miércoles, 27 de febrero de 2008

Tabaco y confusión

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 27 de febrero de 2008

Siguiendo al maestro José de la Colina (20 de febrero), espero que nuestro director Carlos Marín no me corra por decir esto, pero me parece que quienes se oponen a la “Ley antitabaco” olvidan algo fundamental.

Arguyen que prohibir que se fume en espacios públicos es vulnerar un derecho de los fumadores: el de meterse la sustancia que se les venga en gana a los pulmones, con las consecuencias que esto tenga.

Puede que tengan razón. El café y el alcohol, por ejemplo, son drogas que pueden causar daño y no están reguladas. Pero otras, como la mariguana —que también se fuma— o la cocaína, están prohibidas. Y nadie se rasga las vestiduras por ello (bueno, casi nadie...).

Pero el punto no es ése: es que está comprobado, por medio de estudios clínicos rigurosos, que fumar aumenta de forma importante la probabilidad de padecer enfisema y cáncer de pulmón (junto con otros males, menos publicitados), enfermedades que causan anualmente miles de muertes. Ninguna de las otras drogas mencionadas perjudica de manera tan clara y directa la salud.

Además, el humo del tabaco se difunde alrededor del fumador, afectando a quienes lo rodean. Por ello, el “derecho a fumar” se contrapone directamente al derecho a no fumar de los demás. Esto tampoco ocurre con las otras drogas mencionadas, excepto la mariguana (podrá decirse que un borracho perjudica a los demás al conducir ebrio y causar un accidente, pero se trata de un efecto indirecto).

Así que fumar es dañino, y no sólo perjudica al fumador, sino a quien esté cerca. Éstos son hechos.

Lo que se les olvida a quienes adoptan la línea de “discriminación al fumador” para defender su vicio (o su gusto) es que las medidas contra el tabaquismo no están dirigidas a discriminar a una minoría de adictos: están encaminadas a disminuir su número. Lo que se busca es que haya cada día menos fumadores o que los que haya fumen cada vez menos. De modo que no: no se trata de discriminarlos, sino de ayudarlos a cambiar. Las razones son claras.

Una sociedad tiene derecho a combatir todo lo que la daña, sean hábitos, adicciones o enfermedades. Uno puede quejarse porque lo obliguen a vacunarse, a usar cinturón de seguridad, a no conducir tomado o a no fumar. Pero tratar de justificar tal oposición con argumentos es forzar las cosas. ¡Sólo espero que los fumadores no clamen, ahora, que se está planeando un genocidio contra ellos!
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miércoles, 20 de febrero de 2008

Homofobia

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 20 de febrero de 2008

Primero, MILENIO Diario nos informó que Albus Dumbledore, director de Hogwarts, la escuela de Harry Potter, es gay (según reveló su creadora). Luego, que una campaña contra la homofobia que muestra a un bebé con un brazalete que lo etiqueta como “gay” causó polémica en Italia. Después de que el 13 de febrero hubo una protesta frente a la Rectoría de la UNAM contra la agresión de vigilantes universitarios a dos estudiantes gays el 23 de noviembre pasado.

Por eso me extrañó, el sábado 16, la nota de Daniel Venegas donde se le dio amplio espacio a un supuesto “especialista” que afirma que “es posible cambiar a un homosexual”. Richard Cohen, director de la International Healing Foundation afirmó que “nadie na-
ce con atracción por el mismo sexo”; que “si alguien (la) tiene, significa que está lastimado en su corazón”, y que hay “razones psicológicas” que explican esta orientación sexual. “He ayudado a cientos de hombres y mujeres para cambiar de homosexual a heterosexual”, sostiene.

Para Cohen y su fundación, las relaciones gays no son saludables; requieren “sanación”. Aunque se declara “pro-elección”, al argumentar que los gays “merecen” la oportunidad de cambiar su orientación sexual, Cohen expresa una opinión homofóbica; discriminatoria. Cambie usted “homosexuales” por “negros” o “indígenas” y vea cómo suena; encontrará que se está suponiendo que la condición gay es mala, inferior, indeseable o antinatural. Todo lo cual es falso, como hoy sabemos.

Afortunadamente, al día siguiente, Francisco Iglesias publicó otra nota en la que Luis Perelman, él sí especialista reconocido en sexualidad y presidente de la Federación Mexicana de Educación Sexual y Sexología, refuta las ideas homofóbicas de Cohen (“charlatanería”, las llama con sobrada razón).

Pero no sólo son homofóbicas: son seudocientíficas y, por tanto, peligrosas. El discurso que busca “curar” la homosexualidad promueve el rechazo y el odio, y como afirma Perelman, sólo logra “mantener el clóset, la clandestinidad, la doble vida y la doble moral”.

A pesar de sus esfuerzos por parecer científicas, las “terapias de conversión” son sólo engaños que producen frustración y dolor. En el mejor de los casos, sólo pueden convertir a un homosexual en homosexual reprimido. Conviene leer La orientación sexual, de Luis González de Alba (Paidós, 2003) para estar un poco mejor informados.

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miércoles, 13 de febrero de 2008

¡Feliz Día de Darwin!



por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 13 de febrero de 2008

Un 12 de febrero, hace 199 años, Susannah Wedgwood y su esposo, el doctor Robert Darwin, vecinos de Shrewsbury, Inglaterra, recibieron a su quinto hijo, Charles.

Ayer, en muchas partes del mundo, tal evento se conmemoró como el Día de Darwin. Y se espera que en el 2009 los festejos sean a nivel mundial, pues este ilustre biólogo cumplirá 200 años de nacido. Ese mismo año su obra esencial, Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la supervivencia de las razas favorecidas en la lucha por la vida, cumplirá 150 años de haberse publicado.

En algunos lugares se organizan cada año eventos de lo más diverso para conmemorar el día: conferencias, ferias de ciencia, obras de teatro, exposiciones, protestas… (contra la introducción de ideas creacionistas en las clases de biología, como ha ocurrido en algunas partes de Estados Unidos).

En otros sitios, como México, el día pasa casi inadvertido. Tal vez por suerte, porque el hecho de que no necesitemos promover especialmente las ideas de Darwin muestra que en nuestro país no hay necesidad de luchar contra la competencia desleal del creacionismo (que se presenta falsamente como teoría científica, cuando es en realidad una creencia religiosa).

En cualquier caso, y sin soñar que se convierta en un día festivo oficial (como sí ocurre en Des Moines, Iowa, y quizá próximamente en Inglaterra y Australia), sería bonito que el día de Darwin se celebrara en México.

¿Por qué? Porque la teoría darwiniana es la columna vertebral que da sentido a toda la biología. Porque el concepto central de esa teoría, la selección natural, ha sido calificado como la idea más poderosa jamás concebida. Y porque sus aplicaciones fuera de la biología están revolucionando la ciencia, la industria y la vida diaria.

Darwin descubrió cómo, a partir la variabilidad y la herencia imperfecta de los sistemas biológicos, pueden surgir, sin necesidad de un diseñador, sino sólo como efecto de la “selección” que el ambiente ejerce sobre los organismos, todas la maravillosas adaptaciones del mundo viviente. Hoy la selección darwiniana se usa en computación, la industria farmacéutica, en economía y un sinfín de campos para extraer diseño del azar.

