miércoles, 30 de abril de 2008

Evolución pirata

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 30 de abril de 2008

La piratería puede definirse como apoderarse de un trabajo desarrollado por otros y aprovecharlo para beneficio propio.

En el mundo del espionaje industrial esto sucede
con cierta frecuencia, pero no sólo ahí: también en la evolución biológica hay casos de piratería.

Los más sonados son el cloroplasto y la mitocondria. Se trata de los organelos de las células eucariontes (que tienen núcleo, como las de animales y plantas) que llevan a cabo, respectivamente, la fotosíntesis (convertir la energía solar en energía química, transformando agua y dióxido de carbono en alimentos) y la respiración aeróbica (quemar alimentos usando oxígeno para extraer la energía química que almacenan, produciendo agua y dióxido de carbono).

Tomando en cuenta que la evolución normalmente avanza de manera gradual, por la acumulación de muchísimos pasos pequeños, uno esperaría que cloroplastos y mitocondrias se hubieran ido desarrollando paulatinamente, en un tiempo muy largo. Pero no: aparecieron de manera súbita, por un gran salto evolutivo.

Varias pistas llevaron a esta conclusión. Observadas con un microscopio, cloroplastos y mitocondrias tienen tamaño y aspecto parecido a las bacterias (células procariontes, sin núcleo, más pequeñas y antiguas que las eucariontes). En particular, se parecen a ciertas bacterias que realizan la fotosíntesis (cianobacterias) y a otras que realizan la respiración aeróbica.

Pero además, se encontró que estos organelos tienen sus propios genes, independientes de los del núcleo celular. Estos genes están contenidos en un cromosoma circular, como el de las bacterias (y no lineal, como en los del núcleo eucarionte). Los cloroplastos y mitocondrias son, también, sensibles a ciertos antibióticos que actúan contra las bacterias, pero no contra células eucariontes.

Con estas y otras pruebas, la conclusión se volvió inevitable: en algún momento de la evolución, los cloroplastos y las mitocondrias fueron bacterias libres, que fueron “secuestradas” y mantenidas como rehenes celulares por una primitiva célula con núcleo.

El proceso se conoce como “endosimbiosis”, y es una de las maneras en que, a veces, la evolución da saltos repentinos. No sé si en el mundo de los negocios las “adquisiciones hostiles” puedan ser benéficas. En el mundo biológico, parecen haber funcionado bastante bien.

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miércoles, 23 de abril de 2008

Aborto y argumentos

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 23 de abril de 2008

La Suprema Corte discute la posibilidad de echar atrás la ley que despenaliza el aborto en el DF hasta las 12 semanas de embarazo. Buen momento para repasar los argumentos que apoyan esta ley.

Los alegatos presentados por la Procuraduría General de la República y la Comisión Nacional de Derechos Humanos se basan en la idea de que la vida comienza con la concepción: el aborto vulneraría el derecho del “no nacido” a la vida. Tal visión deriva de la creencia religiosa de que en el momento de la fecundación aparece una nueva persona humana, poseedora de un alma inmortal.

Pero hay dos maneras de abordar fenómenos tan asombrosos como el de la vida humana: una es la visión mágica (espiritual, mística… sobrenatural), que los ve como “milagros” que ocurren de pronto, y que son inexplicables y “sagrados” (en el sentido de “intocables”). El otro enfoque es el natural (racional, científico), que busca entenderlos, y que es muy confiable, pues funciona en la práctica. Estudiados así, descubrimos que estos fenómenos no aparecen de repente, sino que se desarrollan paulatinamente a través de procesos complejos.

Los humanos nos caracterizamos por tener una mente consciente que constituye nuestro “yo”. Sin ella, no hay persona. Cuando hay muerte cerebral o coma irreversible, se considera que pueden desconectarse los aparatos que mantienen la vida sin cometer homicidio. Igualmente, hay una larga etapa en el desarrollo fetal, antes de que haya un cerebro y un sistema nervioso capaces de mantener las funciones conscientes (lo cual ocurre después de las 20 semanas), en que no puede hablarse todavía de “persona”: sólo de un organismo en desarrollo.

Otra objeción es la posibilidad de que el feto sufra, pero se sabe que la capacidad de sentir dolor no aparece antes de las 24 semanas, según estudios hechos con fetos prematuros a los que se les realizaron electroencefalogramas.

Si a las 12 semanas no hay persona cuyos derechos vulnerar, y si el feto no puede sentir dolor, es claro que tal plazo para abortar es razonable. La ley que despenaliza el aborto reconoce el derecho de las mujeres a decidir si quieren o no continuar con un embarazo, y favorece su salud al permitirles hacerlo en condiciones seguras. Esperemos que los ministros actúen, al menos por esta vez, con justicia y sabiduría.

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miércoles, 16 de abril de 2008

El gen gandalla

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 16 de abril de 2008

Gandalla: que se aprovecha de cualquier situación
para beneficiarse a expensas de otro.

Siempre que se habla de la influencia de los genes sobre el comportamiento humano hay que andarse con pies de plomo, pues es fácil llegar a excesos y amarillismos.

No obstante, un grupo de investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén, encabezado por Richard Ebstein, acaba de anunciar el descubrimiento del “gen de los dictadores” (revista Genes, brain and behaviour, abril 2008).

Partiendo de la razonable suposición de que el comportamiento altruista en humanos debe tener alguna base biológica (en la anatomía o fisiología cerebrales, y por tanto quizá en los genes), Ebstein se enfocó en buscar alguna correlación entre el comportamiento altruista o egoísta de 208 voluntarios y la versión de un gen específico que cada uno poseía. El gen escogido, el de un receptor de arginina y vasopresina (AVPR1a), ha sido relacionado con el comportamiento altruista y “prosocial” en algunas especies de mamíferos.

El método consistió en hacer jugar por internet a los voluntarios, en parejas, el llamado “juego del dictador”, en que uno de ellos (el “dictador”) recibía 50 shekels (alredor de 150 pesos) y podía decidir si los compartía o no con el otro jugador (el “receptor”), a quien no conocía. Resultó que 18 por ciento de los dictadores resultaron gandallas, pues descaradamente se quedaron con todo el dinero. Alrededor de una tercera parte compartieron la lana mitad y mitad, y sólo seis por ciento eran Madres Teresas que regalaron todo.

A continuación, los investigadores examinaron los genes AVPR1a de cada jugador, y encontraron una fuerte correlación: quienes tenían versiones cortas de este gen tenían más probabilidad de comportarse como gandallas en el juego que quienes tenían versiones largas.

Por supuesto, esto no quiere decir que ya se conozca el gen que hace que existan dictadores que se aprovechan de su pueblo sin importar su sufrimiento. En la revista Nature, el experto en juegos Nicholas Bardsley afirma que quizá lo que se está observando no es una correlación del gen con la gandallez de los voluntarios, sino con su interés por meterse de lleno en el juego.

En todo caso, habrá que esperar antes de sacar conclusiones y suponer que bastará un examen genético para descartar a los políticos con tendencias gandallas. Pero, ¡qué bonito sería!

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miércoles, 9 de abril de 2008

La pesadilla de Fleming

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 9 de abril de 2008

La serendipia —los descubrimientos accidentales— son fuente de grandes avances científico-técnicos.

Ejemplo clásico es la penicilina, hallada en 1928 (¡hace 80 años!), por el escocés Alexander Fleming, y que revolucionó la medicina a partir de su producción masiva en los años 40. Desde entonces, el tratamiento de muchas infecciones antes mortales se convirtió en cuestión de inyecciones o pastillas.

Desgraciadamente, inició nuestra carrera armamentista contra las bacterias que causan enfermedades, pues la selección natural hace que el uso masivo –muchas veces el mal uso– de antibióticos elimine a las bacterias sensibles, y vaya así escogiendo a las mutantes resistentes. Resultado: muchas bacterias son inmunes a varios antibióticos simultáneamente.

