miércoles, 30 de enero de 2008

El segundo paso

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 30 de enero de 2008

Según el New York Times, la meta final es fabricar microorganismos sobre pedido. El experto especifica en una computadora las características requeridas (que elimine dióxido de carbono de la atmósfera, que destruya compuestos tóxicos, que no use oxígeno…). Luego oprime el botón “imprimir”, y ¡presto! Un complejo sintetizador de ADN fabrica el genoma requerido. Luego, éste es introducido en una célula “en blanco”, y en poco tiempo se tiene una bacteria diseñada para cubrir nuestras necesidades.

Es ciencia ficción, por el momento. Pero J. Craig Venter, el científico-empresario que se adelantó al Proyecto Genoma Humano al leer el total de la información genética de nuestra especie, en el año 2000 (oficialmente fue un empate), y que hace seis meses transplantó el genoma de una especie de bacteria a otra, acaba de anunciar que ha logrado el segundo paso de su gran plan.

El primero fue, precisamente, demostrar que se podía transplantar un genoma nuevo a una bacteria y lograr que sobreviviera. El segundo, anunciado en la revista Science el 24 de enero, fue fabricar un genoma bacteriano “sintético” completo: el de la bacteria Mycoplasma genitalium (que, como indica su nombre, puede causar infecciones venéreas).

Pero no se preocupe usted: el genoma sintético, que todavía no se ha logrado introducir a una célula y hacer que la reprograme (el tercer paso de la estrategia de Venter), ha sido alterado para impedir que la bacteria resultante sea infecciosa.

El genoma de M. genitalium consta de casi 583 mil letras —contra unos 3 mil millones, en el ser humano. Aún así, es la mayor molécula de ADN jamás fabricada. Venter lo logró encargando a tres compañías especializadas en síntesis de ADN la confección de 101 “cassettes”, que luego se pegaron de cuatro en cuatro para formar 25 moléculas mayores. Después se unieron éstas de tres en tres para obtener “octavos de genoma”; y éstos de dos en dos para formar cuartos. Por último, usando células de levadura como laboratorios vivientes, lograron armar el genoma completo.

Venter promete que el tercer paso será logrado este año (“estaría tan sorprendido como decepcionado si no lo logramos”, declaró).

Los expertos en bioética y seguridad ambiental ya están revisando la técnica, para prever posibles riesgos. Mientras tanto, sólo queda esperar a que se inicie esta nueva era de la “biología sintética”. ¡Agárrese fuerte!

miércoles, 23 de enero de 2008

Clones: comidos o trasplantados

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 23 de enero de 2008

Algunas asociaciones de consumidores ya pusieron el grito en el cielo, pero la Food and Drug Administration (FDA) estadunidense -que tiene quizá los estándares más altos del mundo para valorar posibles riesgos al consumidor- ha dictaminado que no hay riesgo. Que la carne y los productos derivados de animales clonados (en particular de ganado vacuno, porcino y caprino… de las ovejas, ejem, nada se dijo) son perfectamente seguros para comer.

Un clon es un duplicado genéticamente idéntico de un organismo. Un bistec de vaca clonada no tendría por qué ser más ni menos dañino que uno de vaca tradicional.

No se trata de comercializar carne de animales clonados (que son muy caros), sino de hacer clones de los mejores ejemplares y utilizarlos como pies de cría para producir rebaños mejorados. Por eso, si se decidiera etiquetar los productos clonados -la FDA no obligó a ello- las etiquetas sólo advertirían si el animal tuvo algún clon entre sus ancestros.

El Vaticano, por su parte, también se desgañitó ante la recién anunciada obtención de células madre embrionarias humanas, utilizando el método de transferencia nuclear, mismo que permitió la creación de Dolly la oveja.

El punto de discusión es, claro, el hecho de que para obtenerlas se tenga que destruir un embrión humano (así sea clonado) a los pocos días de fecundado. No hay argumento biológicamente válido para considerar que una blástula sea -todavía- un ser humano, pero las objeciones religiosas pesan..

¿Por qué insistir en células madre embrionarias, si ya se han podido producir las ansiadas células totipotenciales -que prometen dar origen a órganos y tejidos para transplantes y para tratar las más diversas enfermedades- a partir de células de la piel, sin usar embriones?

Porque estas últimas se produjeron introduciéndoles cuatro genes a través de un virus, lo cual puede tener efectos difíciles de prever.

Y porque las células madre embrionarias son más versátiles y robustas para producir tejidos diversos.

Es cuestión de tiempo. Discutiendo con base en evidencia confiable puede llegarse a acuerdos sociales. Así como pronto podremos comer alimentos clonados sin preocuparnos, tal vez dentro de no mucho agradeceremos el trasplante que nos salve la vida, aun si proviene de células clonadas.

miércoles, 16 de enero de 2008

La biosfera secreta

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 16 de enero de 2008

Los territorios inexplorados siempre han sido fascinantes. La posibilidad de descubrir nuevas tierras, gentes o especies de seres vivos resulta irresistible.

La búsqueda de nuevos continentes o poblaciones humanas desconocidas está ya agotada, pero de vez en cuando nos enteramos con satisfacción de que se ha hallado alguna nueva forma de vida. Recientemente, territorios como Surinam (antigua Guyana Holandesa) o Nueva Guinea (al norte de Australia) han revelado especies novedosas de insectos, anfibios y hasta mamíferos. Por supuesto, las profundidades marinas siguen albergando incontables organismos misteriosos que muy de vez en cuando tenemos ocasión de conocer. Y ni hablar de las incontables especies de bacterias que, por ser microscópicas, aún no hemos encontrado ni identificado.

Pero una cosa es hallar nuevas especies en la Tierra, y otra muy distinta encontrar vida en otro planeta, que podría ser completamente distinta a la que existe aquí. Todos los organismos terrestres formamos las ramas de un único "árbol de la vida" en cuya raíz se encuentran los primeros seres vivos que existieron en el planeta.