Pero quizá la mejor razón para celebrar a Darwin es que nos mostró que no hay necesidad de magia para que exista la belleza en el mundo. Por eso, ¡feliz Día de Darwin!

miércoles, 6 de febrero de 2008

Manejar herramientas

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 6 de febrero de 2008

Un simio toma una varita, le quita las hojas y la usa para escarbar un hormiguero, buscando comida. Está imitando a un congénere. Al principio lo hace torpemente, pero al poco rato maneja su primitiva herramienta con habilidad.

Un hombre maneja por primera vez un ratón de computadora. No sabe ni agarrarlo: ¡imposible que la flechita de la pantalla se mueva hacia donde desea! Pocos días después hace clic, arrastra y mueve objetos virtuales con gran precisión.

Un violinista ejecuta una partita para violín de Bach. Sus dedos vuelan pulsando las cuerdas; el arco se mueve vigoroso y exacto. Su maestría asombra y conmueve al público; él toca con los ojos cerrados.

¿Cómo llega nuestro cerebro
y el de otros primates— a manejar con tal precisión herramientas, objetos extraños a nuestro cuerpo? Una investigación publicada en la revista de la National Academy of Sciences revela que, en parte, lo hace “incorporándolas” al modelo virtual del cuerpo que construye.

Se estudiaron los patrones de activación de las neuronas de la corteza cerebral frontal de dos macacos cuando tomaban trozos de comida con sus manos. Cuando se entrenó a los monos a tomar la comida usando pinzas normales, que se cierran al apretar la mano, se halló que se activaban las mismas neuronas, en el mismo orden.

Para confirmar que lo observado era la representación cerebral del acto complejo de tomar comida, y no simplemente de apretar los dedos, se entrenó a los monos a usar pinzas “inversas”, que se abren al apretarlas (como pinzas para tubos de ensayo).

Los patrones de activación de las neuronas no variaron. Según Giacomo Rizzolatti, de la Universidad de Parma, cabeza del estudio (famoso por descubrir las “neuronas espejo”, activadas tanto al realizar una acción como al observar que alguien más la realiza, y que tienen que ver con el aprendizaje), los resultados indican que el cerebro aprende a considerar las pinzas como parte del cuerpo del mono.

En un futuro cercano, un cirujano opera un cerebro. No lo hace frente al paciente, que está en otra cuidad, sino ante una máquina llena de controles finos. Lentes especiales lo conectan, mediante internet, con la sala de operaciones. La tecnología de telepresencia que le permite controlar el robot que salva una vida ha sido mejorada para facilitar la integración de cerebro, cuerpo y máquina.

miércoles, 30 de enero de 2008

El segundo paso

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 30 de enero de 2008

Según el New York Times, la meta final es fabricar microorganismos sobre pedido. El experto especifica en una computadora las características requeridas (que elimine dióxido de carbono de la atmósfera, que destruya compuestos tóxicos, que no use oxígeno…). Luego oprime el botón “imprimir”, y ¡presto! Un complejo sintetizador de ADN fabrica el genoma requerido. Luego, éste es introducido en una célula “en blanco”, y en poco tiempo se tiene una bacteria diseñada para cubrir nuestras necesidades.

Es ciencia ficción, por el momento. Pero J. Craig Venter, el científico-empresario que se adelantó al Proyecto Genoma Humano al leer el total de la información genética de nuestra especie, en el año 2000 (oficialmente fue un empate), y que hace seis meses transplantó el genoma de una especie de bacteria a otra, acaba de anunciar que ha logrado el segundo paso de su gran plan.

El primero fue, precisamente, demostrar que se podía transplantar un genoma nuevo a una bacteria y lograr que sobreviviera. El segundo, anunciado en la revista Science el 24 de enero, fue fabricar un genoma bacteriano “sintético” completo: el de la bacteria Mycoplasma genitalium (que, como indica su nombre, puede causar infecciones venéreas).

Pero no se preocupe usted: el genoma sintético, que todavía no se ha logrado introducir a una célula y hacer que la reprograme (el tercer paso de la estrategia de Venter), ha sido alterado para impedir que la bacteria resultante sea infecciosa.

El genoma de M. genitalium consta de casi 583 mil letras —contra unos 3 mil millones, en el ser humano. Aún así, es la mayor molécula de ADN jamás fabricada. Venter lo logró encargando a tres compañías especializadas en síntesis de ADN la confección de 101 “cassettes”, que luego se pegaron de cuatro en cuatro para formar 25 moléculas mayores. Después se unieron éstas de tres en tres para obtener “octavos de genoma”; y éstos de dos en dos para formar cuartos. Por último, usando células de levadura como laboratorios vivientes, lograron armar el genoma completo.

Venter promete que el tercer paso será logrado este año (“estaría tan sorprendido como decepcionado si no lo logramos”, declaró).

Los expertos en bioética y seguridad ambiental ya están revisando la técnica, para prever posibles riesgos. Mientras tanto, sólo queda esperar a que se inicie esta nueva era de la “biología sintética”. ¡Agárrese fuerte!

miércoles, 23 de enero de 2008

Clones: comidos o trasplantados

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 23 de enero de 2008

Algunas asociaciones de consumidores ya pusieron el grito en el cielo, pero la Food and Drug Administration (FDA) estadunidense -que tiene quizá los estándares más altos del mundo para valorar posibles riesgos al consumidor- ha dictaminado que no hay riesgo. Que la carne y los productos derivados de animales clonados (en particular de ganado vacuno, porcino y caprino… de las ovejas, ejem, nada se dijo) son perfectamente seguros para comer.

Un clon es un duplicado genéticamente idéntico de un organismo. Un bistec de vaca clonada no tendría por qué ser más ni menos dañino que uno de vaca tradicional.

No se trata de comercializar carne de animales clonados (que son muy caros), sino de hacer clones de los mejores ejemplares y utilizarlos como pies de cría para producir rebaños mejorados. Por eso, si se decidiera etiquetar los productos clonados -la FDA no obligó a ello- las etiquetas sólo advertirían si el animal tuvo algún clon entre sus ancestros.

El Vaticano, por su parte, también se desgañitó ante la recién anunciada obtención de células madre embrionarias humanas, utilizando el método de transferencia nuclear, mismo que permitió la creación de Dolly la oveja.

El punto de discusión es, claro, el hecho de que para obtenerlas se tenga que destruir un embrión humano (así sea clonado) a los pocos días de fecundado. No hay argumento biológicamente válido para considerar que una blástula sea -todavía- un ser humano, pero las objeciones religiosas pesan..

¿Por qué insistir en células madre embrionarias, si ya se han podido producir las ansiadas células totipotenciales -que prometen dar origen a órganos y tejidos para transplantes y para tratar las más diversas enfermedades- a partir de células de la piel, sin usar embriones?

Porque estas últimas se produjeron introduciéndoles cuatro genes a través de un virus, lo cual puede tener efectos difíciles de prever.

Y porque las células madre embrionarias son más versátiles y robustas para producir tejidos diversos.

Es cuestión de tiempo. Discutiendo con base en evidencia confiable puede llegarse a acuerdos sociales. Así como pronto podremos comer alimentos clonados sin preocuparnos, tal vez dentro de no mucho agradeceremos el trasplante que nos salve la vida, aun si proviene de células clonadas.

miércoles, 16 de enero de 2008

La biosfera secreta

por Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 16 de enero de 2008

Los territorios inexplorados siempre han sido fascinantes. La posibilidad de descubrir nuevas tierras, gentes o especies de seres vivos resulta irresistible.

