miércoles, 9 de septiembre de 2015

Por qué no escribo de Ayotzinapa

Por Martín Bonfil Olivera
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM
Publicado en Milenio Diario, 9 de septiembre de 2015

Conforme avanzan las investigaciones, la discusión y, en general, la confusión sobre ese horror que fue el asesinato (no seamos ingenuos) de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, una de las palabras que más salen a relucir es “ciencia”.

Es lógico pensar que la ciencia pudiera ayudar a esclarecer exactamente que ocurrió en esa noche monstruosa. La ciencia tiene un método que privilegia la evidencia confiable, los datos. Cuenta con técnicas e instrumentos para obtenerlos, para verificar su
confiabilidad y para procesarlos. A partir de ellos, propone y somete a prueba hipótesis plausibles que le den sentido a los fenómenos estudiados y permitan intervenir en ellos.

Y sin embargo, ya desde el inicio de las investigaciones, lo que ha surgido es más que nada un enredo de versiones contradictorias, de datos confusos, de acusaciones y refutaciones, de reclamos y excusas. A más de un año de los sucesos, seguimos sin saber exactamente qué ocurrió, cómo ocurrió e incluso dónde ocurrió. ¿Cómo es posible, si se está aplicando la ciencia para resolver las dudas? ¿Si existen métodos de ciencia forense precisos y confiables para aclarar crímenes de este tipo (como bien sabemos gracias a series televisivas tipo CSI)?

En lo personal, creo que lo que sucede es que éste es uno de esos casos en que la versión popular de la ciencia, esa que la concibe como un método objetivo para, a partir de observaciones y experimentos, y utilizando razonamientos lógicos impecables, llegar a conclusiones certeras y claras, se queda corta.

En realidad la ciencia es una construcción social que tiene las mismas limitaciones y complejidades que cualquier otra actividad humana. Nuestros sentidos son falibles y pueden engañarnos. Nuestros cerebros están sujetos, inevitablemente, a diversos sesgos cognitivos, a cometer falacias lógicas, y a dejarse guiar por prejuicios ideológicos, culturales y de otros tipos. La idea de que podemos juzgar objetivamente los hechos, especialmente cuando nuestras emociones e intereses están involucrados, es más que nada una ilusión.

Al ser un producto de esos cerebros, la ciencia es también sujeto de sesgos y confusiones. Para tratar de minimizar estos efectos, el método de la ciencia es necesariamente colectivo, e involucra la participación de múltiples expertos que tratan de aplicar el mayor rigor científico posible, mediante la discusión y la crítica constructiva, para garantizar la calidad del proceso de elaboración del conocimiento científico.

Volviendo al caso Ayotzinapa: hay versiones de “verdad histórica” que establecen un lugar, un tiempo y un método para la muerte de los muchachos. Y hay una verdad alterna, defendida por los padres de éstos y por quienes –comprensiblemente– desconfían de las versiones oficiales, en que las víctimas no fueron incineradas en el basurero de Cocula, o incluso se mantienen vivas en algún almacén del ejército o vaya usted a saber dónde. Hay expertos reconocidos mundialmente, por distintas instituciones, que afirman que la incineración de los cuerpos en ese lugar, condiciones y tiempo es absolutamente imposible; otros expertos, igualmente acreditados, afirman que por el contrario es por muy plausible que dicha cremación haya ocurrido.

Algunos expertos generan modelos a partir de cálculos basados en simulaciones y experimentos llevados a cabo en laboratorios, que obedecen a las estrictas leyes de la fisicoquímica y la conservación de la masa y la energía (“se hubieran requerido 33 toneladas de leña o 995 neumáticos”). Otros argumentan, a partir de experimentos con cadáveres animales, datos provenientes de incendios y observaciones de cremaciones rituales o criminales, que fenómenos como el “efecto pabilo” y la combinación de las capacidades caloríficas de los distintos combustibles supuestamente usados podrían haber sido suficientes.

La bolsa con cenizas hallada en el río y analizada por expertos de nivel mundial en Innsbruck contiene, según los resultados de los estudios, los restos de uno de los estudiantes de Ayotzinapa, lo cual parecería apoyar la versión “oficial”. Pero se cuestiona el origen mismo de dicha bolsa y restos, pues no se siguió un procedimiento adecuado de cadena de custodia que permita garantizar su procedencia.

En cuanto al móvil y la identidad de los criminales, hay versiones, argumentos y datos que parecen apoyar que fueron narcotraficantes, o bien el ejército, o simplemente “el gobierno”. Para cada hecho, evidencia, razonamiento o interpretación surge inmediatamente una versión alterna o contraria. Y no hay razones o método que permitan decidir claramente entre ellas.

