miércoles, 12 de octubre de 2016

Los Nobel y los claroscuros de la ciencia

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM
Publicado en Milenio Diario, 12 de octubre de 2016

La semana pasada, como cada octubre, se entregaron los premios Nobel de ciencias naturales. Y como cada año, fueron noticia.

El de fisiología o medicina lo recibió el biólogo celular japonés Yoshinori Ohsumi “por sus descubrimientos sobre los mecanismos de la autofagia”, el proceso mediante en que las células “se devoran a sí mismas”, o al menos a parte de sus componentes, para reciclarlos y mantenerse sanas. El de física lo recibieron David J. Thouless, J. Michael Kosterlitz y F. Duncan M. Haldane, escoceses los dos primeros e inglés el tercero, “por sus descubrimientos de los cambios topológicos de fase y las fases topológicas de la materia”. Es decir, por aplicar la topología, rama de las matemáticas que estudia las deformaciones, para entender los cambios en las propiedades de la materia cuando pasa a estados extravagantes como los que se presentan en los materiales superconductores, los superfluidos o las películas magnéticas delgadas.

Y el de química lo recibieron el francés Jean-Pierre Sauvage, el escocés J. Fraser Stoddart y el holandés Bernard L. Feringa “por el diseño y síntesis de máquinas moleculares”, pues han logrado construir pequeñas “nanomáquinas” consistentes en palancas, engranes e incluso motores del tamaño de moléculas de movimiento controlado, y que quizá algún día permitan fabricar nanorrobots para, por ejemplo, curar enfermedades desde dentro del cuerpo humano (Feringa logró incluso fabricar un minúsculo “nanocoche” de cuatro ruedas de que efectivamente puede rodar rudimentariamente).

Pero este año el prestigio de los Nobel, o al menos del de fisiología o medicina, recibió un duro golpe unas semanas antes del anuncio de los galardones. El Instituto Karolinska, que otorga cada año este premio, fue acusado de haber contratado en 2010 al médico italiano Paolo Macchiarini a pesar de varias acusaciones en su contra por mala praxis científica. Macchiarini era famoso por ser pionero en una técnica novedosa para hacer trasplantes de tráqueas “sembradas” con células madre del paciente receptor, para reducir el riesgo de rechazo. En el Karolinska iba a explorar el uso de tráqueas sintéticas igualmente sembradas con células madre.

Paolo Macchiarini
Macchiarini era acusado de haber realizado malas prácticas científicas en sus cirugías, que habían conducido a la muerte de algunos de los pacientes que habían recibido trasplantes de manera quizá innecesaria, lo que podría llevarlo a ser acusado de homicidio involuntario, así como de haber inflado su currículum para ser contratado. Además, la revista Vanity Fair dio a conocer un escándalo en el que enamoró y ofreció casarse con una periodista que lo entrevistó para un documental de televisión, al grado de prometerle que la misa la oficiaría el Papa… todo lo cual resultó un engaño (para colmo, resultó que Macchiarini, que por lo visto es un mentiroso crónico, estaba ya casado).

Por su parte, el Karolinska desoyó las acusaciones contra Macchiarini, no siguió los protocolos adecuados para investigar posibles casos de mala praxis científica y evadió varios de los requisitos de control de calidad para recontratarlo en 2013 y 2015. El estallar en los medios el caso, la reputación del Karolinska ha quedado dañada al grado de que todos los miembros de su comité directivo tuvieron que renunciar, así como dos de los participantes en su Comité Nobel, y se llegó a proponer que la entrega del premio de medicina se suspendiera por dos años, para entregar el dinero correspondiente a las familias de los pacientes fallecidos.

Hay quien aprovechará la situación para atacar la credibilidad de los Nobel y de la ciencia misma, alegando que está plagada de corrupción y vicios. Cierto: la ciencia mundial enfrenta crisis relacionadas con su confiabilidad; la falta de incentivos para reproducir experimentos y verificar que sus resultados sean confiables, las presiones políticas y económicas que dificultan el control de calidad de la investigación, la crisis de las revistas científicas arbitradas que en gran parte llevan a cabo este control, y otros problemas. Aunado a eso, en ciencia siempre han existido, como en toda actividad humana, ocasionales casos de abierta deshonestidad, (como ocurre con la falsificación de datos) y de mala práctica (lo que popularmente se conoce como “mala ciencia” o bad science, que es lo que parece ser el caso de Macchiarini).

Pero se trata de problemas minoritarios, no de la generalidad. La ciencia cuenta con mecanismos de control y autocorrección que siguen funcionando, por más que enfrenten problemas y tengan que adaptarse a los nuevos tiempos. De hecho, si la ciencia se volviera generalmente deshonesta, simplemente dejaría de funcionar.

Descalificar a la ciencia en general, o a los premios científicos más prestigiosos que se otorgan en el mundo, es injusto. El propio Instituto Karolinska ha tomado ya las medidas necesarias para corregir sus errores y garantizar que no vuelvan a repetirse. En todo caso, el que estos escándalos salgan a la luz es señal de que la comunidad científica como un todo sigue alerta para conservar su credibilidad y mantener la calidad de su trabajo y la confiabilidad de sus resultados.

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Contacto: mbonfil@unam.mx

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