La búsqueda de nuevos continentes o poblaciones humanas desconocidas está ya agotada, pero de vez en cuando nos enteramos con satisfacción de que se ha hallado alguna nueva forma de vida. Recientemente, territorios como Surinam (antigua Guyana Holandesa) o Nueva Guinea (al norte de Australia) han revelado especies novedosas de insectos, anfibios y hasta mamíferos. Por supuesto, las profundidades marinas siguen albergando incontables organismos misteriosos que muy de vez en cuando tenemos ocasión de conocer. Y ni hablar de las incontables especies de bacterias que, por ser microscópicas, aún no hemos encontrado ni identificado.

Pero una cosa es hallar nuevas especies en la Tierra, y otra muy distinta encontrar vida en otro planeta, que podría ser completamente distinta a la que existe aquí. Todos los organismos terrestres formamos las ramas de un único "árbol de la vida" en cuya raíz se encuentran los primeros seres vivos que existieron en el planeta.

A partir de ellos evolucionamos todos los demás. Por eso compartimos la misma química, basada en el carbono. Nuestras proteínas están formadas por aminoácidos "izquierdos" (técnicamente, de tipo L) y nuestros azúcares son "derechos" (tipo D). Y almacenamos nuestra información genética en moléculas de ácido desoxirribonucleico (ADN).

Pero el árbol de la vida de otro planeta podría ser diferente. Podría usar aminoácidos novedosos (aquí todas las proteínas constan de los mismos 20, en infinitas combinaciones). Podrían tener aminoácidos D, o azúcares L. Podrían utilizar el ácido ribonucleico (ARN), molécula genética de los primeros organismos terrestres, que fue luego sustituida por su primo, el ADN. E incluso podrían tener una química más extraña, no basada en el carbono sino en el silicio, o que utilizara un disolvente distinto al agua, como el metano.

Las posibilidades son fascinantes. Pero más lo es la propuesta que analiza Paul Davies en la revista Scientific American de diciembre: la de que un árbol de la vida distinto haya podido florecer aquí mismo, en la Tierra, sin que lo hayamos notado.

¿Y si un día descubriéramos, sorprendidos, que hemos estado compartiendo el planeta con invisibles vecinos cuya existencia ni siquiera habíamos imaginado?

miércoles, 9 de enero de 2008

¡Y dale contra el aborto!

por Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 9 de enero de 2008

A Carmen Aristegui, víctima del miedo
de este régimen ante la crítica inteligente


Una característica definitoria de la derecha es su autoritarismo: no busca defender una postura, sino imponerla. Las libertades y derechos son secundarios ante ciertos “valores” que, en general, son conservadores y cercanos a los de la religión católica.

Muestra de ello es la campaña para echar atrás la legalización del aborto hasta las 12 semanas de gestación en el Distrito Federal , importante avance en los derechos de la mujer. Como se sabe, dos dependencias federales, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y la Procuraduría General de la República, han sometido recursos de inconstitucionalidad contra esta medida ante la Suprema Corte.

Ello obedece a una de las líneas principales de acción vaticanas, la promoción de la llamada “cultura de la vida” y la “defensa de la familia”. Entendida ésta, claro, sólo como la unión de hombre y mujer para tener hijos, y excluyendo a madres solteras, parejas sin hijos o divorciadas o del mismo sexo, ¡y hasta a madres que trabajan! (Carlos Briseño, obispo auxiliar de México, dixit, al compararlas con Herodes). Se maneja la falacia de que la existencia de familias diversas “amenaza” a la familia tradicional (¿cómo?).

La “cultura de la vida” se opone también al aborto, la eutanasia y en general al derecho a disponer del propio cuerpo. En esta tendencia se inscribe la reciente y tramposa campaña (¿la vio usted en parabuses y anuncios espectaculares?) que promovió el “día de los derechos humanos del concebido”.

¿Qué dice la ciencia ante esto? Simplemente, que una persona no aparece mágicamente al momento de la concepción, y que a las 12 semanas no es todavía un ser humano consciente ni sensible. Defender los derechos de alguien que aún no existe por encima de los de la mujer no es justo ni razonable.

¿Qué dice el sentido común? Que las decisiones en una democracia laica deben basarse en conocimientos, no dogmas. Ojalá el gobierno mexicano compartiera la visión del español de Rodríguez Zapatero, que ante la presión clerical ha afirmado que “seguiremos trabajando para que los ciudadanos españoles sean más libres y con más derechos”. Al final, los excesos autoritarios de la derecha religiosa son, como ha dicho el filósofo Fernando Savater, “prueba de que debemos ser racionalmente anticlericales”.

miércoles, 2 de enero de 2008

Evolución en Año Nuevo

por Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 2 de enero de 2008


Navidad y año nuevo son ocasiones propicias para dos cosas (además de comer rico y en exceso): hacer las cosas para las que uno nunca tiene tiempo, y reflexionar sobre lo que normalmente sí hace.

En mi caso, los días de fin de año son buena ocasión para ponerme al día en lecturas atrasadas. Inevitablemente, eso me hace reflexionar sobre mi propia labor de escribir sobre ciencia.

La revista 
Scientific American de diciembre, por ejemplo, trae tres interesantes textos relacionados con la evolución. Uno habla de cómo una muestra de bacterias del género Salmonella, al ser cultivadas en condiciones de falta de gravedad a bordo del transbordador espacial, se volvieron más virulentas. Aunque no se trata de evolución propiamente dicha (“no son bacterias mutantes del espacio”, afirmó uno de los responsables del estudio), sino de la activación de ciertos genes debido a las condiciones de cultivo, el experimento muestra cómo el ambiente modula las características de un organismo.

Los otros dos ejemplos muestran claramente la evolución en acción. Uno es un experimento en que se cultivaron 152 cajas de Petri con gusanos 
Caenorhabditis elegans junto con la bacteria Pseudomonas aeruginosa, que normalmente los mata. Inesperadamente, en una de las cajas hubo gusanos que sobrevivieron sin problemas. Se encontró que habían sufrido mutaciones que los volvieron resistentes a la bacteria, aunque con un costo: se mueven más lento que los gusanos normales, pues no respiran muy bien. Las bacterias actuaron como un filtro que seleccionó la mutación adecuada para sobrevivir: selección natural en vivo y en directo.

Finalmente, el tercer texto comenta otros numerosos casos en que la evolución se manifiesta fuera del laboratorio de manera clara y en una escala no de siglos ni milenios, sino de años. Sapos centroamericanos introducidos en Australia que han reducido su tamaño y toxicidad y alargado sus piernas; peces que han disminuido su talla debido a que los pescadores prefieren los ejemplares grandes…

En resumen, y a pesar de la incredulidad de quienes, como los creacionistas norteamericanos, niegan la evolución darwiniana, ésta es una realidad que se manifiesta en todo el mundo natural. Y es importante informar al público de éste y otros hechos científicos.

Es bueno confirmar, leyendo textos así, que la labor a la que uno se dedica vale la pena.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Brújula polémica

por Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 12 de diciembre de 2007


Que el Vaticano condene una película -y la novela en que se basa- es la mejor manera de convertirlas en éxitos. Funcionó con El código da Vinci, y hoy con la cinta La brújula dorada, basada en Luces del norte, primera novela de la trilogía La materia oscura, del inglés Philip Pullman.

El diario oficial Vaticano, L’Osservatore Romano, la califica como “la película más antinavideña posible”. “En el mundo de Pullman -afirma- la esperanza simplemente no existe porque no hay salvación, sólo la capacidad personal e individualista para controlar la situación y dominar los eventos”. ¿Qué tiene eso de malo?, pregunto yo.