El problema adquiere nuevos matices con un inesperado descubrimiento (nuevamente la serendipia) anunciado la semana pasada por el equipo de George Church, de la Escuela Médica de Harvard (Science, 4 de abril), que confirma la frase de Pasteur: “la suerte favorece sólo a la mente preparada”. Buscando bacterias capaces de convertir la celulosa de desechos agrícolas en biocombustibles (en un campo fertilizado con estiércol de vacas que consumían regularmente antibióticos) hallaron algunas que no sólo sobrevivían, sino proliferaban.

Resultó que estas bacterias, además de sobrevivir a los antibióticos, se alimentan de ellos, usándolos como única fuente de carbono. Ante esto, los investigadores cambiaran el enfoque de su estudio para analizar las bacterias de 11 muestras de distintos suelos (urbanos, de granjas y de parajes boscosos no tocados por el ser humano en 100 años). El resultado: en todos ellos se hallaron bacterias capaces de alimentarse de antibióticos, y no sólo eso: prácticamente todas ellas eran además resistentes a varios antibióticos (en promedio, a 17).

Aunque ninguna de las bacterias halladas produce enfermedades en el humano, la existencia de esta verdadera reserva de genes de resistencia en todo tipo de suelos es preocupante, debido a la bien conocida capacidad de las bacterias para intercambiar información genética entre ellas.

En resumen, Darwin pone en problemas a Fleming: este hallazgo imprevisto muestra que, si no queremos perder la lucha contra las bacterias patógenas multirresistentes, urge acelerar el desarrollo de nuevos antibióticos.

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miércoles, 2 de abril de 2008

El pico del calamar

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 2 de abril de 2008

"Estudia la pata de la mosca”, es la frase clásica que se usa para insinuar que la ciencia estudia cosas inútiles.

El malentendido es común, pero ignora que los avances científico-técnicos que nos permiten gozar de las comodidades de la vida moderna son muchas veces producto de investigaciones “básicas”, sin ninguna utilidad práctica… Aparentemente, porque la serendipia, el descubrimiento de tesoros inesperados cuando se busca otra cosa, es un fenómeno frecuente en la investigación científica.

Un ejemplo es el reciente estudio sobre el pico del calamar de Humboldt, o Dosidicus gigas, que se pesca en la costa del Pacífico, de Baja California a Sudamérica.

Este calamar, que llega a medir dos metros y pesar 45 kilos, cuenta —como todos los calamares— con un pico rígido con el que puede despedazar a sus presas… y en ocasiones, atacar a humanos (se le conoce como “diablo rojo”).

El equipo de Herbert Waite, de la Universidad de California en Santa Bárbara, decidió estudiar (Science, 28 de marzo) un problema de biomecánica: ¿cómo puede un calamar, que no tiene huesos, utilizar su pico sin dañar sus propios tejidos blandos? (Waite comparó el problema a utilizar una navaja afilada cuyo mango fuera de gelatina.)

Analizando la composición química y la estructura molecular del pico, hallaron que está formado por tres componentes: el polisacárido quitina, que forma las conchas de los moluscos y los exoesqueletos de los insectos; una proteína con alto contenido del aminoácido poco común L-dopa, y agua.

Pero lo interesante fue que descubrieron que la composición del pico varía a lo largo de su longitud: en la afilada punta es más duro, con alto contenido de proteína y bajo de agua y quitina.

En la base, en cambio, predominan estas últimas, y la proteína es más escasa. Este aumento paulatino de la flexibilidad hacia la base permite que las fuerzas generadas cuando se corta un material se disipen a lo largo del pico, sin dañar el tejido blando de la boca del calamar.

Aunque pudiera parecerlo, el estudio no es algo interesante pero inútil: podría tener aplicaciones en el campo de la biomimética.

La composición del pico podría imitarse para generar prótesis duras que no dañen los tejidos blandos en que se apoyan.

La próxima vez que coma chipirones, recuerde que además de sabrosos pueden ser fuente de nuevos materiales.
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miércoles, 26 de marzo de 2008

Acariciar al fantasma

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 19 de marzo de 2008

El escritor de ciencia ficción Larry Niven creó un personaje llamado Gil Hamilton, un detective del siglo 21 que, tras perder un brazo, descubre que posee un “brazo fantasma” con el que puede mover cosas, golpear maleantes y atravesar paredes.

En la realidad, el fenómeno de los miembros fantasma es menos fantástico, pero igual de sorprendente. Se trata de la sensación, que experimentan de 50 a 80 por ciento de quienes han sufrido una amputación, de contar todavía con el miembro perdido. Puede manifestarse como comezón, movimientos involuntarias del miembro fantasma, o incluso calambres y dolores. Un problema para quienes lo padecen.

No está completamente claro qué causa los miembros fantasma. Se pensaba que se debían a que los nervios del muñón seguían enviando impulsos al cerebro, pero las investigaciones del neurólogo Vilayanur Ramachandran, de la Universidad de California en San Diego, han mostrado que se deben más bien a una reorganización cerebral que ocurre luego de la amputación: las neuronas de las áreas de la corteza que recibían impulsos del miembro amputado comienzan a “invadir” áreas vecinas que responden a señales de otras partes del cuerpo.

Por ejemplo, la parte de la corteza que corresponde a la cara está cercana a la dedicada a las manos, por lo que al recibir un estímulo en la mejilla, un paciente amputado podría tener sensaciones en su miembro fantasma.

Recientemente, Ramachandran encontró (New Scientist, 20 de marzo) una sencilla e inesperada terapia para tratar el dolor en miembros fantasma: el masaje. Obvio, pero ¿cómo masajear un miembro inexistente? La respuesta: a través de las neuronas espejo.

Resulta que estas células cerebrales, que se activan cuando uno realiza alguna acción física, pero también cuando observa a otro realizarla, y que nos ayudan a interpretar las acciones de los demás (se las considera fundamentales para la imitación, el aprendizaje y la empatía), permiten que un paciente con dolor sienta alivio al observar a otra persona darse masaje en su extremidad correspondiente.

¿Extraño? Quizás, pero Ramachandran halló que es útil para algunos pacientes amputados que presentan un miembro fantasma molesto. Gracias a las neuronas espejo, si no pueden usar su miembro fantasma como Gil Hamilton, al menos pueden evitar que les cause molestias.

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miércoles, 19 de marzo de 2008

Ciencia, ¿para qué?

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 19 de marzo de 2008

Ayer 18 de marzo, la expropiación petrolera que dio origen a Pemex cumplió 70 años.

En 1938, el país entero se unificó para defender su patrimonio y hacer lo necesario para aprovechar nuestra riqueza petrolera. Se reconoció que, si no teníamos la capacidad científica y técnica para manejar la industria petrolera, había que desarrollarla. La Escuela Nacional de Química Industrial (fundada en 1916, hoy Facultad de Química de la UNAM) aportó los primeros ingenieros químicos, que se multiplicaron cuando la carrera se abrió también en el Instituto Politécnico Nacional, creado en 1936 para contribuir al ideal cardenista de reconstrucción nacional.

La expropiación fue un reto mayúsculo para los ingenieros químicos mexicanos. Hubo accidentes, fracasos y mucho aprendizaje. Pero el conocimiento del que se carecía se desarrolló, fortaleciendo la industria petroquímica y logrando que el petróleo llegara a ser la principal fuente de ingresos del país. En 1965, y para seguir contribuyendo a la investigación básica y aplicada relacionadas con la extracción y refinación, se creó el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) como un “organismo descentralizado de interés público y preponderantemente científico, técnico, educativo y cultural”, cuya función sería “buscar la independencia científica y tecnológica en el área petrolera”.

