Por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 3 de junio de 2009
La ciencia que aparece en los medios —periódicos, radio, televisión, internet— toma normalmente la forma de noticias, curiosidades, entretenimiento… La ciencia como una forma más de pasar el tiempo libre de manera grata.
Y está bien que así sea. Conviene que la ciencia esté presente en nuestra vida diaria, que la conozcamos, la disfrutemos y la entendamos.
Pero hay ocasiones —como sucedió con la reciente epidemia de influenza— en que de pronto recordamos que la ciencia puede ser asunto de vida o muerte. Y nos damos cuenta de que no tenemos comunicadores especializados, capaces de manejarla y ponerla al alcance del público de manera clara, rigurosa y confiable.
Y es que la ciencia, a diferencia de otras “fuentes” periodísticas, requiere una formación especial, pues no forma todavía, por desgracia, parte de la cultura de nuestros ciudadanos.
Por eso resultó alentador para mí asistir a dos eventos que buscan suplir esta carencia.
El primero fue el seminario “La ciencia, la tecnología y la innovación como noticias”, organizado en Acapulco por el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, organismo asesor del poder ejecutivo, y la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica (SOMEDICYT).
Como ya lo comentó mi colega Horacio Salazar, la reunión de periodistas científicos sirvió para darnos cuenta de que somos pocos y estamos aislados y desorganizados, pero tenemos el potencial de formar redes y asociaciones para profesionalizarnos y aumentar nuestras filas.
El segundo fue la XI reunión de la Red de Popularización de la Ciencia y la Tecnología en América Latina y el Caribe (RedPOP), en Montevideo, donde divulgadores de toda Latinoamérica nos reunimos a compartir experiencias y analizar retos.
Me llevo de ambas reuniones la convicción de que nuestra labor es necesaria, pues la necesidad de democratizar el conocimiento científico se volverá cada día más urgente, y de que vale la pena colaborar de manera académica para hacerla avanzar y mejorar.
Después de todo, se trata de servir a los ciudadanos que, con sus impuestos, pagan la investigación científica. El reto es lograr que la cultura científica se convierta en cultura popular.