Las novelas presentan mundos paralelos en que las personas tienen el alma por fuera del cuerpo, en forma de animales llamados “daemons” o dáimones, palabra que causó alarma entre los católicos (en español, para esquivar el problema, se tradujo como “daimoniones”). Muestran también una iglesia todopoderosa y opresiva, aunque en la cinta toda referencia a ella se ha eliminado, dejando sólo un abstracto “magisterio”.

Aunque Pullman es ateo (lo cual no debería ser problema), ha declarado que los libros “defienden ciertos valores que considero importantes, como que esta vida es inmensamente valiosa, que este mundo es un lugar extraordinariamente bello y que debemos hacer lo posible para incrementar la cantidad de sabiduría en el mundo”. No parecen valores muy peligrosos.

Curiosamente, la trilogía se inspiró en la mecánica cuántica, una de cuyas intrigantes predicciones es que una partícula, mientras no se la observe, existe en varios estados a la vez (como el gato de Schrödinger, a la vez vivo y muerto). La interpretación clásica es que el acto de observar hace que estas posibilidades se “colapsen” en una sola. Pero en 1954 el físico estadunidense Hugh Everett presentó otra versión: al observar la partícula, el universo se divide en “ramas”, en cada una de las cuales se realiza una posibilidad predicha por las ecuaciones cuánticas.

La “interpretación de muchos mundos” de Everett ha ido ganando adeptos entre los físicos. En las novelas de Pullman aparecen mundos paralelos basados en ella (incluso aparece un físico que la menciona), y sus personajes logran pasar de uno a otro.

Más que propaganda anticristiana, La brújula dorada es una crítica al autoritarismo y a la confianza en soluciones mágicas. 

A mí me encantó.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

La función del cerebro

por Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 12 de diciembre de 2007


Si, como parece, el XXI será el siglo del cerebro, no sorprende que día con día se publiquen noticias que muestran cómo vamos descubriendo más y más detalles de su funcionamiento íntimo.

No sorprende, pero sí asombra, por la cantidad de hallazgos inesperados que nos muestran cómo ésta, la estructura más elaborada que existe en el universo, ha evolucionado para poder realizar las hazañas de procesamiento de información que percibimos como nuestra realidad y nuestro “yo” o conciencia.

Dos ejemplos recientes. Uno, la investigación realizada por el grupo de Ko Kobayakawa, de la Universidad de Tokio, y publicado en la revista Nature, que muestra que el olfato de los mamíferos funciona a través de un “mapa” en el que pueden distinguirse regiones dedicadas a distintos usos.

El bulbo olfatorio, en la parte baja del cerebro, concentra las señales provenientes de las neuronas del epitelio olfatorio, localizado en el interior de la nariz. Cada neurona olfatoria tiene receptores que detectan un tipo de sustancia que flota en el aire. Al encajar la molécula en el receptor adecuado, como una llave en su cerradura, la neurona envía un mensaje al bulbo olfatorio, y éste al cerebro, que finalmente produce la sensación de olor.

El artículo llegó a las noticias (MILENIO Diario, 14 de diciembre) porque los ratones a los que se les inactivó cierta zona del bulbo olfatorio perdieron el miedo ante el olor de depredadores (la foto mostraba a un ratoncito jugando amigablemente con un gato). Pero los ratones todavía podían aprender a temerle al gato, si se les entrenaba para ello. La verdadera importancia del estudio es que mostró que una zona del bulbo olfatorio permite que ciertos olores provoquen una respuesta innata de rechazo, mientras que otra puede detectar el mismo olor sin provocar tal respuesta, y puede servir para aprender respuestas nuevas.

Por su parte, Morten Kringelbach, de la Universidad de Oxford, reportó en un congreso datos preliminares que muestran que ciertas ondas cerebrales están asociadas directamente con la sensación subjetiva de dolor. Si se confirma, el hallazgo sería utilísimo para detectar cuándo un paciente sufre dolor, incluso aunque no pueda expresarlo, y para ayudar a combatirlo en quienes sufren dolores crónicos.

¿Qué nuevos detalles aprenderemos de cómo funcionan nuestros sentidos y las respuestas cerebrales que provocan?

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Derechos humanos

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 12 de diciembre de 2007


Varios lectores escriben para hacer patente su desacuerdo con lo dicho aquí la semana pasada: que la propuesta de castración química a violadores es una “peligrosa tontería”.

Quizá mi texto podía leerse como una defensa de los violadores. Nada más lejos de mi intención: soy el primero en pedir justicia implacable contra esos y otros criminales. Pero, contra lo que piensan Carlos Alazraki y el político para quien diseñó la campaña de “los derechos humanos no son para las ratas”, esta justicia no puede pasar por encima de los derechos de los criminales (sí: hasta ellos los tienen, nos guste o no). La Declaración Universal de los Derechos Humanos lo reconoce implícitamente. Artículo 5º: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”.

El Estado, si bien tiene obligación de utilizar los medios que sean necesarios (multas, cárcel…) para castigar a quienes infrinjan la ley, no tiene derecho a aplicar penas que vulneren la integridad corporal de los infractores, fisiológica ni anatómicamente. Por eso nos oponemos a las mutilaciones corporales, los azotes, la pena de muerte…

La ciencia ofrece razones para cuestionar la propuesta: se dice que la castración química es “reversible”, pero la afirmación es dudosa: es probable que deje secuelas, quizá graves. Más allá de eso, creer que un delito tan grave y destructivo como la violación es sólo producto de los “impulsos” irrefrenables del violador, y que puede controlarse sólo con hormonas es aplicar un reduccionismo biológico tan falso como simplista.

Los derechos humanos siempre son polémicos. Pensemos en los argumentos que los fumadores (como el siempre provocativo director de MILENIO, Carlos Marín) invocan para defender su “derecho humano” a fumar. Por supuesto, lo tienen, pero los efectos cancerígenos del humo de tabaco están comprobados más allá de toda duda, y como dicho humo se esparce, afecta a quienes no fumamos. Ellos tienen derecho a fumar (pero actúan irrazonablemente, al consumir un producto nocivo). Y nosotros tenemos derecho a no ser envenenados.

Mientras no se invente un cigarrillo que sólo desprenda humo hacia los pulmones del suicida (perdón, el fumador), el sagrado derecho a fumar tendrá que supeditarse al derecho a la salud de quienes no fumamos. ¡Ni modo! El tabaco hay que prohibirlo, y a los violadores hay que encarcelarlos, no mutilarlos

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Peligrosas tonterías

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 5 de diciembre de 2007


En una democracia, así sea incipiente como la nuestra, es necesario asumir que de vez en cuando se discutirán tonterías públicamente. Una de ellas, que no por tonta deja de ser preocupante, es la propuesta presentada por los priístas Tonatiuh González y Jorge Schiaffino en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en noviembre pasado para aplicar la “castración química” a violadores y abusadores sexuales.

Absurda como es, no se levantaron demasiadas voces, ni demasiado fuertes, en su contra. Pareciera que el principio humano básico de que el Estado no puede interferir con la integridad corporal de los ciudadanos se ha olvidado (mientras que los ciudadanos sí pueden disponer de la integridad de su cuerpo, como lo reconoce la actual iniciativa para legislar el cambio de sexo… a la que por supuesto ya se opusieron el PAN y la iglesia católica). ¿Qué seguirá? ¿Lobotomía (química o quirúrgica) para criminales agresivos? ¿Cortarle las manos a los ladrones?