¿Qué panorama tenemos hoy? Más allá de los graves problemas de corrupción e ineficiencia sindical, burocrática, hacendaria y legislativa, vemos que el proyecto del IMP ha sido abandonado, al igual que la investigación científica y tecnológica petrolera de avanzada. Un día logramos ponernos al nivel mundial. Hoy el discurso oficial es de fracaso adelantado: en vez de desarrollar tecnología propia, se nos presenta como única alternativa recurrir a la extranjera. Y se plantea que para ello hay que hipotecar la riqueza petrolera.

¿Podría ser diferente si invirtiéramos en la misma ciencia y tecnología que permiten que otros países sean hoy los que venden, dominan y se enriquecen? No lo sabremos a menos que haya un cambio drástico de rumbo.

Mientras tanto, la presencia de estudiantes en un campamento guerrillero da pie para que se lance un ataque despiadado contra la UNAM y en general contra la educación pública. No sólo no entendemos para qué sirve la ciencia, ni sabemos utilizarla: hoy la despreciamos. Si seguimos así, un triste destino nos espera.

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miércoles, 12 de marzo de 2008

Espiar los sueños

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 12 de marzo de 2008


En su película Hasta el fin del mundo (1991), Wim Wenders imagina un aparato que permite visualizar lo que otra persona ve o ha visto, incluso sus sueños.

Y es que, a diferencia de los impulsos nerviosos que van de los ojos al cerebro, la experiencia de ver algo es un estado mental, no un proceso fisiológico. Nuestros ojos y cerebro ven, pero la sensación subjetiva de ver la experimenta nuestra mente.

Por eso, hasta ahora, la única forma de saber lo que alguien está viendo “en su cabeza” —o lo que está soñando— es que nos lo diga. Esta subjetividad de las experiencias mentales ha sido un gran obstáculo para las psicoterapias y, en general, el estudio de la mente.

Pero quizá eso cambie. La revista Nature acaba de publicar un estudio del grupo de Jack Gallant, de la Universidad de California, que constituye un primer paso en el desarrollo de lo que él llama un “decodificador visual general”: una máquina para saber lo que una persona ve, a partir no de lo que dice, sino de la activación de distintas áreas de la corteza visual de su cerebro.

Gallant realizó experimentos con dos voluntarios a los que se les mostraron mil 750 imágenes (fotografías “naturales”, no formas geométricas simples), al tiempo que se registraba, por resonancia magnética, qué áreas cerebrales se activaban. Con estos datos, se generaron modelos de computadora que podían reproducir los patrones de activación cerebral a partir del estímulo visual.

Luego se utilizaron los modelos para predecir qué respuesta cerebral se produciría si se mostraran otras 120 imágenes (distintas) a los mismos sujetos. Finalmente, se mostraron esas 120 imágenes a los voluntarios, y se registró qué áreas de sus cortezas visuales se activaban.

Lo asombroso es que, comparando sólo estos datos con las predicciones del modelo computarizado, ¡se logró identificar qué imágenes estaban viendo los sujetos! El margen de aciertos, con uno de los voluntarios, fue de 92 y 72 por ciento para el otro (adivinando al azar, se esperaba menos del uno por ciento de aciertos).

Con este avance, es posible que algún día podamos ver las imágenes que alguien más está pensando. Esto podría funcionar para confirmar la efectividad de psicoterapias y auxiliar a personas que han quedado inmovilizadas sin poder comunicarse… y quién sabe, quizá hasta para atisbar en los sueños del ser amado.

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miércoles, 5 de marzo de 2008

¡La cultura evoluciona!

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 5 de marzo de 2008

Hasta hace poco, la expresión “evolución cultural” no era más que una bonita metáfora. Para Carl Sagan, la cultura es una adaptación que permite al ser humano sobrevivir cambios repentinos en su ambiente ante los cuales la evolución biológica (genética) sería demasiado lenta.

Y el biólogo Richard Dawkins habla de que, si el genotipo es la información genética y el fenotipo es la expresión de esos genes (es decir, la anatomía y función de los seres vivos), el fenotipo extendido serían aquellas adaptaciones útiles para la supervivencia que no forman parte del cuerpo de los organismos, pero son producto (indirecto) de sus genes. ¿Ejemplos? L
os panales y hormigueros que construyen abejas y hormigas (vean la "catedral" hecha por termitas que aparece en la foto); las curiosas presas de los castores; los nidos de las aves; las herramientas primitivas que usan algunos primates… y todos los productos de la tecnología y la cultura humanas.

Sin embargo, muchos especialistas en ciencias sociales han rechazado el concepto de evolución cultural, pues la analogía les parece excesiva: opinan que la cultura humana es demasiado compleja e impredecible como para obedecer leyes darwinianas.

Pero un reciente artículo de Deborah Rogers y Paul Ehrlich, aparecido en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences y descrito como “revolucionario”, muestra que la selección natural afecta directamente la velocidad con la que cambian los productos culturales.

Rogers y Ehrlich estudiaron las características de las canoas de 11 culturas de las islas polinesias a lo largo del siglo XX. Compararon 96 características “funcionales”, importantes para la navegación (forma, material, ensambles, accesorios), y 38 decorativas o simbólicas (pinturas, grabados, símbolos religiosos…).

Utilizando las mismas técnicas que los biólogos usan para medir el cambio de los caracteres de los seres vivos y reconstruir su evolución, descubrieron que las características de las canoas que influyen en la supervivencia de los isleños (pues las usan para pescar, en guerras y migraciones) evolucionan más lentamente que las características simbólicas, que no afectan la supervivencia.

¡La selección natural controla el diseño de las canoas, frenando cambios que pudieran perjudicar su eficacia! Seguramente la mano de Darwin también se deja sentir, aunque no lo notemos, en el fenotipo extendido del orgulloso humano occidental y moderno.

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miércoles, 27 de febrero de 2008

Tabaco y confusión

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 27 de febrero de 2008

Siguiendo al maestro José de la Colina (20 de febrero), espero que nuestro director Carlos Marín no me corra por decir esto, pero me parece que quienes se oponen a la “Ley antitabaco” olvidan algo fundamental.

Arguyen que prohibir que se fume en espacios públicos es vulnerar un derecho de los fumadores: el de meterse la sustancia que se les venga en gana a los pulmones, con las consecuencias que esto tenga.

Puede que tengan razón. El café y el alcohol, por ejemplo, son drogas que pueden causar daño y no están reguladas. Pero otras, como la mariguana —que también se fuma— o la cocaína, están prohibidas. Y nadie se rasga las vestiduras por ello (bueno, casi nadie...).

Pero el punto no es ése: es que está comprobado, por medio de estudios clínicos rigurosos, que fumar aumenta de forma importante la probabilidad de padecer enfisema y cáncer de pulmón (junto con otros males, menos publicitados), enfermedades que causan anualmente miles de muertes. Ninguna de las otras drogas mencionadas perjudica de manera tan clara y directa la salud.

Además, el humo del tabaco se difunde alrededor del fumador, afectando a quienes lo rodean. Por ello, el “derecho a fumar” se contrapone directamente al derecho a no fumar de los demás. Esto tampoco ocurre con las otras drogas mencionadas, excepto la mariguana (podrá decirse que un borracho perjudica a los demás al conducir ebrio y causar un accidente, pero se trata de un efecto indirecto).

Así que fumar es dañino, y no sólo perjudica al fumador, sino a quien esté cerca. Éstos son hechos.

Lo que se les olvida a quienes adoptan la línea de “discriminación al fumador” para defender su vicio (o su gusto) es que las medidas contra el tabaquismo no están dirigidas a discriminar a una minoría de adictos: están encaminadas a disminuir su número. Lo que se busca es que haya cada día menos fumadores o que los que haya fumen cada vez menos. De modo que no: no se trata de discriminarlos, sino de ayudarlos a cambiar. Las razones son claras.