A partir de ellos evolucionamos todos los demás. Por eso compartimos la misma química, basada en el carbono. Nuestras proteínas están formadas por aminoácidos "izquierdos" (técnicamente, de tipo L) y nuestros azúcares son "derechos" (tipo D). Y almacenamos nuestra información genética en moléculas de ácido desoxirribonucleico (ADN).

Pero el árbol de la vida de otro planeta podría ser diferente. Podría usar aminoácidos novedosos (aquí todas las proteínas constan de los mismos 20, en infinitas combinaciones). Podrían tener aminoácidos D, o azúcares L. Podrían utilizar el ácido ribonucleico (ARN), molécula genética de los primeros organismos terrestres, que fue luego sustituida por su primo, el ADN. E incluso podrían tener una química más extraña, no basada en el carbono sino en el silicio, o que utilizara un disolvente distinto al agua, como el metano.

Las posibilidades son fascinantes. Pero más lo es la propuesta que analiza Paul Davies en la revista Scientific American de diciembre: la de que un árbol de la vida distinto haya podido florecer aquí mismo, en la Tierra, sin que lo hayamos notado.

¿Y si un día descubriéramos, sorprendidos, que hemos estado compartiendo el planeta con invisibles vecinos cuya existencia ni siquiera habíamos imaginado?

miércoles, 9 de enero de 2008

¡Y dale contra el aborto!

por Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 9 de enero de 2008

A Carmen Aristegui, víctima del miedo
de este régimen ante la crítica inteligente


Una característica definitoria de la derecha es su autoritarismo: no busca defender una postura, sino imponerla. Las libertades y derechos son secundarios ante ciertos “valores” que, en general, son conservadores y cercanos a los de la religión católica.

Muestra de ello es la campaña para echar atrás la legalización del aborto hasta las 12 semanas de gestación en el Distrito Federal , importante avance en los derechos de la mujer. Como se sabe, dos dependencias federales, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y la Procuraduría General de la República, han sometido recursos de inconstitucionalidad contra esta medida ante la Suprema Corte.

Ello obedece a una de las líneas principales de acción vaticanas, la promoción de la llamada “cultura de la vida” y la “defensa de la familia”. Entendida ésta, claro, sólo como la unión de hombre y mujer para tener hijos, y excluyendo a madres solteras, parejas sin hijos o divorciadas o del mismo sexo, ¡y hasta a madres que trabajan! (Carlos Briseño, obispo auxiliar de México, dixit, al compararlas con Herodes). Se maneja la falacia de que la existencia de familias diversas “amenaza” a la familia tradicional (¿cómo?).

La “cultura de la vida” se opone también al aborto, la eutanasia y en general al derecho a disponer del propio cuerpo. En esta tendencia se inscribe la reciente y tramposa campaña (¿la vio usted en parabuses y anuncios espectaculares?) que promovió el “día de los derechos humanos del concebido”.

¿Qué dice la ciencia ante esto? Simplemente, que una persona no aparece mágicamente al momento de la concepción, y que a las 12 semanas no es todavía un ser humano consciente ni sensible. Defender los derechos de alguien que aún no existe por encima de los de la mujer no es justo ni razonable.

¿Qué dice el sentido común? Que las decisiones en una democracia laica deben basarse en conocimientos, no dogmas. Ojalá el gobierno mexicano compartiera la visión del español de Rodríguez Zapatero, que ante la presión clerical ha afirmado que “seguiremos trabajando para que los ciudadanos españoles sean más libres y con más derechos”. Al final, los excesos autoritarios de la derecha religiosa son, como ha dicho el filósofo Fernando Savater, “prueba de que debemos ser racionalmente anticlericales”.

miércoles, 2 de enero de 2008

Evolución en Año Nuevo

por Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 2 de enero de 2008


Navidad y año nuevo son ocasiones propicias para dos cosas (además de comer rico y en exceso): hacer las cosas para las que uno nunca tiene tiempo, y reflexionar sobre lo que normalmente sí hace.

En mi caso, los días de fin de año son buena ocasión para ponerme al día en lecturas atrasadas. Inevitablemente, eso me hace reflexionar sobre mi propia labor de escribir sobre ciencia.

La revista 
Scientific American de diciembre, por ejemplo, trae tres interesantes textos relacionados con la evolución. Uno habla de cómo una muestra de bacterias del género Salmonella, al ser cultivadas en condiciones de falta de gravedad a bordo del transbordador espacial, se volvieron más virulentas. Aunque no se trata de evolución propiamente dicha (“no son bacterias mutantes del espacio”, afirmó uno de los responsables del estudio), sino de la activación de ciertos genes debido a las condiciones de cultivo, el experimento muestra cómo el ambiente modula las características de un organismo.

Los otros dos ejemplos muestran claramente la evolución en acción. Uno es un experimento en que se cultivaron 152 cajas de Petri con gusanos 
Caenorhabditis elegans junto con la bacteria Pseudomonas aeruginosa, que normalmente los mata. Inesperadamente, en una de las cajas hubo gusanos que sobrevivieron sin problemas. Se encontró que habían sufrido mutaciones que los volvieron resistentes a la bacteria, aunque con un costo: se mueven más lento que los gusanos normales, pues no respiran muy bien. Las bacterias actuaron como un filtro que seleccionó la mutación adecuada para sobrevivir: selección natural en vivo y en directo.

Finalmente, el tercer texto comenta otros numerosos casos en que la evolución se manifiesta fuera del laboratorio de manera clara y en una escala no de siglos ni milenios, sino de años. Sapos centroamericanos introducidos en Australia que han reducido su tamaño y toxicidad y alargado sus piernas; peces que han disminuido su talla debido a que los pescadores prefieren los ejemplares grandes…

En resumen, y a pesar de la incredulidad de quienes, como los creacionistas norteamericanos, niegan la evolución darwiniana, ésta es una realidad que se manifiesta en todo el mundo natural. Y es importante informar al público de éste y otros hechos científicos.