Confiemos en que la sensatez aparezca y prevalezca. Por lo pronto, la otra tontería publicada en los medios recientemente –la propuesta hecha por el Secretario de Salud José Ángel Córdova en el Congreso Nacional sobre VIH-sida, la semana pasada, de establecer la prueba de sida obligatoria para trabajadores sexuales y para quienes quieran contraer matrimonio– ya ha sido retirada. Eso habla bien del Secretario: aunque sigue haciendo propuestas obtusas (probablemente por estar basadas en una moral católica), va entendiendo que no puede imponerlas.

Pero tratemos de comprender un poco cómo surgió esta propuesta: Córdova afirmó que la prueba prematrimonial (la cual sigue defendiendo) sería una forma de combatir el creciente número de mujeres que se infectan de sida. Lo malo es que ni él ni sus asesores pensaron en las consecuencias de la medida: ¿se prohibiría el matrimonio a quien tenga sida?

Cuando un legislador o funcionario público hace una propuesta mal reflexionada, corre el riesgo de violar los derechos humanos, y ni siquiera darse cuenta… Y tanto la moral católica como la desinformación científica son pésimas consejeras para formular políticas públicas. Ya los expertos se encargaron de aclararle al Secretario de Salud que las pruebas prematrimoniales de sida son inútiles y discriminatorias. Me pregunto cuánto tardará alguien en aclarar la tontería de la castración química.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Prejuicios, prepucios y clones sin embriones

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 28 de noviembre de 2007


La noticia, publicada la semana pasada, de la creación de células madre humanas a partir de células de piel opacó por completo la comentada en la anterior entrega de esta columna (la obtención de células madre de un primate —macaco rhesus— a partir de embriones clonados, cosa que no había sido posible hasta ahora… aunque ya el coreano Woo Suk Hwang lo había anunciado, fraudulentamente, hace dos años).

¿Por qué opacaron las células de piel humana a las de primate?

Primero, porque son humanas. Y segundo, porque no son embrionarias. Obtener células madre sin usar tejido embrionario elimina las objeciones éticas que tanta discusión han causado. Inmediatamente el Vaticano echó las campanas al vuelo (no las de Catedral, por suerte): monseñor Elio Sgreccia, presidente de la Academia Pontificia para la Vida, declaró que el logro evitaría el “maquiavelismo ético” (sic) de “salvar la vida de una persona matando a otra”.

¿Dónde está el prejuicio? 

En pensar que el conjunto de 128 células que, luego de 4 días de fecundado el óvulo, forman la esfera hueca llamada blástula, de cuyo interior se obtienen las células madre, es una “persona”. Eso es excesivo y falso. A menos que se crea en un alma inmaterial, una blástula no es más “persona” que el prepucio que se le corta a un recién nacido en la circuncisión.

Y justo fueron células de prepucio y de piel fetal las que usó el grupo de James Thomson, de la Universidad de Wisconsin, mientras que el de Shinya Yamanaka, de la de Kioto, usó células de piel de adultos. Introduciendo cuatro genes en ellas, lograron que se “desdiferenciaran” y dieran origen a “células pluripotenciales inducidas”, que son muy similares a las células madre y pueden dar origen a células de cualquier tejido.

Ambos logros, publicados respectivamente en las revistas Science y Cell, son prometedores e importantes. Pero no hay que apresurar juicios. Para introducir los genes se utilizó un virus que causa mutaciones y cáncer, y parte de los tejidos obtenidos fueron de tipo tumoral. Esto plantea serias objeciones al uso médico de la técnica.

Las células pluripotenciales inducidas pueden evitarnos problemas éticos, pero quizá no sean la mejor solución. 

Preferirlas sólo porque no son embrionarias es expresión de un prejuicio que, tal vez, tengamos que superar.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Otra vez, clonación

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 21 de noviembre de 2007


La clonación vuelve a ser noticia, con la obtención de células madre embrionarias a partir de embriones clonados de macacos rhesus (Milenio Diario, 15 de noviembre), lograda por el grupo de J. Byrne, de la Universidad de Oregon, como se reportó en la revista Nature.

Se trata de clonación terapéutica, que busca producir células en cultivo, y no de la polémica clonación reproductiva, que genera un organismo completo (un clon). El logro es importante porque se trata de la primera clonación exitosa de células de primate, grupo al que pertenecemos los humanos, y porque muestra que los problemas que habían impedido lograrlo pueden superarse.

La obtención de células madre clonadas de primate involucró, primero, insertar el núcleo de un célula de un macaco adulto en un óvulo al que previamente se le extirpó el núcleo (la misma técnica con que se produjo a la oveja Dolly). Luego se logró que ese óvulo comenzara a dividirse, de acuerdo al desarrollo embrionario, hasta la etapa de blástula, que contiene las células madre. Finalmente, éstas se aislaron y cultivaron.

La dificultad para clonar embriones de primate radicaba en que, luego de insertar el núcleo, el óvulo no sufría la “remodelación” celular que le permitía reprogramarse y comenzar a dividirse adecuadamente. Esto se debía a que no se eliminaba una proteína del esqueleto nuclear llamada lamina. Byrne y su grupo pensaron que esto podría deberse a la técnica de clonación, que involucra el uso de un colorante y luz ultravioleta. Eliminando estos factores, lograron llevar a buen término el proceso con una alta eficiencia (de 16%).

¿Por qué es importante el logro? Porque abre la posibilidad de que pronto podamos tener células madre embrionarias clonadas de humanos. ¿Y por qué queremos tenerlas? Por varias razones. La más conocida es la posibilidad de que, a partir de ellas, podrían producirse tejidos y hasta órganos de “repuesto” para víctimas de enfermedades y accidentes, que se les podrían transplantar sin rechazo (pues serían genéticamente idénticos). Pero además de esta promesa lejana (producir los tejidos sería lento y caro), están las más realistas de realizar investigación básica usando estas células que permita curar o prevenir enfermedades, además de utilizarlas para probar medicamentos y adecuarlos a las características de los pacientes.

Posibilidades interesantes, que hoy parecen estar un poco más cerca.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Sin teta no hay buen IQ

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 14 de noviembre de 2007


El eterno debate entre natura y cultura continúa vivo. ¿Qué determina características humanas importantes como inteligencia, agresividad o salud mental: los genes o la educación?

Aunque muchos preferiríamos que los problemas en estos campos se corrigieran sólo con enseñanza o psicoanálisis, lo cierto es que la influencia de factores biológicos es cada día más clara. El tema de la inteligencia provoca debates especialmente acalorados, pero un estudio recién publicado en la revista Proceedings of the Nacional Academy of Sciences muestra en detalle que los genes, aunque son determinantes, interactúan con factores ambientales para producir sus efectos.

Está ya bien comprobado que los bebés que consumen leche materna –un factor “ambiental”– tienen un IQ más elevado que los que se criaron con leche “de fórmula”. El efecto (que, por cierto se prolonga hasta la edad adulta: ¡no hay duda de que la leche materna es mejor!) se debe básicamente a que la mayoría de las fórmulas carecen de ciertos ácidos grasos poliinsaturados que son importantes para el buen desarrollo cerebral (en especial el araquidónico, un omega-6, y el docosahexaenóico o DHA, un omega-3, que intervienen en la fabricación de las membranas de las neuronas y las envolturas de mielina que protegen las conexiones nerviosas).