Una sociedad tiene derecho a combatir todo lo que la daña, sean hábitos, adicciones o enfermedades. Uno puede quejarse porque lo obliguen a vacunarse, a usar cinturón de seguridad, a no conducir tomado o a no fumar. Pero tratar de justificar tal oposición con argumentos es forzar las cosas. ¡Sólo espero que los fumadores no clamen, ahora, que se está planeando un genocidio contra ellos!
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miércoles, 20 de febrero de 2008

Homofobia

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 20 de febrero de 2008

Primero, MILENIO Diario nos informó que Albus Dumbledore, director de Hogwarts, la escuela de Harry Potter, es gay (según reveló su creadora). Luego, que una campaña contra la homofobia que muestra a un bebé con un brazalete que lo etiqueta como “gay” causó polémica en Italia. Después de que el 13 de febrero hubo una protesta frente a la Rectoría de la UNAM contra la agresión de vigilantes universitarios a dos estudiantes gays el 23 de noviembre pasado.

Por eso me extrañó, el sábado 16, la nota de Daniel Venegas donde se le dio amplio espacio a un supuesto “especialista” que afirma que “es posible cambiar a un homosexual”. Richard Cohen, director de la International Healing Foundation afirmó que “nadie na-
ce con atracción por el mismo sexo”; que “si alguien (la) tiene, significa que está lastimado en su corazón”, y que hay “razones psicológicas” que explican esta orientación sexual. “He ayudado a cientos de hombres y mujeres para cambiar de homosexual a heterosexual”, sostiene.

Para Cohen y su fundación, las relaciones gays no son saludables; requieren “sanación”. Aunque se declara “pro-elección”, al argumentar que los gays “merecen” la oportunidad de cambiar su orientación sexual, Cohen expresa una opinión homofóbica; discriminatoria. Cambie usted “homosexuales” por “negros” o “indígenas” y vea cómo suena; encontrará que se está suponiendo que la condición gay es mala, inferior, indeseable o antinatural. Todo lo cual es falso, como hoy sabemos.

Afortunadamente, al día siguiente, Francisco Iglesias publicó otra nota en la que Luis Perelman, él sí especialista reconocido en sexualidad y presidente de la Federación Mexicana de Educación Sexual y Sexología, refuta las ideas homofóbicas de Cohen (“charlatanería”, las llama con sobrada razón).

Pero no sólo son homofóbicas: son seudocientíficas y, por tanto, peligrosas. El discurso que busca “curar” la homosexualidad promueve el rechazo y el odio, y como afirma Perelman, sólo logra “mantener el clóset, la clandestinidad, la doble vida y la doble moral”.

A pesar de sus esfuerzos por parecer científicas, las “terapias de conversión” son sólo engaños que producen frustración y dolor. En el mejor de los casos, sólo pueden convertir a un homosexual en homosexual reprimido. Conviene leer La orientación sexual, de Luis González de Alba (Paidós, 2003) para estar un poco mejor informados.

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miércoles, 13 de febrero de 2008

¡Feliz Día de Darwin!



por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 13 de febrero de 2008

Un 12 de febrero, hace 199 años, Susannah Wedgwood y su esposo, el doctor Robert Darwin, vecinos de Shrewsbury, Inglaterra, recibieron a su quinto hijo, Charles.

Ayer, en muchas partes del mundo, tal evento se conmemoró como el Día de Darwin. Y se espera que en el 2009 los festejos sean a nivel mundial, pues este ilustre biólogo cumplirá 200 años de nacido. Ese mismo año su obra esencial, Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la supervivencia de las razas favorecidas en la lucha por la vida, cumplirá 150 años de haberse publicado.

En algunos lugares se organizan cada año eventos de lo más diverso para conmemorar el día: conferencias, ferias de ciencia, obras de teatro, exposiciones, protestas… (contra la introducción de ideas creacionistas en las clases de biología, como ha ocurrido en algunas partes de Estados Unidos).

En otros sitios, como México, el día pasa casi inadvertido. Tal vez por suerte, porque el hecho de que no necesitemos promover especialmente las ideas de Darwin muestra que en nuestro país no hay necesidad de luchar contra la competencia desleal del creacionismo (que se presenta falsamente como teoría científica, cuando es en realidad una creencia religiosa).

En cualquier caso, y sin soñar que se convierta en un día festivo oficial (como sí ocurre en Des Moines, Iowa, y quizá próximamente en Inglaterra y Australia), sería bonito que el día de Darwin se celebrara en México.

¿Por qué? Porque la teoría darwiniana es la columna vertebral que da sentido a toda la biología. Porque el concepto central de esa teoría, la selección natural, ha sido calificado como la idea más poderosa jamás concebida. Y porque sus aplicaciones fuera de la biología están revolucionando la ciencia, la industria y la vida diaria.

Darwin descubrió cómo, a partir la variabilidad y la herencia imperfecta de los sistemas biológicos, pueden surgir, sin necesidad de un diseñador, sino sólo como efecto de la “selección” que el ambiente ejerce sobre los organismos, todas la maravillosas adaptaciones del mundo viviente. Hoy la selección darwiniana se usa en computación, la industria farmacéutica, en economía y un sinfín de campos para extraer diseño del azar.

Pero quizá la mejor razón para celebrar a Darwin es que nos mostró que no hay necesidad de magia para que exista la belleza en el mundo. Por eso, ¡feliz Día de Darwin!

miércoles, 6 de febrero de 2008

Manejar herramientas

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 6 de febrero de 2008

Un simio toma una varita, le quita las hojas y la usa para escarbar un hormiguero, buscando comida. Está imitando a un congénere. Al principio lo hace torpemente, pero al poco rato maneja su primitiva herramienta con habilidad.

Un hombre maneja por primera vez un ratón de computadora. No sabe ni agarrarlo: ¡imposible que la flechita de la pantalla se mueva hacia donde desea! Pocos días después hace clic, arrastra y mueve objetos virtuales con gran precisión.

Un violinista ejecuta una partita para violín de Bach. Sus dedos vuelan pulsando las cuerdas; el arco se mueve vigoroso y exacto. Su maestría asombra y conmueve al público; él toca con los ojos cerrados.

¿Cómo llega nuestro cerebro
y el de otros primates— a manejar con tal precisión herramientas, objetos extraños a nuestro cuerpo? Una investigación publicada en la revista de la National Academy of Sciences revela que, en parte, lo hace “incorporándolas” al modelo virtual del cuerpo que construye.

Se estudiaron los patrones de activación de las neuronas de la corteza cerebral frontal de dos macacos cuando tomaban trozos de comida con sus manos. Cuando se entrenó a los monos a tomar la comida usando pinzas normales, que se cierran al apretar la mano, se halló que se activaban las mismas neuronas, en el mismo orden.

Para confirmar que lo observado era la representación cerebral del acto complejo de tomar comida, y no simplemente de apretar los dedos, se entrenó a los monos a usar pinzas “inversas”, que se abren al apretarlas (como pinzas para tubos de ensayo).

Los patrones de activación de las neuronas no variaron. Según Giacomo Rizzolatti, de la Universidad de Parma, cabeza del estudio (famoso por descubrir las “neuronas espejo”, activadas tanto al realizar una acción como al observar que alguien más la realiza, y que tienen que ver con el aprendizaje), los resultados indican que el cerebro aprende a considerar las pinzas como parte del cuerpo del mono.

