste, yo creo que lo mejor será comentar sobre la publicación y si vienen a molestar pues ignorarlos, solo se quedan cuando alguien les da importancia... pero bueno... en cuanto al modelo de redes que dicen, ojala de buenos resultados para poder hacer una mejor divulgación de la ciencia y ojala en un futuro no tener que hacernos tantas veces la pregunta "¿Por qué seguimos creyendo tarugadas?"...

Francisco dijo...

Entonces, qué respuestas proporciona este trabajo a la pregunta de por qué seguimos creyendo tarugadas? No estoy seguro de haber entendido los puntos principales. Es porque los individuos que por cualquier razón (cultural, educación, prejuicios, etc) no aceptan el conocimiento tienden a agruparse con otros que comparten sus ideas ("rewire their network") y entonces como que se encierran en un ambiente que les ofrece cierta "protección" de las influencies externas y les refuerza sus propias ideas?

Por cierto, con el Dr. Barrio tuve algunas pláticas de sobremesa y de pasillo muy amenas durante las conferencias de invierno de termodinámica estadística que se solían, o suelen, organizar en Cuernavaca.

La pregunta que da título a este artículo se puede abordar desde dos niveles. El individual y el colectivo. Esta investigación se centra en la dinámica de la población. Me recordó unos experimentos que está haciendo Iain Couzin en Princeton con grupos de peces y como la presencia de individuos con cierto entrenamiento influye en las decisiones que toma la mayoría de la población de peces.
En el corazón de la teoría económica está la premisa del "comportamiento racional" de los individuos cuando toman decisiones de orden económico. Pero está bien visto que nuestras decisiones muchas veces tienen poco de racional. Seguramente estudios del tipo del que se ocupa este artículo podrían ayudar a entender fenómenos económicos, que al fin y al cabo, también son el resultado de las decisiones de una gran cantidad de individuos.

Anónimo dijo...

Juan Perro.

¿Y entonces por qué la gente sigue creyendo estupideces? ¿Por el fenómeno de la disonancia cognitiva?

Otro gran problema de que la ciencia no penetre en las mentes de la sociedad no solo es la falta de divulgación científica, sino también la falta de comunicación científica. La primera es sólo unidireccional. ¿Quién puede asegurar que los receptores de la divulgación están entendiendo bien lo que les dicen?

Martín Bonfil Olivera dijo...

Sir David: éntrale. Ahí están los links a las páginas de Tagüeña y el otro...

Francisco: Las teorías económicas más modernas ya abandonaron esa tontería del "comportamiento racional"... por suerte. Las que lo suponían nunca funcionaron, vean el estado de la economía mundial....

Juan: No, para nada, la divulgación ES comunicación, e idalmente debe aspirar a ser bidireccional. Conferencias, talleres, programas de radio o tv con llamadas o redes sociales, columnas con blog o twitter, etc etc. Algunas modalidades no soy MUY bidireccionales (e.g. un libro) pero en esta época de redes e internet, cada vez es más bidireccional.

Ricardo Gonzalez dijo...

La ciencia completa el circulo de todo lo que existe, hasta Dios es ciencia, el pecado, la gracia, la maldad es ciencia. Será que todo depende del estado de las cosas y la creación misma de una gran explosión y nació lo conocido y desconocido...o nunca nacimos, nunca fuimos nada, somos un sueño de alguien. Muy interesante blog. Saludos desde puertoarial(.)com ciancia...ficción.

Ricardo Gonzalez dijo...

Comparto FBK, aunque a muchos no les interesa algo super interesante.

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=eG5zMR1QbNY&feature=relmfu

Carmen Elena Pineda dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fernando Miranda dijo...

Vuelvo a leer esta columna, y la entrada me ha gustado. Creo que esto es lo que el señor Bonfil sabe hacer muy bien: comunicar los avances y las novedades relacionadas con la ciencia.

Me declaro su fan siempre y cuando siga con esta línea y no caiga en lo doctrinario al hablar de lo que la gente debería o no debería creer, y asimismo, mientras no hable de ciencias sociales y humanidades, todos contentos..

Saludos amables.

Fernando Miranda Valle.

P.D. Ya comencé a leer su libro. Ya le expresaré mis impresiones.

Anónimo dijo...

ÿÿ

ÿ

Francisco dijo...

Mi hijo de 14 años no me cree que la aceleración que sufre un objeto en caída libre no depende de la masa del mismo! Dice que es absurdo, que es obvio que el objeto más pesado llega al suelo primero.
Creo que tendré que hacer una demostración sencilla... nada más que lo voy a hacer primero solo para asegurarme que la resistencia del aire no me juegue una trastada.

Reuter dijo...

Saludos:
El primer estudio confirmaría lo dicho por Russell en 1931, el pensamiento científico no es intrínseco al humano. Lo cual aplica también a los científicos. Es decir, no se le puede dar mas valor al juicio emitido por un científico que al de un lego cuando ambos son ajenos al tema.
Buen día.

Unknown dijo...

La creencia en tarugadas es parte de tu patrimonio intelectual pues muchas veces eres consciente que efectivamente son tarugadas pero si prescindes de ellas tu riqueza creativa se reduce. Es lo mismo que los credos religiosos y un derecho inalienable.

Aperio Oculum dijo...

Con todo respecto Martín, pero tu argumento se coloca en la misma línea de Comte, sólo que actualizado al s.XXI. Algo falla, entonces. Pareciera que la obra de Kuhn resultó un acto de ociosidad para el grupo al que perteneces... en buen plan, sólo por seguir el lenguaje que se utiliza en tu publicación, en el gráfico se muestran "pequeños grupos muy unidos que persisten" ¿por qué no considerar la doctrina positivista un grupo más?
Recordemos muy bien que detrás de todo conocimiento está la validez que la persona le da a esos saberes a partir de su propia experiencia. La doctrina positivista tiene axiomas epistemológicos que ante todo buscan la evidencia empírica de cualquier hecho con lo cual automáticamente se excluye de poder experimentar otro tipo de evidencias.
Todo el cúmulo del "saber científico" resulta un enorme constructo de enorme valía y, no obstante, es tan sólo un modo de conocer, el que proviene de un método único y limitado. Así, deja de lado otras experiencias que, por su efectividad particular, resultan válidas para otros grupos. ¿Son válidas? Para tales grupos lo son.
La pregunta título tiene, entonces, que ser reformulada: ¿por qué no hemos podido entender otros modos de percibir el mundo? Creo que, si tenemos la valentía para plantearnos seriamente esa pregunta podremos generar comprensiones valiosísimas para poder avanzar como humanidad... la evolución social estará dada por una investigación seria en torno a tal pregunta.
(Deja aclaro que hay creencias (entre las que denominas tarugadas) que son ciertamente producto de una tremenda pereza mental... pero otras no lo son dado que cuidan el seguimiento de un proceso riguroso para la construcción de sus conocimientos, a éstas es a las que me refiero como "otros modos de percibir el mundo")
Atte. Aperio Oculum