Es bueno confirmar, leyendo textos así, que la labor a la que uno se dedica vale la pena.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Brújula polémica

por Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 12 de diciembre de 2007


Que el Vaticano condene una película -y la novela en que se basa- es la mejor manera de convertirlas en éxitos. Funcionó con El código da Vinci, y hoy con la cinta La brújula dorada, basada en Luces del norte, primera novela de la trilogía La materia oscura, del inglés Philip Pullman.

El diario oficial Vaticano, L’Osservatore Romano, la califica como “la película más antinavideña posible”. “En el mundo de Pullman -afirma- la esperanza simplemente no existe porque no hay salvación, sólo la capacidad personal e individualista para controlar la situación y dominar los eventos”. ¿Qué tiene eso de malo?, pregunto yo.

Las novelas presentan mundos paralelos en que las personas tienen el alma por fuera del cuerpo, en forma de animales llamados “daemons” o dáimones, palabra que causó alarma entre los católicos (en español, para esquivar el problema, se tradujo como “daimoniones”). Muestran también una iglesia todopoderosa y opresiva, aunque en la cinta toda referencia a ella se ha eliminado, dejando sólo un abstracto “magisterio”.

Aunque Pullman es ateo (lo cual no debería ser problema), ha declarado que los libros “defienden ciertos valores que considero importantes, como que esta vida es inmensamente valiosa, que este mundo es un lugar extraordinariamente bello y que debemos hacer lo posible para incrementar la cantidad de sabiduría en el mundo”. No parecen valores muy peligrosos.

Curiosamente, la trilogía se inspiró en la mecánica cuántica, una de cuyas intrigantes predicciones es que una partícula, mientras no se la observe, existe en varios estados a la vez (como el gato de Schrödinger, a la vez vivo y muerto). La interpretación clásica es que el acto de observar hace que estas posibilidades se “colapsen” en una sola. Pero en 1954 el físico estadunidense Hugh Everett presentó otra versión: al observar la partícula, el universo se divide en “ramas”, en cada una de las cuales se realiza una posibilidad predicha por las ecuaciones cuánticas.

La “interpretación de muchos mundos” de Everett ha ido ganando adeptos entre los físicos. En las novelas de Pullman aparecen mundos paralelos basados en ella (incluso aparece un físico que la menciona), y sus personajes logran pasar de uno a otro.

Más que propaganda anticristiana, La brújula dorada es una crítica al autoritarismo y a la confianza en soluciones mágicas. 

A mí me encantó.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

La función del cerebro

por Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 12 de diciembre de 2007


Si, como parece, el XXI será el siglo del cerebro, no sorprende que día con día se publiquen noticias que muestran cómo vamos descubriendo más y más detalles de su funcionamiento íntimo.

No sorprende, pero sí asombra, por la cantidad de hallazgos inesperados que nos muestran cómo ésta, la estructura más elaborada que existe en el universo, ha evolucionado para poder realizar las hazañas de procesamiento de información que percibimos como nuestra realidad y nuestro “yo” o conciencia.

Dos ejemplos recientes. Uno, la investigación realizada por el grupo de Ko Kobayakawa, de la Universidad de Tokio, y publicado en la revista Nature, que muestra que el olfato de los mamíferos funciona a través de un “mapa” en el que pueden distinguirse regiones dedicadas a distintos usos.

El bulbo olfatorio, en la parte baja del cerebro, concentra las señales provenientes de las neuronas del epitelio olfatorio, localizado en el interior de la nariz. Cada neurona olfatoria tiene receptores que detectan un tipo de sustancia que flota en el aire. Al encajar la molécula en el receptor adecuado, como una llave en su cerradura, la neurona envía un mensaje al bulbo olfatorio, y éste al cerebro, que finalmente produce la sensación de olor.

El artículo llegó a las noticias (MILENIO Diario, 14 de diciembre) porque los ratones a los que se les inactivó cierta zona del bulbo olfatorio perdieron el miedo ante el olor de depredadores (la foto mostraba a un ratoncito jugando amigablemente con un gato). Pero los ratones todavía podían aprender a temerle al gato, si se les entrenaba para ello. La verdadera importancia del estudio es que mostró que una zona del bulbo olfatorio permite que ciertos olores provoquen una respuesta innata de rechazo, mientras que otra puede detectar el mismo olor sin provocar tal respuesta, y puede servir para aprender respuestas nuevas.

Por su parte, Morten Kringelbach, de la Universidad de Oxford, reportó en un congreso datos preliminares que muestran que ciertas ondas cerebrales están asociadas directamente con la sensación subjetiva de dolor. Si se confirma, el hallazgo sería utilísimo para detectar cuándo un paciente sufre dolor, incluso aunque no pueda expresarlo, y para ayudar a combatirlo en quienes sufren dolores crónicos.

¿Qué nuevos detalles aprenderemos de cómo funcionan nuestros sentidos y las respuestas cerebrales que provocan?

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Derechos humanos

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 12 de diciembre de 2007


Varios lectores escriben para hacer patente su desacuerdo con lo dicho aquí la semana pasada: que la propuesta de castración química a violadores es una “peligrosa tontería”.

Quizá mi texto podía leerse como una defensa de los violadores. Nada más lejos de mi intención: soy el primero en pedir justicia implacable contra esos y otros criminales. Pero, contra lo que piensan Carlos Alazraki y el político para quien diseñó la campaña de “los derechos humanos no son para las ratas”, esta justicia no puede pasar por encima de los derechos de los criminales (sí: hasta ellos los tienen, nos guste o no). La Declaración Universal de los Derechos Humanos lo reconoce implícitamente. Artículo 5º: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”.

El Estado, si bien tiene obligación de utilizar los medios que sean necesarios (multas, cárcel…) para castigar a quienes infrinjan la ley, no tiene derecho a aplicar penas que vulneren la integridad corporal de los infractores, fisiológica ni anatómicamente. Por eso nos oponemos a las mutilaciones corporales, los azotes, la pena de muerte…

La ciencia ofrece razones para cuestionar la propuesta: se dice que la castración química es “reversible”, pero la afirmación es dudosa: es probable que deje secuelas, quizá graves. Más allá de eso, creer que un delito tan grave y destructivo como la violación es sólo producto de los “impulsos” irrefrenables del violador, y que puede controlarse sólo con hormonas es aplicar un reduccionismo biológico tan falso como simplista.