Según yo lo veo, el asunto de la posible incineración ha dejado de ser un tema científico para volverse político e ideológico. Igual que ocurre con otras controversias que mezclan ciencia con el interés de la sociedad, como el cultivo de vegetales transgénicos o la despenalización del aborto, los prejuicios, sesgos, intenciones, intereses y deseos de uno y otro lado hacen ya imposible no sólo llegar a un acuerdo sobre qué pudo haber sucedido o no en el basurero de Cocula, sino incluso sobre qué métodos o qué expertos son válidos para investigarlo.

La ciencia no puede hacer mucho cuando topa con las ideologías, la política y la lucha de intereses. Llámeme pesimista, pero además creo que, como ocurre con tantos grandes crímenes sin resolver (el asesinato de Kennedy, la matanza del 68, los muertos del 85, las desapariciones y asesinatos de políticos mexicanos a través de los sexenios…), jamás vamos a conocer la verdad detrás de los crímenes de Ayotzinapa. Los métodos de la ciencia son confiables y poderosos, pero resultan frágiles y delicados, inútiles, ante la brutalidad de los intereses involucrados en casos como éste.

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Contacto: mbonfil@unam.mx

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5 comentarios:

Jorge Alex Laris Pardo dijo...

Exelentes palabras. Que bueno que en el país tenemos divulgadores como tu.

Wm Gille Moire dijo...

Ojalá que la Chariastegui leyera este artículo. A ver si así se calla, que ya con la devaluación y el bajo precio del petróleo tenemos. Y ya se gastaron demasiados recursos en una investigación imposible. (Y como sea, ya agarraron a algunos).

Pero no se callará. Su negocio es el sospechosismo.

Y además, la mera verdad es que al 99% de los mexicanos no nos importan esos 43 tipos. "43 vagos, 43 rateros menos que mantener" -es lo que en el fondo pensamos (así somos de crueles y de sesgados). Y lo mismo piensa Peña... sólo que su negocio consiste en calmar las aguas y decirle a todo mundo que "sí".

Como sea, algo más se sabrá dentro de 30 ó 40 años, cuando empiecen a morir los actores y protagonistas. Alguno confesará algo en su lecho de muerte.

Jorge Alex Laris Pardo dijo...

Wm Gille Moire Creo que llamar a los 43 desaparecidos vagos es una sentencia muy severa. A final de cuentas eran personas y nadie merece el trato que se les dio. Indigna aun más el hecho de que en su muerte estuvieron involucradas fuerzas gubernamentales (si bien no sabemos, ni posiblemente sabremos nunca, si se trataron de fuerzas municipales solamente o acaso si estuvo involucrado el poder federal). También nos debe preocupar el caso pues es un ejemplo de que la mezcla de la clase política con el narco puede afectar gravemente la vida de millones de mexicanos. Ninguno de nosotros está a salvo de sus arbitrariedades. Recientemente leí el artículo siguiente y me pareció muy sugerente la opinión del autor. Saludos

Wm Gille Moire dijo...

Pues sí, Jorge Alex, ta cabrón vivir en este país. Lo mejor, creo yo, es dedicarte a tu trabajo y no meterse en politiquerías (y no leer a la prensa política, que sólo harás corajes en vano). Dedicarte a lo tuyo. Y si te toca la de malas -enfrentarte a extorsionadores, secuestradores o matones-, lo mejor es, antes de llamar a la policía, consultar entre amigos, empresarios o abogados. Alguno te conectará con un grupo de gente ruda que podrá ayudarte más eficazmente. También tiene su riesgo, pero tendrás que valorar si vale la pena correrlo. Llamar a la policía es, probablemente, llamar a los mismos que te están amenazando. Saludos.

Anónimo dijo...

Pero que pendejadas, el tipo de arriba está seguro, y se inventa, que al "99%" de los mexicanos no le importan los 43. No se trata de si no los conoces se trata de que hay gente que el entiende el problema. No me refiero a aprovechados como la Aristegui ni a los "chairos" que cerraron escuelas a lo bruto. Se trata de un problema de violencia general.
No mames, si te atoran los secuestradores tú crees que toda la gente tiene contactos con empresarios o gente ruda? Pero si hasta los p.. Abogados en su mayoría no sirven para nada más que para sacarte la lana. El derecho como profesión es una de las charlatanerías más lucrativas en México. Si te toca de los pocos abogados honestos pues ya rifaste sino ya te cargaron.