En un futuro cercano, un cirujano opera un cerebro. No lo hace frente al paciente, que está en otra cuidad, sino ante una máquina llena de controles finos. Lentes especiales lo conectan, mediante internet, con la sala de operaciones. La tecnología de telepresencia que le permite controlar el robot que salva una vida ha sido mejorada para facilitar la integración de cerebro, cuerpo y máquina.

miércoles, 30 de enero de 2008

El segundo paso

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 30 de enero de 2008

Según el New York Times, la meta final es fabricar microorganismos sobre pedido. El experto especifica en una computadora las características requeridas (que elimine dióxido de carbono de la atmósfera, que destruya compuestos tóxicos, que no use oxígeno…). Luego oprime el botón “imprimir”, y ¡presto! Un complejo sintetizador de ADN fabrica el genoma requerido. Luego, éste es introducido en una célula “en blanco”, y en poco tiempo se tiene una bacteria diseñada para cubrir nuestras necesidades.

Es ciencia ficción, por el momento. Pero J. Craig Venter, el científico-empresario que se adelantó al Proyecto Genoma Humano al leer el total de la información genética de nuestra especie, en el año 2000 (oficialmente fue un empate), y que hace seis meses transplantó el genoma de una especie de bacteria a otra, acaba de anunciar que ha logrado el segundo paso de su gran plan.

El primero fue, precisamente, demostrar que se podía transplantar un genoma nuevo a una bacteria y lograr que sobreviviera. El segundo, anunciado en la revista Science el 24 de enero, fue fabricar un genoma bacteriano “sintético” completo: el de la bacteria Mycoplasma genitalium (que, como indica su nombre, puede causar infecciones venéreas).

Pero no se preocupe usted: el genoma sintético, que todavía no se ha logrado introducir a una célula y hacer que la reprograme (el tercer paso de la estrategia de Venter), ha sido alterado para impedir que la bacteria resultante sea infecciosa.

El genoma de M. genitalium consta de casi 583 mil letras —contra unos 3 mil millones, en el ser humano. Aún así, es la mayor molécula de ADN jamás fabricada. Venter lo logró encargando a tres compañías especializadas en síntesis de ADN la confección de 101 “cassettes”, que luego se pegaron de cuatro en cuatro para formar 25 moléculas mayores. Después se unieron éstas de tres en tres para obtener “octavos de genoma”; y éstos de dos en dos para formar cuartos. Por último, usando células de levadura como laboratorios vivientes, lograron armar el genoma completo.

Venter promete que el tercer paso será logrado este año (“estaría tan sorprendido como decepcionado si no lo logramos”, declaró).

Los expertos en bioética y seguridad ambiental ya están revisando la técnica, para prever posibles riesgos. Mientras tanto, sólo queda esperar a que se inicie esta nueva era de la “biología sintética”. ¡Agárrese fuerte!

miércoles, 23 de enero de 2008

Clones: comidos o trasplantados

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 23 de enero de 2008

Algunas asociaciones de consumidores ya pusieron el grito en el cielo, pero la Food and Drug Administration (FDA) estadunidense -que tiene quizá los estándares más altos del mundo para valorar posibles riesgos al consumidor- ha dictaminado que no hay riesgo. Que la carne y los productos derivados de animales clonados (en particular de ganado vacuno, porcino y caprino… de las ovejas, ejem, nada se dijo) son perfectamente seguros para comer.

Un clon es un duplicado genéticamente idéntico de un organismo. Un bistec de vaca clonada no tendría por qué ser más ni menos dañino que uno de vaca tradicional.

No se trata de comercializar carne de animales clonados (que son muy caros), sino de hacer clones de los mejores ejemplares y utilizarlos como pies de cría para producir rebaños mejorados. Por eso, si se decidiera etiquetar los productos clonados -la FDA no obligó a ello- las etiquetas sólo advertirían si el animal tuvo algún clon entre sus ancestros.

El Vaticano, por su parte, también se desgañitó ante la recién anunciada obtención de células madre embrionarias humanas, utilizando el método de transferencia nuclear, mismo que permitió la creación de Dolly la oveja.

El punto de discusión es, claro, el hecho de que para obtenerlas se tenga que destruir un embrión humano (así sea clonado) a los pocos días de fecundado. No hay argumento biológicamente válido para considerar que una blástula sea -todavía- un ser humano, pero las objeciones religiosas pesan..

¿Por qué insistir en células madre embrionarias, si ya se han podido producir las ansiadas células totipotenciales -que prometen dar origen a órganos y tejidos para transplantes y para tratar las más diversas enfermedades- a partir de células de la piel, sin usar embriones?

Porque estas últimas se produjeron introduciéndoles cuatro genes a través de un virus, lo cual puede tener efectos difíciles de prever.

Y porque las células madre embrionarias son más versátiles y robustas para producir tejidos diversos.

Es cuestión de tiempo. Discutiendo con base en evidencia confiable puede llegarse a acuerdos sociales. Así como pronto podremos comer alimentos clonados sin preocuparnos, tal vez dentro de no mucho agradeceremos el trasplante que nos salve la vida, aun si proviene de células clonadas.

miércoles, 16 de enero de 2008

La biosfera secreta

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 16 de enero de 2008

Los territorios inexplorados siempre han sido fascinantes. La posibilidad de descubrir nuevas tierras, gentes o especies de seres vivos resulta irresistible.

La búsqueda de nuevos continentes o poblaciones humanas desconocidas está ya agotada, pero de vez en cuando nos enteramos con satisfacción de que se ha hallado alguna nueva forma de vida. Recientemente, territorios como Surinam (antigua Guyana Holandesa) o Nueva Guinea (al norte de Australia) han revelado especies novedosas de insectos, anfibios y hasta mamíferos. Por supuesto, las profundidades marinas siguen albergando incontables organismos misteriosos que muy de vez en cuando tenemos ocasión de conocer. Y ni hablar de las incontables especies de bacterias que, por ser microscópicas, aún no hemos encontrado ni identificado.

Pero una cosa es hallar nuevas especies en la Tierra, y otra muy distinta encontrar vida en otro planeta, que podría ser completamente distinta a la que existe aquí. Todos los organismos terrestres formamos las ramas de un único "árbol de la vida" en cuya raíz se encuentran los primeros seres vivos que existieron en el planeta.

A partir de ellos evolucionamos todos los demás. Por eso compartimos la misma química, basada en el carbono. Nuestras proteínas están formadas por aminoácidos "izquierdos" (técnicamente, de tipo L) y nuestros azúcares son "derechos" (tipo D). Y almacenamos nuestra información genética en moléculas de ácido desoxirribonucleico (ADN).

Pero el árbol de la vida de otro planeta podría ser diferente. Podría usar aminoácidos novedosos (aquí todas las proteínas constan de los mismos 20, en infinitas combinaciones). Podrían tener aminoácidos D, o azúcares L. Podrían utilizar el ácido ribonucleico (ARN), molécula genética de los primeros organismos terrestres, que fue luego sustituida por su primo, el ADN. E incluso podrían tener una química más extraña, no basada en el carbono sino en el silicio, o que utilizara un disolvente distinto al agua, como el metano.

Las posibilidades son fascinantes. Pero más lo es la propuesta que analiza Paul Davies en la revista Scientific American de diciembre: la de que un árbol de la vida distinto haya podido florecer aquí mismo, en la Tierra, sin que lo hayamos notado.

¿Y si un día descubriéramos, sorprendidos, que hemos estado compartiendo el planeta con invisibles vecinos cuya existencia ni siquiera habíamos imaginado?

miércoles, 9 de enero de 2008

¡Y dale contra el aborto!

por Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 9 de enero de 2008

A Carmen Aristegui, víctima del miedo
de este régimen ante la crítica inteligente


Una característica definitoria de la derecha es su autoritarismo: no busca defender una postura, sino imponerla. Las libertades y derechos son secundarios ante ciertos “valores” que, en general, son conservadores y cercanos a los de la religión católica.