Los derechos humanos siempre son polémicos. Pensemos en los argumentos que los fumadores (como el siempre provocativo director de MILENIO, Carlos Marín) invocan para defender su “derecho humano” a fumar. Por supuesto, lo tienen, pero los efectos cancerígenos del humo de tabaco están comprobados más allá de toda duda, y como dicho humo se esparce, afecta a quienes no fumamos. Ellos tienen derecho a fumar (pero actúan irrazonablemente, al consumir un producto nocivo). Y nosotros tenemos derecho a no ser envenenados.

Mientras no se invente un cigarrillo que sólo desprenda humo hacia los pulmones del suicida (perdón, el fumador), el sagrado derecho a fumar tendrá que supeditarse al derecho a la salud de quienes no fumamos. ¡Ni modo! El tabaco hay que prohibirlo, y a los violadores hay que encarcelarlos, no mutilarlos

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Peligrosas tonterías

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 5 de diciembre de 2007


En una democracia, así sea incipiente como la nuestra, es necesario asumir que de vez en cuando se discutirán tonterías públicamente. Una de ellas, que no por tonta deja de ser preocupante, es la propuesta presentada por los priístas Tonatiuh González y Jorge Schiaffino en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en noviembre pasado para aplicar la “castración química” a violadores y abusadores sexuales.

Absurda como es, no se levantaron demasiadas voces, ni demasiado fuertes, en su contra. Pareciera que el principio humano básico de que el Estado no puede interferir con la integridad corporal de los ciudadanos se ha olvidado (mientras que los ciudadanos sí pueden disponer de la integridad de su cuerpo, como lo reconoce la actual iniciativa para legislar el cambio de sexo… a la que por supuesto ya se opusieron el PAN y la iglesia católica). ¿Qué seguirá? ¿Lobotomía (química o quirúrgica) para criminales agresivos? ¿Cortarle las manos a los ladrones?

Confiemos en que la sensatez aparezca y prevalezca. Por lo pronto, la otra tontería publicada en los medios recientemente –la propuesta hecha por el Secretario de Salud José Ángel Córdova en el Congreso Nacional sobre VIH-sida, la semana pasada, de establecer la prueba de sida obligatoria para trabajadores sexuales y para quienes quieran contraer matrimonio– ya ha sido retirada. Eso habla bien del Secretario: aunque sigue haciendo propuestas obtusas (probablemente por estar basadas en una moral católica), va entendiendo que no puede imponerlas.

Pero tratemos de comprender un poco cómo surgió esta propuesta: Córdova afirmó que la prueba prematrimonial (la cual sigue defendiendo) sería una forma de combatir el creciente número de mujeres que se infectan de sida. Lo malo es que ni él ni sus asesores pensaron en las consecuencias de la medida: ¿se prohibiría el matrimonio a quien tenga sida?

Cuando un legislador o funcionario público hace una propuesta mal reflexionada, corre el riesgo de violar los derechos humanos, y ni siquiera darse cuenta… Y tanto la moral católica como la desinformación científica son pésimas consejeras para formular políticas públicas. Ya los expertos se encargaron de aclararle al Secretario de Salud que las pruebas prematrimoniales de sida son inútiles y discriminatorias. Me pregunto cuánto tardará alguien en aclarar la tontería de la castración química.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Prejuicios, prepucios y clones sin embriones

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 28 de noviembre de 2007


La noticia, publicada la semana pasada, de la creación de células madre humanas a partir de células de piel opacó por completo la comentada en la anterior entrega de esta columna (la obtención de células madre de un primate —macaco rhesus— a partir de embriones clonados, cosa que no había sido posible hasta ahora… aunque ya el coreano Woo Suk Hwang lo había anunciado, fraudulentamente, hace dos años).

¿Por qué opacaron las células de piel humana a las de primate?

Primero, porque son humanas. Y segundo, porque no son embrionarias. Obtener células madre sin usar tejido embrionario elimina las objeciones éticas que tanta discusión han causado. Inmediatamente el Vaticano echó las campanas al vuelo (no las de Catedral, por suerte): monseñor Elio Sgreccia, presidente de la Academia Pontificia para la Vida, declaró que el logro evitaría el “maquiavelismo ético” (sic) de “salvar la vida de una persona matando a otra”.

¿Dónde está el prejuicio? 

En pensar que el conjunto de 128 células que, luego de 4 días de fecundado el óvulo, forman la esfera hueca llamada blástula, de cuyo interior se obtienen las células madre, es una “persona”. Eso es excesivo y falso. A menos que se crea en un alma inmaterial, una blástula no es más “persona” que el prepucio que se le corta a un recién nacido en la circuncisión.

Y justo fueron células de prepucio y de piel fetal las que usó el grupo de James Thomson, de la Universidad de Wisconsin, mientras que el de Shinya Yamanaka, de la de Kioto, usó células de piel de adultos. Introduciendo cuatro genes en ellas, lograron que se “desdiferenciaran” y dieran origen a “células pluripotenciales inducidas”, que son muy similares a las células madre y pueden dar origen a células de cualquier tejido.

Ambos logros, publicados respectivamente en las revistas Science y Cell, son prometedores e importantes. Pero no hay que apresurar juicios. Para introducir los genes se utilizó un virus que causa mutaciones y cáncer, y parte de los tejidos obtenidos fueron de tipo tumoral. Esto plantea serias objeciones al uso médico de la técnica.

Las células pluripotenciales inducidas pueden evitarnos problemas éticos, pero quizá no sean la mejor solución. 

