miércoles, 8 de julio de 2009

Urnas darwinianas

Por Martín Bonfil Olivera
Publicado en
Milenio Diario, 8 de julio de 2009

En otras ocasiones he comentado las similitudes de la evolución biológica con la democracia (y con la economía, y la ciencia).

En una democracia ideal, un conjunto de ciudadanos, que se supone son racionales y poseen información para tomar decisiones bien meditadas, selecciona entre un conjunto de candidatos al que parece mejor. La analogía con la selección natural, donde el ambiente selecciona a los individuos mejor adaptados para sobrevivir, es clara.

Igual sucede en una economía ideal, donde “el mercado” (los compradores) seleccionan los productos o servicios, y por ende las empresas, que ofrecen mejor balance calidad/precio: las elegidas sobreviven, las menos eficientes se extinguen.

En ciencia, la selección se da por una especie de democracia elitista, en la que un conjunto de especialistas (la comunidad científica) elige, entre la gran variedad de teorías que se proponen, aquellas que resultan más convincentes.

En todos los casos hay una variedad de candidatos y un sistema que selecciona quiénes finalmente sobreviven.

Pero la diferencia está en el criterio que se usa para seleccionar. En evolución, cualquier cosa que dé ventajas a un organismo aumentará su supervivencia. En ciencia, los factores que determinan que una teoría sea aceptada por la comunidad son variados, pero uno destaca: el juicio racional sobre las pruebas y argumentos presentados para apoyarla. Aunque ocurren desviaciones, la ciencia tiende a tomar decisiones racionales.

En economía y democracia, en cambio, las decisiones —aunque a políticos y economistas les disguste aceptarlo— muchas veces distan de ser racionales. En casos extremos, las decisiones se toman por factores puramente emocionales, fácilmente manipulados mediante estrategias publicitarias (ante eso el voto nulo fue una protesta —bastante exitosa, por cierto— frente a un sistema que no resulta eficiente).

El punto es que, a diferencia de lo que sucede en evolución, en asuntos humanos los procesos ciegos de selección no siempre producen el resultado más deseable. Convendría, al menos, tratar de que las decisiones electorales fueran más racionales. Lástima: en México falta mucho para que eso ocurra.

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Tocayo, a riesgo de entrar como otras ocasiones a polemizar aqui en tu espacio, quisiera opinar.

Pienso que tienes mucha razon, aunque lo primero en democracia es que lso resultados REFLEJEN LA VOLUNTAD de la mayoria, eso no es SOLO LO PRIMERO. Despues viene una necesaria ELEVACION DE CALIDAD en los criterios sobre los cuales cada quien toma la decision.

Hay algunos que solo deciden, por el gusto de usar su credencial, PERO NO SIENTEN UN COMPROMISO respecto de lo que elijan. ¿elegir en bas a si el candidato es guapo, simpatico, o popular es ser responsable? aunque tienen derecho a elegir en base a esto, yo lo encuentro frivolo.

Confiabilidad personal del politico, antecedentes, partido del cual procede, sensatez de su plataforma electoral, capacidad de lograr concensos con otros gobernantes... ESTO Y MAS DEBERIA PESAR EN NUESTRO JUICIO.

Y tal vez convendria añadir,que ste pais SWEGURO NO VA A AVANZAR si nuestra idea de democracia SE LIMITA SOLO AL DIA DE LOS COMICIOS CADA TRES Y SEIS AÑOS. No basta.

Criticos, sabios, iuminados "de cafe" en nuestro país hay a pasto, pero quien este dispuesto a donar su tiempo en actividades comunitarias, a la cosa publica, ESCASEAN.

Por ultimo, creo que una virtud muy deseable en un votante ciudadano, es recordar, recordar si a quien se le dio el poder, lo uso bien o mal, pues no se trata de tropezarse eternamente con la misma piedra. En fin, la SELECCION (NATURAL) POLITICA, ya decidió, veremos que tan bien.

Luis Martin Baltazar Ochoa

MARTÍN BONFIL OLIVERA dijo...

Pues estamos de acuerdo, tocayo. La selección democrática sería mejor si fuera consciente, racional (sigamos soñando).

un abrazo!

Martín