Muestra de ello es la campaña para echar atrás la legalización del aborto hasta las 12 semanas de gestación en el Distrito Federal , importante avance en los derechos de la mujer. Como se sabe, dos dependencias federales, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y la Procuraduría General de la República, han sometido recursos de inconstitucionalidad contra esta medida ante la Suprema Corte.

Ello obedece a una de las líneas principales de acción vaticanas, la promoción de la llamada “cultura de la vida” y la “defensa de la familia”. Entendida ésta, claro, sólo como la unión de hombre y mujer para tener hijos, y excluyendo a madres solteras, parejas sin hijos o divorciadas o del mismo sexo, ¡y hasta a madres que trabajan! (Carlos Briseño, obispo auxiliar de México, dixit, al compararlas con Herodes). Se maneja la falacia de que la existencia de familias diversas “amenaza” a la familia tradicional (¿cómo?).

La “cultura de la vida” se opone también al aborto, la eutanasia y en general al derecho a disponer del propio cuerpo. En esta tendencia se inscribe la reciente y tramposa campaña (¿la vio usted en parabuses y anuncios espectaculares?) que promovió el “día de los derechos humanos del concebido”.

¿Qué dice la ciencia ante esto? Simplemente, que una persona no aparece mágicamente al momento de la concepción, y que a las 12 semanas no es todavía un ser humano consciente ni sensible. Defender los derechos de alguien que aún no existe por encima de los de la mujer no es justo ni razonable.

¿Qué dice el sentido común? Que las decisiones en una democracia laica deben basarse en conocimientos, no dogmas. Ojalá el gobierno mexicano compartiera la visión del español de Rodríguez Zapatero, que ante la presión clerical ha afirmado que “seguiremos trabajando para que los ciudadanos españoles sean más libres y con más derechos”. Al final, los excesos autoritarios de la derecha religiosa son, como ha dicho el filósofo Fernando Savater, “prueba de que debemos ser racionalmente anticlericales”.

miércoles, 2 de enero de 2008

Evolución en Año Nuevo

por Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 2 de enero de 2008


Navidad y año nuevo son ocasiones propicias para dos cosas (además de comer rico y en exceso): hacer las cosas para las que uno nunca tiene tiempo, y reflexionar sobre lo que normalmente sí hace.

En mi caso, los días de fin de año son buena ocasión para ponerme al día en lecturas atrasadas. Inevitablemente, eso me hace reflexionar sobre mi propia labor de escribir sobre ciencia.

La revista 
Scientific American de diciembre, por ejemplo, trae tres interesantes textos relacionados con la evolución. Uno habla de cómo una muestra de bacterias del género Salmonella, al ser cultivadas en condiciones de falta de gravedad a bordo del transbordador espacial, se volvieron más virulentas. Aunque no se trata de evolución propiamente dicha (“no son bacterias mutantes del espacio”, afirmó uno de los responsables del estudio), sino de la activación de ciertos genes debido a las condiciones de cultivo, el experimento muestra cómo el ambiente modula las características de un organismo.

Los otros dos ejemplos muestran claramente la evolución en acción. Uno es un experimento en que se cultivaron 152 cajas de Petri con gusanos 
Caenorhabditis elegans junto con la bacteria Pseudomonas aeruginosa, que normalmente los mata. Inesperadamente, en una de las cajas hubo gusanos que sobrevivieron sin problemas. Se encontró que habían sufrido mutaciones que los volvieron resistentes a la bacteria, aunque con un costo: se mueven más lento que los gusanos normales, pues no respiran muy bien. Las bacterias actuaron como un filtro que seleccionó la mutación adecuada para sobrevivir: selección natural en vivo y en directo.

Finalmente, el tercer texto comenta otros numerosos casos en que la evolución se manifiesta fuera del laboratorio de manera clara y en una escala no de siglos ni milenios, sino de años. Sapos centroamericanos introducidos en Australia que han reducido su tamaño y toxicidad y alargado sus piernas; peces que han disminuido su talla debido a que los pescadores prefieren los ejemplares grandes…

En resumen, y a pesar de la incredulidad de quienes, como los creacionistas norteamericanos, niegan la evolución darwiniana, ésta es una realidad que se manifiesta en todo el mundo natural. Y es importante informar al público de éste y otros hechos científicos.

Es bueno confirmar, leyendo textos así, que la labor a la que uno se dedica vale la pena.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Brújula polémica

por Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 12 de diciembre de 2007


Que el Vaticano condene una película -y la novela en que se basa- es la mejor manera de convertirlas en éxitos. Funcionó con El código da Vinci, y hoy con la cinta La brújula dorada, basada en Luces del norte, primera novela de la trilogía La materia oscura, del inglés Philip Pullman.

El diario oficial Vaticano, L’Osservatore Romano, la califica como “la película más antinavideña posible”. “En el mundo de Pullman -afirma- la esperanza simplemente no existe porque no hay salvación, sólo la capacidad personal e individualista para controlar la situación y dominar los eventos”. ¿Qué tiene eso de malo?, pregunto yo.

Las novelas presentan mundos paralelos en que las personas tienen el alma por fuera del cuerpo, en forma de animales llamados “daemons” o dáimones, palabra que causó alarma entre los católicos (en español, para esquivar el problema, se tradujo como “daimoniones”). Muestran también una iglesia todopoderosa y opresiva, aunque en la cinta toda referencia a ella se ha eliminado, dejando sólo un abstracto “magisterio”.

Aunque Pullman es ateo (lo cual no debería ser problema), ha declarado que los libros “defienden ciertos valores que considero importantes, como que esta vida es inmensamente valiosa, que este mundo es un lugar extraordinariamente bello y que debemos hacer lo posible para incrementar la cantidad de sabiduría en el mundo”. No parecen valores muy peligrosos.

Curiosamente, la trilogía se inspiró en la mecánica cuántica, una de cuyas intrigantes predicciones es que una partícula, mientras no se la observe, existe en varios estados a la vez (como el gato de Schrödinger, a la vez vivo y muerto). La interpretación clásica es que el acto de observar hace que estas posibilidades se “colapsen” en una sola. Pero en 1954 el físico estadunidense Hugh Everett presentó otra versión: al observar la partícula, el universo se divide en “ramas”, en cada una de las cuales se realiza una posibilidad predicha por las ecuaciones cuánticas.

La “interpretación de muchos mundos” de Everett ha ido ganando adeptos entre los físicos. En las novelas de Pullman aparecen mundos paralelos basados en ella (incluso aparece un físico que la menciona), y sus personajes logran pasar de uno a otro.

Más que propaganda anticristiana, La brújula dorada es una crítica al autoritarismo y a la confianza en soluciones mágicas. 

A mí me encantó.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

La función del cerebro

por Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 12 de diciembre de 2007


Si, como parece, el XXI será el siglo del cerebro, no sorprende que día con día se publiquen noticias que muestran cómo vamos descubriendo más y más detalles de su funcionamiento íntimo.

No sorprende, pero sí asombra, por la cantidad de hallazgos inesperados que nos muestran cómo ésta, la estructura más elaborada que existe en el universo, ha evolucionado para poder realizar las hazañas de procesamiento de información que percibimos como nuestra realidad y nuestro “yo” o conciencia.

Dos ejemplos recientes. Uno, la investigación realizada por el grupo de Ko Kobayakawa, de la Universidad de Tokio, y publicado en la revista Nature, que muestra que el olfato de los mamíferos funciona a través de un “mapa” en el que pueden distinguirse regiones dedicadas a distintos usos.