Preferirlas sólo porque no son embrionarias es expresión de un prejuicio que, tal vez, tengamos que superar.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Otra vez, clonación

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 21 de noviembre de 2007


La clonación vuelve a ser noticia, con la obtención de células madre embrionarias a partir de embriones clonados de macacos rhesus (Milenio Diario, 15 de noviembre), lograda por el grupo de J. Byrne, de la Universidad de Oregon, como se reportó en la revista Nature.

Se trata de clonación terapéutica, que busca producir células en cultivo, y no de la polémica clonación reproductiva, que genera un organismo completo (un clon). El logro es importante porque se trata de la primera clonación exitosa de células de primate, grupo al que pertenecemos los humanos, y porque muestra que los problemas que habían impedido lograrlo pueden superarse.

La obtención de células madre clonadas de primate involucró, primero, insertar el núcleo de un célula de un macaco adulto en un óvulo al que previamente se le extirpó el núcleo (la misma técnica con que se produjo a la oveja Dolly). Luego se logró que ese óvulo comenzara a dividirse, de acuerdo al desarrollo embrionario, hasta la etapa de blástula, que contiene las células madre. Finalmente, éstas se aislaron y cultivaron.

La dificultad para clonar embriones de primate radicaba en que, luego de insertar el núcleo, el óvulo no sufría la “remodelación” celular que le permitía reprogramarse y comenzar a dividirse adecuadamente. Esto se debía a que no se eliminaba una proteína del esqueleto nuclear llamada lamina. Byrne y su grupo pensaron que esto podría deberse a la técnica de clonación, que involucra el uso de un colorante y luz ultravioleta. Eliminando estos factores, lograron llevar a buen término el proceso con una alta eficiencia (de 16%).

¿Por qué es importante el logro? Porque abre la posibilidad de que pronto podamos tener células madre embrionarias clonadas de humanos. ¿Y por qué queremos tenerlas? Por varias razones. La más conocida es la posibilidad de que, a partir de ellas, podrían producirse tejidos y hasta órganos de “repuesto” para víctimas de enfermedades y accidentes, que se les podrían transplantar sin rechazo (pues serían genéticamente idénticos). Pero además de esta promesa lejana (producir los tejidos sería lento y caro), están las más realistas de realizar investigación básica usando estas células que permita curar o prevenir enfermedades, además de utilizarlas para probar medicamentos y adecuarlos a las características de los pacientes.

Posibilidades interesantes, que hoy parecen estar un poco más cerca.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Sin teta no hay buen IQ

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 14 de noviembre de 2007


El eterno debate entre natura y cultura continúa vivo. ¿Qué determina características humanas importantes como inteligencia, agresividad o salud mental: los genes o la educación?

Aunque muchos preferiríamos que los problemas en estos campos se corrigieran sólo con enseñanza o psicoanálisis, lo cierto es que la influencia de factores biológicos es cada día más clara. El tema de la inteligencia provoca debates especialmente acalorados, pero un estudio recién publicado en la revista Proceedings of the Nacional Academy of Sciences muestra en detalle que los genes, aunque son determinantes, interactúan con factores ambientales para producir sus efectos.

Está ya bien comprobado que los bebés que consumen leche materna –un factor “ambiental”– tienen un IQ más elevado que los que se criaron con leche “de fórmula”. El efecto (que, por cierto se prolonga hasta la edad adulta: ¡no hay duda de que la leche materna es mejor!) se debe básicamente a que la mayoría de las fórmulas carecen de ciertos ácidos grasos poliinsaturados que son importantes para el buen desarrollo cerebral (en especial el araquidónico, un omega-6, y el docosahexaenóico o DHA, un omega-3, que intervienen en la fabricación de las membranas de las neuronas y las envolturas de mielina que protegen las conexiones nerviosas).

En el estudio, coordinado por Avshalom Caspi, del King’s College de Londres, se analizó el ADN, las historias de vida y el IQ, a lo largo de varios años, de dos grupos: mil 37 niños en Nueva Zelanda y dos mil 232 niños ingleses. Se estudió el gen FADS2, relacionado con el metabolismo de los ácidos araquidónico y DHA.

Se encontró que sólo los niños que tienen una de dos variantes posibles (alelos) del gen podían beneficiarse de la leche materna. En los bebés que no presentaban ese alelo, el haber sido amamantados no influía en el IQ.

De modo que la respuesta a la pregunta “¿natura o cultura?” es “ambas”. Pero hoy comenzamos a entender los detalles moleculares de esta interacción: los genes son la infraestructura, que si no está presente impide aprovechar las oportunidades que ofrece el ambiente. Será importante tomar en cuenta este conocimiento para, por ejemplo, diseñar planes de alimentación que tomen en cuenta las diferencias individuales o de grupo.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Las vueltas del gusano

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 7 de noviembre de 2007


El reduccionismo biológico es uno de los fantasmas de la biología moderna (bien lo sabe James Watson). Y sin embargo, al estudiar las bases biológicas del comportamiento animal recordamos que, después de todo, la biología está en la base de todo lo que somos los seres vivos.

Un ejemplo es la búsqueda de alimento, fundamental para la supervivencia y, sobre todo, la reproducción. En las bacterias se ha descubierto que su conducta de nadar hacia el alimento -o quimiotaxis-, aunque podría parecer “inteligente”, es producto de un sistema completamente “mecánico” que acopla las señales de los receptores de la membrana con el nanomotor que se encuentra en la base de su órgano locomotor, el flagelo. Así, la bacteria nada en línea recta cuando detecta alimento cerca, y da tumbos al azar cuando no lo detecta. La alternancia de ambos modos de nado la llevan a acercarse poco a poco a su objetivo.

Pero las bacterias constan de sólo una célula. Para entender mejor la conducta de animales superiores, es mucho mejor modelo el gusano cilíndrico (o lombriz) de un milímetro Caenorhabditis elegans. Su estudio durante varias décadas, que mereció el Nobel de medicina en 2002, ha llevado al desciframiento de su genoma y a conocer cada una de las 1,031 células que lo forman.