En el estudio, coordinado por Avshalom Caspi, del King’s College de Londres, se analizó el ADN, las historias de vida y el IQ, a lo largo de varios años, de dos grupos: mil 37 niños en Nueva Zelanda y dos mil 232 niños ingleses. Se estudió el gen FADS2, relacionado con el metabolismo de los ácidos araquidónico y DHA.

Se encontró que sólo los niños que tienen una de dos variantes posibles (alelos) del gen podían beneficiarse de la leche materna. En los bebés que no presentaban ese alelo, el haber sido amamantados no influía en el IQ.

De modo que la respuesta a la pregunta “¿natura o cultura?” es “ambas”. Pero hoy comenzamos a entender los detalles moleculares de esta interacción: los genes son la infraestructura, que si no está presente impide aprovechar las oportunidades que ofrece el ambiente. Será importante tomar en cuenta este conocimiento para, por ejemplo, diseñar planes de alimentación que tomen en cuenta las diferencias individuales o de grupo.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Las vueltas del gusano

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 7 de noviembre de 2007


El reduccionismo biológico es uno de los fantasmas de la biología moderna (bien lo sabe James Watson). Y sin embargo, al estudiar las bases biológicas del comportamiento animal recordamos que, después de todo, la biología está en la base de todo lo que somos los seres vivos.

Un ejemplo es la búsqueda de alimento, fundamental para la supervivencia y, sobre todo, la reproducción. En las bacterias se ha descubierto que su conducta de nadar hacia el alimento -o quimiotaxis-, aunque podría parecer “inteligente”, es producto de un sistema completamente “mecánico” que acopla las señales de los receptores de la membrana con el nanomotor que se encuentra en la base de su órgano locomotor, el flagelo. Así, la bacteria nada en línea recta cuando detecta alimento cerca, y da tumbos al azar cuando no lo detecta. La alternancia de ambos modos de nado la llevan a acercarse poco a poco a su objetivo.

Pero las bacterias constan de sólo una célula. Para entender mejor la conducta de animales superiores, es mucho mejor modelo el gusano cilíndrico (o lombriz) de un milímetro Caenorhabditis elegans. Su estudio durante varias décadas, que mereció el Nobel de medicina en 2002, ha llevado al desciframiento de su genoma y a conocer cada una de las 1,031 células que lo forman.

Un estudio publicado la semana pasada en la revista Nature por el equipo de investigación de Sreekanth Chalasani, de la Universidad Rockefeller, describe cómo la búsqueda de alimento por Caenorhabditis está regida por sólo tres neuronas de las 302 que conforman su sistema nervioso.

La primera es una neurona olfatoria, llamada AWC, que se activa cuando deja de percibir un olor atractivo. Su señal llega a dos neuronas intermedias, AIB y AIY. AIB se activa al recibir la señal de AWC, y aumenta la probabilidad de que el gusano dé la vuelta al nadar (lo cual puede ayudarlo a encontrar comida). La función de AIY, en cambio, es disminuir la probabilidad de que el gusano se voltée. La señal de AWC inhibe a AIY: si no hay comida cerca, conviene buscar.

La influencia de estas tres neuronas es probabilística, no determinista, y eso da flexibilidad al comportamiento del gusano. Otras neuronas influyen en la dirección del nado. Pero queda claro que comenzamos a entender en detalle los circuitos nerviosos que controlan comportamientos animales básicos.

¿Qué descubriremos más adelante?

miércoles, 31 de octubre de 2007

En defensa de Watson

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 31 de octubre de 2007


Más de un lector me ha escrito para extrañarse de la severidad del juicio que expresé la semana pasada respecto a las infortunadas declaraciones de James D. Watson sobre la relación entre IQ y raza, que tanto revuelo causaron, y por las que Watson mismo está pagando un precio que seguramente nunca previó.

Y es que resulta difícil, y hasta doloroso, creer que un científico de su estatura e intelecto haya hecho declaraciones tan torpes. El mismo Watson, en un artículo publicado en The independent después del escándalo, se asombra de sí mismo: “si dije lo que se me citó diciendo, sólo me queda admitir que estoy atónito”.

James Watson es, debo decirlo, uno de mis ídolos. Y por buenas razones. Además de descubrir, con Francis Crick, la estructura en doble hélice del ADN (la molécula más bella, y quizá la más importante, del mundo), durante más de 50 años ha sido un científico influyente y creativo. Coordinó el Cold Spring Harbor Laboratory, uno de los más importantes centros de investigación en genética y biología molecular, durante casi 40 años (tristemente, el escándalo lo obligó a retirarse) y promovió y encabezó el Proyecto del Genoma Humano.

Ha escrito varias excelentes autobiografías. La doble hélice, que tantas vocaciones ha despertado; Genes, chicas y laboratorios, y la reciente Avoid boring people. También es autor de varios increíblemente exitosos (y buenísimos) libros de texto: Biología molecular del gen, que revolucionó la enseñanza de la genética al adoptar la entonces novedosa visión molecular, y décadas después, fruto de un trabajo de equipo, la Biología molecular de la célula. Ambos son clásicos, leídos por estudiantes de ciencia en todo el mundo.

Por todo eso duele ver que Watson, quien se enorgullece de “nunca avergonzarse de decir lo que creo que es la verdad”, haya llevado su costumbre al extremo de autodestruirse.

Tiene razón al afirmar que el estudio de las bases biológicas de la inteligencia, y su relación con las distintas poblaciones humanas, no debe ser confundido con el racismo. Pero se equivoca al insinuar que la genética es toda la explicación (o la más importante), y al olvidar que, además de la genética, la cuestión de la inteligencia tiene aspectos éticos, sociales y culturales. Qué triste que este gran hombre vaya a pasar a la historia como “Watson el racista”.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Dos viejos tontos

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 17 de octubre de 2007


Ser científico no quita lo pendejo.

No puedo decir otra cosa cuando escucho a Fred Alan Wolf, físico-merolico conocido como “Dr. Quantum”, afirmar que uno puede cambiar la realidad con sólo desearlo.

En entrevista en radio nacional, parte de una gira de conferencias en que promueve las charlatanerías new age de las películas ¿Y tú qué sabes? y El secreto, Wolf afirmó que, como la mecánica cuántica muestra que un observador puede influir en el estado de partículas como electrones o fotones, lo mismo ocurre a nivel macroscópico: uno puede dejar ser gordo, feo o pobre con sólo decidirlo.

Pero la física cuántica avanza, y hoy la teoría de la decoherencia elimina la necesidad de un observador para explicar los extraños fenómenos cuánticos. Además, siempre se ha sabido que es imposible que estos fenómenos se manifiesten fuera del nivel subatómico.

¿Es Wolf un embaucador? Prefiero creer que es un científico que sinceramente cree en las ideas equivocadas. Pero el hecho es que él y sus colegas ganan dinero gracias a la credulidad de ciudadanos ávidos de encontrar soluciones a los problemas de la vida.

Algo similar ocurre con James D. Watson, codescubridor de la doble hélice del ADN y Premio Nobel, quien se ha ganado —nuevamente— el repudio público por hacer declaraciones sinceras y quizá correctas, pero excesivamente provocativas, miopes y profundamente ofensivas para la opinión pública.