El bulbo olfatorio, en la parte baja del cerebro, concentra las señales provenientes de las neuronas del epitelio olfatorio, localizado en el interior de la nariz. Cada neurona olfatoria tiene receptores que detectan un tipo de sustancia que flota en el aire. Al encajar la molécula en el receptor adecuado, como una llave en su cerradura, la neurona envía un mensaje al bulbo olfatorio, y éste al cerebro, que finalmente produce la sensación de olor.

El artículo llegó a las noticias (MILENIO Diario, 14 de diciembre) porque los ratones a los que se les inactivó cierta zona del bulbo olfatorio perdieron el miedo ante el olor de depredadores (la foto mostraba a un ratoncito jugando amigablemente con un gato). Pero los ratones todavía podían aprender a temerle al gato, si se les entrenaba para ello. La verdadera importancia del estudio es que mostró que una zona del bulbo olfatorio permite que ciertos olores provoquen una respuesta innata de rechazo, mientras que otra puede detectar el mismo olor sin provocar tal respuesta, y puede servir para aprender respuestas nuevas.

Por su parte, Morten Kringelbach, de la Universidad de Oxford, reportó en un congreso datos preliminares que muestran que ciertas ondas cerebrales están asociadas directamente con la sensación subjetiva de dolor. Si se confirma, el hallazgo sería utilísimo para detectar cuándo un paciente sufre dolor, incluso aunque no pueda expresarlo, y para ayudar a combatirlo en quienes sufren dolores crónicos.

¿Qué nuevos detalles aprenderemos de cómo funcionan nuestros sentidos y las respuestas cerebrales que provocan?

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Derechos humanos

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 12 de diciembre de 2007


Varios lectores escriben para hacer patente su desacuerdo con lo dicho aquí la semana pasada: que la propuesta de castración química a violadores es una “peligrosa tontería”.

Quizá mi texto podía leerse como una defensa de los violadores. Nada más lejos de mi intención: soy el primero en pedir justicia implacable contra esos y otros criminales. Pero, contra lo que piensan Carlos Alazraki y el político para quien diseñó la campaña de “los derechos humanos no son para las ratas”, esta justicia no puede pasar por encima de los derechos de los criminales (sí: hasta ellos los tienen, nos guste o no). La Declaración Universal de los Derechos Humanos lo reconoce implícitamente. Artículo 5º: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”.

El Estado, si bien tiene obligación de utilizar los medios que sean necesarios (multas, cárcel…) para castigar a quienes infrinjan la ley, no tiene derecho a aplicar penas que vulneren la integridad corporal de los infractores, fisiológica ni anatómicamente. Por eso nos oponemos a las mutilaciones corporales, los azotes, la pena de muerte…

La ciencia ofrece razones para cuestionar la propuesta: se dice que la castración química es “reversible”, pero la afirmación es dudosa: es probable que deje secuelas, quizá graves. Más allá de eso, creer que un delito tan grave y destructivo como la violación es sólo producto de los “impulsos” irrefrenables del violador, y que puede controlarse sólo con hormonas es aplicar un reduccionismo biológico tan falso como simplista.

Los derechos humanos siempre son polémicos. Pensemos en los argumentos que los fumadores (como el siempre provocativo director de MILENIO, Carlos Marín) invocan para defender su “derecho humano” a fumar. Por supuesto, lo tienen, pero los efectos cancerígenos del humo de tabaco están comprobados más allá de toda duda, y como dicho humo se esparce, afecta a quienes no fumamos. Ellos tienen derecho a fumar (pero actúan irrazonablemente, al consumir un producto nocivo). Y nosotros tenemos derecho a no ser envenenados.

Mientras no se invente un cigarrillo que sólo desprenda humo hacia los pulmones del suicida (perdón, el fumador), el sagrado derecho a fumar tendrá que supeditarse al derecho a la salud de quienes no fumamos. ¡Ni modo! El tabaco hay que prohibirlo, y a los violadores hay que encarcelarlos, no mutilarlos

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Peligrosas tonterías

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 5 de diciembre de 2007


En una democracia, así sea incipiente como la nuestra, es necesario asumir que de vez en cuando se discutirán tonterías públicamente. Una de ellas, que no por tonta deja de ser preocupante, es la propuesta presentada por los priístas Tonatiuh González y Jorge Schiaffino en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en noviembre pasado para aplicar la “castración química” a violadores y abusadores sexuales.

Absurda como es, no se levantaron demasiadas voces, ni demasiado fuertes, en su contra. Pareciera que el principio humano básico de que el Estado no puede interferir con la integridad corporal de los ciudadanos se ha olvidado (mientras que los ciudadanos sí pueden disponer de la integridad de su cuerpo, como lo reconoce la actual iniciativa para legislar el cambio de sexo… a la que por supuesto ya se opusieron el PAN y la iglesia católica). ¿Qué seguirá? ¿Lobotomía (química o quirúrgica) para criminales agresivos? ¿Cortarle las manos a los ladrones?

Confiemos en que la sensatez aparezca y prevalezca. Por lo pronto, la otra tontería publicada en los medios recientemente –la propuesta hecha por el Secretario de Salud José Ángel Córdova en el Congreso Nacional sobre VIH-sida, la semana pasada, de establecer la prueba de sida obligatoria para trabajadores sexuales y para quienes quieran contraer matrimonio– ya ha sido retirada. Eso habla bien del Secretario: aunque sigue haciendo propuestas obtusas (probablemente por estar basadas en una moral católica), va entendiendo que no puede imponerlas.

Pero tratemos de comprender un poco cómo surgió esta propuesta: Córdova afirmó que la prueba prematrimonial (la cual sigue defendiendo) sería una forma de combatir el creciente número de mujeres que se infectan de sida. Lo malo es que ni él ni sus asesores pensaron en las consecuencias de la medida: ¿se prohibiría el matrimonio a quien tenga sida?

Cuando un legislador o funcionario público hace una propuesta mal reflexionada, corre el riesgo de violar los derechos humanos, y ni siquiera darse cuenta… Y tanto la moral católica como la desinformación científica son pésimas consejeras para formular políticas públicas. Ya los expertos se encargaron de aclararle al Secretario de Salud que las pruebas prematrimoniales de sida son inútiles y discriminatorias. Me pregunto cuánto tardará alguien en aclarar la tontería de la castración química.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Prejuicios, prepucios y clones sin embriones

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 28 de noviembre de 2007


La noticia, publicada la semana pasada, de la creación de células madre humanas a partir de células de piel opacó por completo la comentada en la anterior entrega de esta columna (la obtención de células madre de un primate —macaco rhesus— a partir de embriones clonados, cosa que no había sido posible hasta ahora… aunque ya el coreano Woo Suk Hwang lo había anunciado, fraudulentamente, hace dos años).

¿Por qué opacaron las células de piel humana a las de primate?

Primero, porque son humanas. Y segundo, porque no son embrionarias. Obtener células madre sin usar tejido embrionario elimina las objeciones éticas que tanta discusión han causado. Inmediatamente el Vaticano echó las campanas al vuelo (no las de Catedral, por suerte): monseñor Elio Sgreccia, presidente de la Academia Pontificia para la Vida, declaró que el logro evitaría el “maquiavelismo ético” (sic) de “salvar la vida de una persona matando a otra”.

¿Dónde está el prejuicio? 

En pensar que el conjunto de 128 células que, luego de 4 días de fecundado el óvulo, forman la esfera hueca llamada blástula, de cuyo interior se obtienen las células madre, es una “persona”. Eso es excesivo y falso. A menos que se crea en un alma inmaterial, una blástula no es más “persona” que el prepucio que se le corta a un recién nacido en la circuncisión.

Y justo fueron células de prepucio y de piel fetal las que usó el grupo de James Thomson, de la Universidad de Wisconsin, mientras que el de Shinya Yamanaka, de la de Kioto, usó células de piel de adultos. Introduciendo cuatro genes en ellas, lograron que se “desdiferenciaran” y dieran origen a “células pluripotenciales inducidas”, que son muy similares a las células madre y pueden dar origen a células de cualquier tejido.