Un estudio publicado la semana pasada en la revista Nature por el equipo de investigación de Sreekanth Chalasani, de la Universidad Rockefeller, describe cómo la búsqueda de alimento por Caenorhabditis está regida por sólo tres neuronas de las 302 que conforman su sistema nervioso.

La primera es una neurona olfatoria, llamada AWC, que se activa cuando deja de percibir un olor atractivo. Su señal llega a dos neuronas intermedias, AIB y AIY. AIB se activa al recibir la señal de AWC, y aumenta la probabilidad de que el gusano dé la vuelta al nadar (lo cual puede ayudarlo a encontrar comida). La función de AIY, en cambio, es disminuir la probabilidad de que el gusano se voltée. La señal de AWC inhibe a AIY: si no hay comida cerca, conviene buscar.

La influencia de estas tres neuronas es probabilística, no determinista, y eso da flexibilidad al comportamiento del gusano. Otras neuronas influyen en la dirección del nado. Pero queda claro que comenzamos a entender en detalle los circuitos nerviosos que controlan comportamientos animales básicos.

¿Qué descubriremos más adelante?

miércoles, 31 de octubre de 2007

En defensa de Watson

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 31 de octubre de 2007


Más de un lector me ha escrito para extrañarse de la severidad del juicio que expresé la semana pasada respecto a las infortunadas declaraciones de James D. Watson sobre la relación entre IQ y raza, que tanto revuelo causaron, y por las que Watson mismo está pagando un precio que seguramente nunca previó.

Y es que resulta difícil, y hasta doloroso, creer que un científico de su estatura e intelecto haya hecho declaraciones tan torpes. El mismo Watson, en un artículo publicado en The independent después del escándalo, se asombra de sí mismo: “si dije lo que se me citó diciendo, sólo me queda admitir que estoy atónito”.

James Watson es, debo decirlo, uno de mis ídolos. Y por buenas razones. Además de descubrir, con Francis Crick, la estructura en doble hélice del ADN (la molécula más bella, y quizá la más importante, del mundo), durante más de 50 años ha sido un científico influyente y creativo. Coordinó el Cold Spring Harbor Laboratory, uno de los más importantes centros de investigación en genética y biología molecular, durante casi 40 años (tristemente, el escándalo lo obligó a retirarse) y promovió y encabezó el Proyecto del Genoma Humano.

Ha escrito varias excelentes autobiografías. La doble hélice, que tantas vocaciones ha despertado; Genes, chicas y laboratorios, y la reciente Avoid boring people. También es autor de varios increíblemente exitosos (y buenísimos) libros de texto: Biología molecular del gen, que revolucionó la enseñanza de la genética al adoptar la entonces novedosa visión molecular, y décadas después, fruto de un trabajo de equipo, la Biología molecular de la célula. Ambos son clásicos, leídos por estudiantes de ciencia en todo el mundo.

Por todo eso duele ver que Watson, quien se enorgullece de “nunca avergonzarse de decir lo que creo que es la verdad”, haya llevado su costumbre al extremo de autodestruirse.

Tiene razón al afirmar que el estudio de las bases biológicas de la inteligencia, y su relación con las distintas poblaciones humanas, no debe ser confundido con el racismo. Pero se equivoca al insinuar que la genética es toda la explicación (o la más importante), y al olvidar que, además de la genética, la cuestión de la inteligencia tiene aspectos éticos, sociales y culturales. Qué triste que este gran hombre vaya a pasar a la historia como “Watson el racista”.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Dos viejos tontos

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 17 de octubre de 2007


Ser científico no quita lo pendejo.

No puedo decir otra cosa cuando escucho a Fred Alan Wolf, físico-merolico conocido como “Dr. Quantum”, afirmar que uno puede cambiar la realidad con sólo desearlo.

En entrevista en radio nacional, parte de una gira de conferencias en que promueve las charlatanerías new age de las películas ¿Y tú qué sabes? y El secreto, Wolf afirmó que, como la mecánica cuántica muestra que un observador puede influir en el estado de partículas como electrones o fotones, lo mismo ocurre a nivel macroscópico: uno puede dejar ser gordo, feo o pobre con sólo decidirlo.

Pero la física cuántica avanza, y hoy la teoría de la decoherencia elimina la necesidad de un observador para explicar los extraños fenómenos cuánticos. Además, siempre se ha sabido que es imposible que estos fenómenos se manifiesten fuera del nivel subatómico.

¿Es Wolf un embaucador? Prefiero creer que es un científico que sinceramente cree en las ideas equivocadas. Pero el hecho es que él y sus colegas ganan dinero gracias a la credulidad de ciudadanos ávidos de encontrar soluciones a los problemas de la vida.

Algo similar ocurre con James D. Watson, codescubridor de la doble hélice del ADN y Premio Nobel, quien se ha ganado —nuevamente— el repudio público por hacer declaraciones sinceras y quizá correctas, pero excesivamente provocativas, miopes y profundamente ofensivas para la opinión pública.

El 14 de octubre, en entrevista con el Sunday Times, Watson declaró que la inteligencia de los negros es menor que la de los caucásicos, y que hay que tomar esto en cuenta para tratarlos con justicia.

Y es que, al parecer, hay datos sólidos que muestran que en pruebas de IQ los africanos tienden a obtener menos puntos que los caucásicos (y éstos que los orientales). Pero sólo una visión simplista y biologicista brincaría a una conclusión como la de Watson. Antes hay mucho que discutir, incluyendo si existen las razas, qué son la inteligencia y el IQ, y para qué los queremos medir.

Hoy Watson sufre las consecuencias de sus bien intencionadas, pero desafortunadas e imprudentes declaraciones: la cancelación de una gira de charlas en Inglaterra sobre su nuevo libro, la suspensión de sus funciones en el laboratorio donde trabaja desde hace décadas, y quizá lo más grave: el descrédito internacional.