El 14 de octubre, en entrevista con el Sunday Times, Watson declaró que la inteligencia de los negros es menor que la de los caucásicos, y que hay que tomar esto en cuenta para tratarlos con justicia.

Y es que, al parecer, hay datos sólidos que muestran que en pruebas de IQ los africanos tienden a obtener menos puntos que los caucásicos (y éstos que los orientales). Pero sólo una visión simplista y biologicista brincaría a una conclusión como la de Watson. Antes hay mucho que discutir, incluyendo si existen las razas, qué son la inteligencia y el IQ, y para qué los queremos medir.

Hoy Watson sufre las consecuencias de sus bien intencionadas, pero desafortunadas e imprudentes declaraciones: la cancelación de una gira de charlas en Inglaterra sobre su nuevo libro, la suspensión de sus funciones en el laboratorio donde trabaja desde hace décadas, y quizá lo más grave: el descrédito internacional.

Lo dicho: ser científico, aunque se tenga un Nobel, no quita lo pendejo.

miércoles, 17 de octubre de 2007

En efecto, falsa ciencia

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 17 de octubre de 2007


Se duele Fernando Solana Olivares (MILENIO Diario, 12 de octubre) de la opinión personal que publiqué sobre una de sus columnas (7 de septiembre) en la que afirmaba que “en el nivel subatómico… existe una manifestación de la conciencia” con la que, según él, se puede comunicar mediante la meditación.

Desafortunadamente no menciona que la publiqué en un blog personal, no en una columna periodística. En el blog comento “cosas inútiles pero interesantes”, y me pitorreo de lo que me parece ridículo, con el tono irrespetuoso de una charla de café (que nunca usaría en MILENIO). Tampoco menciona que en otra entrada del blog (17 de septiembre) elogio otra de sus columnas, donde habla sensatamente del debate sobre los medios.

Pero mi opinión se sostiene. Solana critica el “lugar común semiilustrado” de denostar los libros de autosuperación… y a continuación nos receta una serie de contradictorios lugares comunes sobre la ciencia.

Habla de “los sacristanes científicos (que) practican un pensamiento reductivo”, pero ¿puede haber algo más reductivo (y simplista) que pensar que la conciencia humana surge de la de los átomos?

Denuesta el “lamentable papel de la ciencia-técnica moderna: mercantilista, amoral, responsable de la era industrial y de sus horrores químicos, físicos, médicos, ambientales, económicos y sociales”. Pero no menciona los beneficios indudables —y mucho más numerosos— que la ciencia nos ha dado.

Apela al supuesto “misticismo” de grandes científicos... que ellos mismos se encargaron de negar. Schrödinger escribió: “Dios debe quedar fuera del marco del espacio-tiempo. ‘No encuentro a Dios en el espacio ni en el tiempo’, dice el físico sincero”. Y Einstein aclaró que su famoso sentimiento religioso no era de tipo místico, sino sólo consecuencia de su “admiración ilimitada por la estructura del mundo, según nos la puede revelar nuestra ciencia”.

Entendemos muy bien a los átomos. Pensar que tienen conciencia es ignorar el auténtico conocimiento científico, prefiriendo menjurjes seudocientíficos que mezclan ciencia y pensamiento mágico. La búsqueda de la espiritualidad es válida, como cualquier otra empresa humana. Lo inaceptable es vender como auténtica la falsa ciencia que busca espíritus en átomos, energías y vibraciones que no son más que manifestaciones del universo físico.

miércoles, 10 de octubre de 2007

¡Ahí viene la Iglesia!

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 10 de octubre de 2007

En Managua, la policía dispersa con violencia a manifestantes que protestaban porque la Asamblea Nacional prohibió, tras presiones católicas y protestantes, el aborto terapéutico, decisión arbitraria que condena a muerte a numerosas mujeres (Reforma, 5 de octubre). Una muestra de lo que pasa cuando las creencias religiosas se usan como criterio para decidir en temas de salud y bienestar social.

Mientras tanto en México la jerarquía católica, apoyada por el Vaticano y el Colegio de Abogados Católicos, exige “libertad religiosa plena” y promueve una reforma constitucional a los artículos 3, 24 y 130, con objeto de impartir educación religiosa en las escuelas, que las iglesias puedan poseer estaciones de radio y tv y los ministros religiosos puedan asociarse con fines políticos, ser votados a puestos de elección, oponerse a leyes del país, realizar proselitismo... En realidad no se busca libertad religiosa, que ya se tiene, sino echar atrás el concepto de sociedad laica.

Hay buenas razones, sociales e históricas, para tener las leyes que tenemos. Una es que sufrimos ya una guerra civil, la cristera (1926-1929) ocasionada por la oposición entre Iglesia y Estado: no queremos que pueda repetirse. Otra es que los ministros católicos le deben obediencia al jefe de un Estado extranjero (el Vaticano), por lo que ser funcionarios públicos los llevaría a un conflicto de intereses.

Pero quizá lo más importante es que, a diferencia del pensamiento científico, que fomenta el espíritu crítico y exige pruebas que sustenten lo que se afirma, la educación religiosa promueve la fe: creer algo, por absurdo que sea, sin necesidad de pruebas. Por algo la Constitución exige una educación a la vez laica y científica: se trata de dar a los ciudadanos herramientas útiles en una democracia. La religión pertenece naturalmente al ámbito de lo privado.

Como aclara el especialista en relaciones Iglesia-Estado Roberto Blancarte ayer en MILENIO Diario, la actuación de la Iglesia católica es eminentemente política. Y como señaló Claudia Ruiz Arriola el viernes en Reforma, “la democracia católica... es una contradicción en términos. La democracia niega, por principio, los dogmas sobre los que asienta su poder terrenal la Iglesia católica: la existencia de una verdad absoluta y la infalibilidad de una persona.”

Parece increíble que haya que tener nuevamente ese debate.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Ética y naturaleza

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 3de octubre de 2007


Hay unas avispas con una costumbre que a los humanos nos parece brutal: a la hora de reproducirse, buscan una oruga gorda y saludable, le caen encima y la paralizan con su aguijón. Luego depositan en ella sus huevecillos. Cuando las larvas nacen, se comen viva a la oruga que, inmóvil, se convierte en una fuente de carne fresca y abundante.

¿Monstruoso? Al respecto, Charles Darwin escribió: “No puedo convencerme de que un Dios benévolo y omnipotente hubiera creado a propósito a las [avispas] Ichneumonidae con la intención expresa de que se alimentaran con los cuerpos vivos de las orugas”. Hoy diríamos que Dios, en caso de existir, no tuvo nada que ver. Pero ello no impide que nos horroricemos ante éste y otros ejemplos de lo despiadada que puede ser la naturaleza.

Y los ejemplos no escasean: otras orugas son parasitadas por una pequeña lombriz, o nemátodo, en cuyo intestino a su vez vive la bacteria Photorhabdus luminiscens. Cuando el nematodo entra en la oruga, vomita a las bacterias, que liberan toxinas que la paralizan y literalmente la disuelven por dentro, convirtiéndola en un caldo nutritivo dentro de su propio pellejo. En ese caldo el nemátodo se reproduce, y sus crías son a su vez infectadas por Photorhabdus, para luego salir a parasitar otras orugas, con lo que el ciclo se repite.

Existen también casos de fratricidio entre aves: los primeros polluelos que salen del cascarón agreden a picotazos a los más jóvenes, llegando a matarlos o a expulsarlos del nido.