Ambos logros, publicados respectivamente en las revistas Science y Cell, son prometedores e importantes. Pero no hay que apresurar juicios. Para introducir los genes se utilizó un virus que causa mutaciones y cáncer, y parte de los tejidos obtenidos fueron de tipo tumoral. Esto plantea serias objeciones al uso médico de la técnica.

Las células pluripotenciales inducidas pueden evitarnos problemas éticos, pero quizá no sean la mejor solución. 

Preferirlas sólo porque no son embrionarias es expresión de un prejuicio que, tal vez, tengamos que superar.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Otra vez, clonación

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 21 de noviembre de 2007


La clonación vuelve a ser noticia, con la obtención de células madre embrionarias a partir de embriones clonados de macacos rhesus (Milenio Diario, 15 de noviembre), lograda por el grupo de J. Byrne, de la Universidad de Oregon, como se reportó en la revista Nature.

Se trata de clonación terapéutica, que busca producir células en cultivo, y no de la polémica clonación reproductiva, que genera un organismo completo (un clon). El logro es importante porque se trata de la primera clonación exitosa de células de primate, grupo al que pertenecemos los humanos, y porque muestra que los problemas que habían impedido lograrlo pueden superarse.

La obtención de células madre clonadas de primate involucró, primero, insertar el núcleo de un célula de un macaco adulto en un óvulo al que previamente se le extirpó el núcleo (la misma técnica con que se produjo a la oveja Dolly). Luego se logró que ese óvulo comenzara a dividirse, de acuerdo al desarrollo embrionario, hasta la etapa de blástula, que contiene las células madre. Finalmente, éstas se aislaron y cultivaron.

La dificultad para clonar embriones de primate radicaba en que, luego de insertar el núcleo, el óvulo no sufría la “remodelación” celular que le permitía reprogramarse y comenzar a dividirse adecuadamente. Esto se debía a que no se eliminaba una proteína del esqueleto nuclear llamada lamina. Byrne y su grupo pensaron que esto podría deberse a la técnica de clonación, que involucra el uso de un colorante y luz ultravioleta. Eliminando estos factores, lograron llevar a buen término el proceso con una alta eficiencia (de 16%).

¿Por qué es importante el logro? Porque abre la posibilidad de que pronto podamos tener células madre embrionarias clonadas de humanos. ¿Y por qué queremos tenerlas? Por varias razones. La más conocida es la posibilidad de que, a partir de ellas, podrían producirse tejidos y hasta órganos de “repuesto” para víctimas de enfermedades y accidentes, que se les podrían transplantar sin rechazo (pues serían genéticamente idénticos). Pero además de esta promesa lejana (producir los tejidos sería lento y caro), están las más realistas de realizar investigación básica usando estas células que permita curar o prevenir enfermedades, además de utilizarlas para probar medicamentos y adecuarlos a las características de los pacientes.

Posibilidades interesantes, que hoy parecen estar un poco más cerca.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Sin teta no hay buen IQ

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 14 de noviembre de 2007


El eterno debate entre natura y cultura continúa vivo. ¿Qué determina características humanas importantes como inteligencia, agresividad o salud mental: los genes o la educación?

Aunque muchos preferiríamos que los problemas en estos campos se corrigieran sólo con enseñanza o psicoanálisis, lo cierto es que la influencia de factores biológicos es cada día más clara. El tema de la inteligencia provoca debates especialmente acalorados, pero un estudio recién publicado en la revista Proceedings of the Nacional Academy of Sciences muestra en detalle que los genes, aunque son determinantes, interactúan con factores ambientales para producir sus efectos.

Está ya bien comprobado que los bebés que consumen leche materna –un factor “ambiental”– tienen un IQ más elevado que los que se criaron con leche “de fórmula”. El efecto (que, por cierto se prolonga hasta la edad adulta: ¡no hay duda de que la leche materna es mejor!) se debe básicamente a que la mayoría de las fórmulas carecen de ciertos ácidos grasos poliinsaturados que son importantes para el buen desarrollo cerebral (en especial el araquidónico, un omega-6, y el docosahexaenóico o DHA, un omega-3, que intervienen en la fabricación de las membranas de las neuronas y las envolturas de mielina que protegen las conexiones nerviosas).

En el estudio, coordinado por Avshalom Caspi, del King’s College de Londres, se analizó el ADN, las historias de vida y el IQ, a lo largo de varios años, de dos grupos: mil 37 niños en Nueva Zelanda y dos mil 232 niños ingleses. Se estudió el gen FADS2, relacionado con el metabolismo de los ácidos araquidónico y DHA.

Se encontró que sólo los niños que tienen una de dos variantes posibles (alelos) del gen podían beneficiarse de la leche materna. En los bebés que no presentaban ese alelo, el haber sido amamantados no influía en el IQ.

De modo que la respuesta a la pregunta “¿natura o cultura?” es “ambas”. Pero hoy comenzamos a entender los detalles moleculares de esta interacción: los genes son la infraestructura, que si no está presente impide aprovechar las oportunidades que ofrece el ambiente. Será importante tomar en cuenta este conocimiento para, por ejemplo, diseñar planes de alimentación que tomen en cuenta las diferencias individuales o de grupo.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Las vueltas del gusano

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 7 de noviembre de 2007


El reduccionismo biológico es uno de los fantasmas de la biología moderna (bien lo sabe James Watson). Y sin embargo, al estudiar las bases biológicas del comportamiento animal recordamos que, después de todo, la biología está en la base de todo lo que somos los seres vivos.

Un ejemplo es la búsqueda de alimento, fundamental para la supervivencia y, sobre todo, la reproducción. En las bacterias se ha descubierto que su conducta de nadar hacia el alimento -o quimiotaxis-, aunque podría parecer “inteligente”, es producto de un sistema completamente “mecánico” que acopla las señales de los receptores de la membrana con el nanomotor que se encuentra en la base de su órgano locomotor, el flagelo. Así, la bacteria nada en línea recta cuando detecta alimento cerca, y da tumbos al azar cuando no lo detecta. La alternancia de ambos modos de nado la llevan a acercarse poco a poco a su objetivo.

Pero las bacterias constan de sólo una célula. Para entender mejor la conducta de animales superiores, es mucho mejor modelo el gusano cilíndrico (o lombriz) de un milímetro Caenorhabditis elegans. Su estudio durante varias décadas, que mereció el Nobel de medicina en 2002, ha llevado al desciframiento de su genoma y a conocer cada una de las 1,031 células que lo forman.

Un estudio publicado la semana pasada en la revista Nature por el equipo de investigación de Sreekanth Chalasani, de la Universidad Rockefeller, describe cómo la búsqueda de alimento por Caenorhabditis está regida por sólo tres neuronas de las 302 que conforman su sistema nervioso.

La primera es una neurona olfatoria, llamada AWC, que se activa cuando deja de percibir un olor atractivo. Su señal llega a dos neuronas intermedias, AIB y AIY. AIB se activa al recibir la señal de AWC, y aumenta la probabilidad de que el gusano dé la vuelta al nadar (lo cual puede ayudarlo a encontrar comida). La función de AIY, en cambio, es disminuir la probabilidad de que el gusano se voltée. La señal de AWC inhibe a AIY: si no hay comida cerca, conviene buscar.

La influencia de estas tres neuronas es probabilística, no determinista, y eso da flexibilidad al comportamiento del gusano. Otras neuronas influyen en la dirección del nado. Pero queda claro que comenzamos a entender en detalle los circuitos nerviosos que controlan comportamientos animales básicos.

¿Qué descubriremos más adelante?