miércoles, 2 de julio de 2014

Discriminación y ciencia

Por Martín Bonfil Olivera
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM
Publicado en Milenio Diario, 2 de julio  de 2014

Un dicho que detesto dice que “un pesimista es un optimista con experiencia”.

Una de las cosas que la gente pesimista disfruta es regodearse cuando el género humano demuestra sus múltiples fallas (vean lo que dijeron cuando perdió la Selección ante Holanda). Su frase favorita es “se los dije”.

Los pesimistas afirman que no se puede confiar en nadie, que la humanidad no tiene remedio, y que esperar que deje de ser injusta, violenta, inconsciente, ignorante y cruel es sólo una quimera.

Es cierto: la historia humana está llena de guerras, discriminación, injusticia y horrores. Y a muchos de ellos, por cierto, la ciencia ha contribuido al proporcionar a esos humanos crueles, violentos e irresponsables los medios para ejercer su violencia e irresponsabilidad de manera más eficaz: armas blancas, de fuego, tanques, granadas, minas, bombas atómicas y armas químicas; tecnología que desforesta y contamina, que daña la capa superior de ozono, que ayuda a depredar extinguiendo especies…

Y sin embargo, ambas percepciones pesimistas, la de que la humanidad es una ruina que no tiene remedio y la de que la ciencia sólo ha contribuido a empeorar las cosas, son falsas. Al menos, parcialmente.

Porque es indudable que la humanidad, a lo largo de la historia, ha mejorado. ¿Evidencia? El hecho de que ya no sea tolerable, en prácticamente ninguna nación, al menos en principio, que un ser humano sea propiedad de otro. La esclavitud es hoy ilegal y repudiada en todo el mundo.

Otros ejemplos: la lucha por eliminar la discriminación contra negros, indígenas y mujeres. Poblaciones –no necesariamente minorías: en el último caso constituyen el 50% de la población– que tradicionalmente eran marginadas y maltratadas gozan hoy, en gran medida, de derechos prácticamente iguales a los de todos los demás seres humanos… o están en vías de lograrlo. Lo que ya nadie discute, excepto unos cuantos obcecados, es que eso es lo justo; lo deseable.

En cuanto a la ciencia: no sólo nos ha dado, además de las armas de destrucción, herramientas que han mejorado nuestras vidas y las han hecho más sanas, extensas y productivas (antibióticos, vacunas, transportes, comunicaciones, técnicas agrícolas, computadoras…), sino que ha sido una de las principales proveedoras de argumentos para combatir la discriminación.

En efecto: poco a poco, en su avance imparable, la ciencia ha ido desterrando creencias –a veces míticas o religiosas, a veces fundadas en una ciencia todavía inmadura– como la de que hay seres humanos naturalmente más valiosos que otros (reyes, esclavos); que existen “razas” humanas y que algunas son intrínsecamente superiores a otras; que las mujeres tienen menos capacidad racional o son menos aptas para realizar cualquier tarea… Todos estos mitos han sido lentamente desbancados, con evidencia sólida, por la ciencia.

No, no estoy de acuerdo con quien piensa que la humanidad no tiene remedio. Lo tiene, y la ciencia es una de las herramientas gracias a las que, poco a poco, ha ido mejorando.

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Contacto: mbonfil@unam.mx

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4 comentarios:

Rebeca dijo...

Hoy necesitaba leer esto, gracias

Luis Martin Baltazar Ochoa dijo...

Muy buena este inserto. En efecto, el avance social A VECES TAN LENTO, pareciera darle la razón a lso que siempre esperan lo peor. Tienes razón, Tocayo, la especie humana no es un fracaso sin remedio… pero debe hacerse válida esta afirmación. Hay esperanza, solo si se toma conciencia de la responsabilidad personal, la de cada uno, dentro de la inmensidad humana. Porque si se insiste en ir con la inercia de la dejadez, de la irresponsabilidad, no hay planeta que nos aguante. Por sí misma la raza humana claro que tiene esperanza, se puede ser optimista, pero el ser humano DEBE PONERSE A LA ALTURA DE SUS POSIBILIDADES, A LA ALTURA DE SUS RETOS.
Una postdata: como bien los citas Tocayo, hay cambios que se han dado imperceptiblemente a través de los siglos y ahora ya los vemos fraguados: por ejemplo, condenar sin regateos a la esclavitud. PERO, en otros casos estamos A MITAD DEL PROCESO y a veces se desespera uno de que sea tan lento el cambio y que algunas personas de plano o no entienden o no quieren entender. Me refiero A LA CRUELDAD PARA CON LOS ANIMALES, CON FINES DE DIVERSION HUMANA. Algo se ha avanzado, pero aun es muy poco: estamos a mitad del camino en conseguir que se eliminen las corridas de toros, tan crueles como las peleas de perros o de gallos (aunque los taurinos lo nieguen), que se castigue con rigor a quein maltrate animales domesticos como perros, o que se eliminen espectáculos de circo donde se usan animales amaestrados con crueldad. En este estadio actual de cosas, muchos pensamos en que se deberían dar esos pasos, pero todavía enormes capas de la población no perciben en ello nada anómalo y por lo mismo no creen que se deba evitar ni corregir.
No es tema que sea fácil de tratar en este blog, pero si me gustaría mucho leer argumentos, desde el punto de vista de la ciencia, de por qué la lidia de toros es un proceso de tortura del animal, que siempre termina con su muerte. Nuestra diversión a costa de su sufrimiento y muerte. Completamente indigno de la posibilidad de compasión y cuidado que podemos y debemos dar como especie humana. Mil discusiones he tenido con los taurinos, con la frustración de no poderlos hacer entender. Lo mas que he logrado es que digan: “bueno, si no te gustan las corridas, no vayas; nosotros gustamos de ellas y vamos”. Yo sostengo que esta es de las muchas cosas QUE NO ES CUESTION DE GUSTOS, como lo seria la ropa que visto, el color del pelo o la música que escucho. Cuando mi acción vulnera derechos ajenos, ya no es cuestión de gustos. Y ya todos deberíamos enterarnos que no solo los humanos tenemos derechos. Los animales, en su ser animales y seres vivos, tienen derechos. Vamonos ya enterándonos.

Luis Martin Baltazar Ochoa dijo...

Corrección: la expresión final debió ser "Vámonos ya enterando"... disculpa por el resbalón.

Antonio dijo...

Luis Martín, me recuerda lo que dice mi hijo: al que no le guste, que no vaya a las corridas...¡Perfecto! a los toros no les gusta.

Un abrazo.