Lo dicho: ser científico, aunque se tenga un Nobel, no quita lo pendejo.

miércoles, 17 de octubre de 2007

En efecto, falsa ciencia

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 17 de octubre de 2007


Se duele Fernando Solana Olivares (MILENIO Diario, 12 de octubre) de la opinión personal que publiqué sobre una de sus columnas (7 de septiembre) en la que afirmaba que “en el nivel subatómico… existe una manifestación de la conciencia” con la que, según él, se puede comunicar mediante la meditación.

Desafortunadamente no menciona que la publiqué en un blog personal, no en una columna periodística. En el blog comento “cosas inútiles pero interesantes”, y me pitorreo de lo que me parece ridículo, con el tono irrespetuoso de una charla de café (que nunca usaría en MILENIO). Tampoco menciona que en otra entrada del blog (17 de septiembre) elogio otra de sus columnas, donde habla sensatamente del debate sobre los medios.

Pero mi opinión se sostiene. Solana critica el “lugar común semiilustrado” de denostar los libros de autosuperación… y a continuación nos receta una serie de contradictorios lugares comunes sobre la ciencia.

Habla de “los sacristanes científicos (que) practican un pensamiento reductivo”, pero ¿puede haber algo más reductivo (y simplista) que pensar que la conciencia humana surge de la de los átomos?

Denuesta el “lamentable papel de la ciencia-técnica moderna: mercantilista, amoral, responsable de la era industrial y de sus horrores químicos, físicos, médicos, ambientales, económicos y sociales”. Pero no menciona los beneficios indudables —y mucho más numerosos— que la ciencia nos ha dado.

Apela al supuesto “misticismo” de grandes científicos... que ellos mismos se encargaron de negar. Schrödinger escribió: “Dios debe quedar fuera del marco del espacio-tiempo. ‘No encuentro a Dios en el espacio ni en el tiempo’, dice el físico sincero”. Y Einstein aclaró que su famoso sentimiento religioso no era de tipo místico, sino sólo consecuencia de su “admiración ilimitada por la estructura del mundo, según nos la puede revelar nuestra ciencia”.

Entendemos muy bien a los átomos. Pensar que tienen conciencia es ignorar el auténtico conocimiento científico, prefiriendo menjurjes seudocientíficos que mezclan ciencia y pensamiento mágico. La búsqueda de la espiritualidad es válida, como cualquier otra empresa humana. Lo inaceptable es vender como auténtica la falsa ciencia que busca espíritus en átomos, energías y vibraciones que no son más que manifestaciones del universo físico.

miércoles, 10 de octubre de 2007

¡Ahí viene la Iglesia!

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 10 de octubre de 2007

En Managua, la policía dispersa con violencia a manifestantes que protestaban porque la Asamblea Nacional prohibió, tras presiones católicas y protestantes, el aborto terapéutico, decisión arbitraria que condena a muerte a numerosas mujeres (Reforma, 5 de octubre). Una muestra de lo que pasa cuando las creencias religiosas se usan como criterio para decidir en temas de salud y bienestar social.

Mientras tanto en México la jerarquía católica, apoyada por el Vaticano y el Colegio de Abogados Católicos, exige “libertad religiosa plena” y promueve una reforma constitucional a los artículos 3, 24 y 130, con objeto de impartir educación religiosa en las escuelas, que las iglesias puedan poseer estaciones de radio y tv y los ministros religiosos puedan asociarse con fines políticos, ser votados a puestos de elección, oponerse a leyes del país, realizar proselitismo... En realidad no se busca libertad religiosa, que ya se tiene, sino echar atrás el concepto de sociedad laica.

Hay buenas razones, sociales e históricas, para tener las leyes que tenemos. Una es que sufrimos ya una guerra civil, la cristera (1926-1929) ocasionada por la oposición entre Iglesia y Estado: no queremos que pueda repetirse. Otra es que los ministros católicos le deben obediencia al jefe de un Estado extranjero (el Vaticano), por lo que ser funcionarios públicos los llevaría a un conflicto de intereses.

Pero quizá lo más importante es que, a diferencia del pensamiento científico, que fomenta el espíritu crítico y exige pruebas que sustenten lo que se afirma, la educación religiosa promueve la fe: creer algo, por absurdo que sea, sin necesidad de pruebas. Por algo la Constitución exige una educación a la vez laica y científica: se trata de dar a los ciudadanos herramientas útiles en una democracia. La religión pertenece naturalmente al ámbito de lo privado.

Como aclara el especialista en relaciones Iglesia-Estado Roberto Blancarte ayer en MILENIO Diario, la actuación de la Iglesia católica es eminentemente política. Y como señaló Claudia Ruiz Arriola el viernes en Reforma, “la democracia católica... es una contradicción en términos. La democracia niega, por principio, los dogmas sobre los que asienta su poder terrenal la Iglesia católica: la existencia de una verdad absoluta y la infalibilidad de una persona.”

Parece increíble que haya que tener nuevamente ese debate.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Ética y naturaleza

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 3de octubre de 2007


Hay unas avispas con una costumbre que a los humanos nos parece brutal: a la hora de reproducirse, buscan una oruga gorda y saludable, le caen encima y la paralizan con su aguijón. Luego depositan en ella sus huevecillos. Cuando las larvas nacen, se comen viva a la oruga que, inmóvil, se convierte en una fuente de carne fresca y abundante.

¿Monstruoso? Al respecto, Charles Darwin escribió: “No puedo convencerme de que un Dios benévolo y omnipotente hubiera creado a propósito a las [avispas] Ichneumonidae con la intención expresa de que se alimentaran con los cuerpos vivos de las orugas”. Hoy diríamos que Dios, en caso de existir, no tuvo nada que ver. Pero ello no impide que nos horroricemos ante éste y otros ejemplos de lo despiadada que puede ser la naturaleza.

Y los ejemplos no escasean: otras orugas son parasitadas por una pequeña lombriz, o nemátodo, en cuyo intestino a su vez vive la bacteria Photorhabdus luminiscens. Cuando el nematodo entra en la oruga, vomita a las bacterias, que liberan toxinas que la paralizan y literalmente la disuelven por dentro, convirtiéndola en un caldo nutritivo dentro de su propio pellejo. En ese caldo el nemátodo se reproduce, y sus crías son a su vez infectadas por Photorhabdus, para luego salir a parasitar otras orugas, con lo que el ciclo se repite.

Existen también casos de fratricidio entre aves: los primeros polluelos que salen del cascarón agreden a picotazos a los más jóvenes, llegando a matarlos o a expulsarlos del nido.

Y entre leones, cuando los machos alfa destronan a un macho más viejo o enfermo, suelen matar a los cachorros que aquél haya procreado con las hembras de la manada, para luego fecundarlas y dejar su propia descendencia, eliminando a la de su antecesor, al más puro estilo de Shakespeare.

Uno podría, como Darwin, escandalizarse al ver que la naturaleza “tolera” estos comportamientos. Pero recordemos que la moral y la ética son fenómenos exclusivamente humanos. Así como no decimos que una supernova o un terremoto son “crueles”, no tiene sentido juzgar el comportamiento animal con criterios humanos. La naturaleza, finalmente, no es moral ni inmoral: sólo es. En todo caso, podríamos decir que es amoral. Lo cual no quiere decir, claro, que el ser humano tenga que serlo.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Traficantes subterráneos

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 19 de septiembre de 2007

La ciencia siempre sorprende. Una y otra vez, lo que se creía bien sabido resulta erróneo o incompleto.

Algo “que todos saben” es que las plantas producen su propio alimento por fotosíntesis, usando energía solar para convertir agua y dióxido del carbono en carbohidratos. Pero hoy se conocen plantas parásitas, como las orquídeas. que se alimentan de otras plantas.

Otra cosa que se sabía era que los hongos eran plantas… pero a pesar de su aspecto sugestivamente vegetal, resultan ser organismos parásitos, incapaces de fabricar sus alimentos.

Hoy los hongos tienen su propio apartado en el esquema de cinco reinos de seres vivos (plantas, animales, hongos, protozoarios y bacterias). Su cuerpo está constituido por filamentos microscópicos. En los bosques crecen bajo el suelo, formando extensas redes (los champiñones que vemos son sólo sus órganos reproductivos). Hay hongos individuales que llegan a pesar varias toneladas.

Algunos hongos viven estrechamente ligados a las raíces de plantas, formando simbiosis llamadas micorrizas (“raíz de hongo”). Los filamentos del hongo se unen a los pelillos de las raíces, aumentando su superficie y su capacidad de absorber agua y minerales. La planta, a su vez, proporciona al hongo hasta 40% de los nutrientes que fabrica. Así, ambas especies se benefician.

Pero en un reportaje de la revista Nature (13 de septiembre), John Whitfield comenta evidencia del caso inverso: plantas que se comen a los hongos de sus micorrizas. ¿De dónde saca el hongo los carbohidratos? La explicación es que las redes de micorrizas conectan muchas plantas de varias especies. Un árbol alto que recibe mucha luz puede donar carbohidratos a los hongos del subsuelo, que a su vez los movilizan hacia plantas que crecen en la sombra y no logran fabricar alimento suficiente.

El sentido evolutivo de este tráfico ilegal de carbohidratos es misterioso, pero podría explicarse si la plantita es un retoño del árbol maduro, que estaría así ayudando a sus descendientes. Otra posibilidad es que plantas que crecen rápido en primavera “subsidien” a las que crecen lento, y éstas les regresen el favor en otoño.

El descubrimiento, si se confirma, cambia nuestra concepción de las relaciones ecológicas que rigen el crecimiento de los bosques. Los hongos, con su tráfico subterráneo, ayudan a explicar la economía de la naturaleza.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Músculos vivos para robots

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 19 de septiembre de 2007

El futuro de la tecnología parece estar irremediablemente ligado a la biología.

Hasta hace poco, eran los aparatos mecánicos y electrónicos, diseñados por ingenieros, los que auxiliaban a los sistemas biológicos: prótesis o sillas de ruedas para minusválidos; dispositivos biomecánicos para personas con daño en la médula espinal; exoesqueletos robóticos que aumentan la fuerza de un individuo mediante motores y poleas. Hasta hoy todos los robots se mueven mediante motores, cada vez más precisos, eficientes y pequeños. Pero un artículo publicado el 7 de septiembre en la revista Science permite intuir en un futuro el nacimiento de la biorrobótica.

Kevin Parker y sus colegas, de la Universidad de Harvard, describen el desarrollo de capas delgadas (películas) de células musculares de corazón de rata cultivadas sobre un material flexible llamado siloxano. Las células se aíslan, se “siembran” sobre el material, en un medio nutritivo, y se cultivan durante 4 a 6 días a 37 grados.

Cuando las células han formado una capa plana y se han conectado entre sí, como en el tejido cardiaco, la película se puede recortar, para darle formas diversas: tiras alargadas, triángulos, o formas ligeramente más complejas.

Lo interesante es que cuando se estimula eléctricamente a las células, éstas se contraen en forma sincronizada. Así, una tira larga puede enrollarse y formar un tubo en espiral; otra, en forma de serpentina, puede apretarse, lo cual permitiría aplicarla para formar conductos que muevan líquidos en su interior, en forma similar a las contracciones peristálticas que mueven el alimento dentro del intestino. Y una tira puntiaguda, con forma de hoja, se arquea hasta que sus extremos se tocan, formando el prototipo de unas pinzas sencillas.

Se diseñaron también artefactos sencillos, de unos cuantos milíme-tros, que pueden desplazarse: una tira enrollada en forma de clip que extiende un “pie” para impulsarse en una superficie, y un triángulo que puede “nadar” al contraer y extender sus puntas.

La técnica es aún primitiva, pero ¿quién sabe? Quizá con el tiempo se aprenda cómo mantener vivas y alimentar continuamente a películas musculares de este tipo para fabricar robots biomecánicos, que harán realidad las predicciones de los escritores de ciencia ficción.