Y entre leones, cuando los machos alfa destronan a un macho más viejo o enfermo, suelen matar a los cachorros que aquél haya procreado con las hembras de la manada, para luego fecundarlas y dejar su propia descendencia, eliminando a la de su antecesor, al más puro estilo de Shakespeare.

Uno podría, como Darwin, escandalizarse al ver que la naturaleza “tolera” estos comportamientos. Pero recordemos que la moral y la ética son fenómenos exclusivamente humanos. Así como no decimos que una supernova o un terremoto son “crueles”, no tiene sentido juzgar el comportamiento animal con criterios humanos. La naturaleza, finalmente, no es moral ni inmoral: sólo es. En todo caso, podríamos decir que es amoral. Lo cual no quiere decir, claro, que el ser humano tenga que serlo.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Traficantes subterráneos

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 19 de septiembre de 2007

La ciencia siempre sorprende. Una y otra vez, lo que se creía bien sabido resulta erróneo o incompleto.

Algo “que todos saben” es que las plantas producen su propio alimento por fotosíntesis, usando energía solar para convertir agua y dióxido del carbono en carbohidratos. Pero hoy se conocen plantas parásitas, como las orquídeas. que se alimentan de otras plantas.

Otra cosa que se sabía era que los hongos eran plantas… pero a pesar de su aspecto sugestivamente vegetal, resultan ser organismos parásitos, incapaces de fabricar sus alimentos.

Hoy los hongos tienen su propio apartado en el esquema de cinco reinos de seres vivos (plantas, animales, hongos, protozoarios y bacterias). Su cuerpo está constituido por filamentos microscópicos. En los bosques crecen bajo el suelo, formando extensas redes (los champiñones que vemos son sólo sus órganos reproductivos). Hay hongos individuales que llegan a pesar varias toneladas.

Algunos hongos viven estrechamente ligados a las raíces de plantas, formando simbiosis llamadas micorrizas (“raíz de hongo”). Los filamentos del hongo se unen a los pelillos de las raíces, aumentando su superficie y su capacidad de absorber agua y minerales. La planta, a su vez, proporciona al hongo hasta 40% de los nutrientes que fabrica. Así, ambas especies se benefician.

Pero en un reportaje de la revista Nature (13 de septiembre), John Whitfield comenta evidencia del caso inverso: plantas que se comen a los hongos de sus micorrizas. ¿De dónde saca el hongo los carbohidratos? La explicación es que las redes de micorrizas conectan muchas plantas de varias especies. Un árbol alto que recibe mucha luz puede donar carbohidratos a los hongos del subsuelo, que a su vez los movilizan hacia plantas que crecen en la sombra y no logran fabricar alimento suficiente.

El sentido evolutivo de este tráfico ilegal de carbohidratos es misterioso, pero podría explicarse si la plantita es un retoño del árbol maduro, que estaría así ayudando a sus descendientes. Otra posibilidad es que plantas que crecen rápido en primavera “subsidien” a las que crecen lento, y éstas les regresen el favor en otoño.

El descubrimiento, si se confirma, cambia nuestra concepción de las relaciones ecológicas que rigen el crecimiento de los bosques. Los hongos, con su tráfico subterráneo, ayudan a explicar la economía de la naturaleza.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Músculos vivos para robots

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 19 de septiembre de 2007

El futuro de la tecnología parece estar irremediablemente ligado a la biología.

Hasta hace poco, eran los aparatos mecánicos y electrónicos, diseñados por ingenieros, los que auxiliaban a los sistemas biológicos: prótesis o sillas de ruedas para minusválidos; dispositivos biomecánicos para personas con daño en la médula espinal; exoesqueletos robóticos que aumentan la fuerza de un individuo mediante motores y poleas. Hasta hoy todos los robots se mueven mediante motores, cada vez más precisos, eficientes y pequeños. Pero un artículo publicado el 7 de septiembre en la revista Science permite intuir en un futuro el nacimiento de la biorrobótica.

Kevin Parker y sus colegas, de la Universidad de Harvard, describen el desarrollo de capas delgadas (películas) de células musculares de corazón de rata cultivadas sobre un material flexible llamado siloxano. Las células se aíslan, se “siembran” sobre el material, en un medio nutritivo, y se cultivan durante 4 a 6 días a 37 grados.

Cuando las células han formado una capa plana y se han conectado entre sí, como en el tejido cardiaco, la película se puede recortar, para darle formas diversas: tiras alargadas, triángulos, o formas ligeramente más complejas.

Lo interesante es que cuando se estimula eléctricamente a las células, éstas se contraen en forma sincronizada. Así, una tira larga puede enrollarse y formar un tubo en espiral; otra, en forma de serpentina, puede apretarse, lo cual permitiría aplicarla para formar conductos que muevan líquidos en su interior, en forma similar a las contracciones peristálticas que mueven el alimento dentro del intestino. Y una tira puntiaguda, con forma de hoja, se arquea hasta que sus extremos se tocan, formando el prototipo de unas pinzas sencillas.

Se diseñaron también artefactos sencillos, de unos cuantos milíme-tros, que pueden desplazarse: una tira enrollada en forma de clip que extiende un “pie” para impulsarse en una superficie, y un triángulo que puede “nadar” al contraer y extender sus puntas.

La técnica es aún primitiva, pero ¿quién sabe? Quizá con el tiempo se aprenda cómo mantener vivas y alimentar continuamente a películas musculares de este tipo para fabricar robots biomecánicos, que harán realidad las predicciones de los escritores de ciencia ficción.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Fuera del cuerpo

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 12 de septiembre de 2007
El dualismo —la idea de la existencia de un alma distinta y separable del cuerpo— está presente en religiones, en la filosofía de Descartes y en charlatanerías new age. Los testimonios van desde los “viajes astrales” de místicos y chamanes o las “experiencias extracorpóreas” de personas al borde de la muerte, hasta la “exteriorización” que la Iglesia de la Cienciología vende como prueba de que “no somos nuestro cuerpo”.

Existe amplia evidencia, sin embargo, de que la sensación de estar “fuera del cuerpo” puede ser provocada por estados neurofisiológicos anormales producto de cirugías, infartos, ataques epilépticos o el uso de drogas.

Y la explicación no es que el alma se salga del cuerpo, sino que la totalidad de nuestra experiencia consciente es un producto muy elaborado del procesamiento cerebral. Este procesamiento puede ser alterado por distintos factores y producir sensaciones tan sencillas como una ilusión óptica o tan extrañas como vernos desde afuera, sin que eso implique que tales experiencias sean reales.

Un reciente experimento realizado por Henrik Ehrsson, del Instituto Karolinska, en Suecia, y publicado en la revista Science (24 de agosto) muestra cómo, con estímulos visuales y táctiles, se puede lograr que una persona experimente una sensación de estar fuera de su propio cuerpo.

Se le colocó a los sujetos un visor estereoscópico conectado a un par de cámaras atrás de su cabeza: lo que veían era precisamente lo que verían si estuvieran sentados atrás de sí mismos. Aunado a esto, el investigador los tocaba en el pecho, sin que las cámaras lo vieran, y al mismo tiempo simulaba estimular el pecho del “observador virtual”, debajo de las cámaras.

Resultado: los sujetos tuvieron una fuerte sensación de estar sentados donde estaban las cámaras, viéndose desde atrás. Y si se simulaba “golpear” el pecho virtual, varios de los sujetos se agachaban para evitar el golpe.

Además de comprobar el potencial que tiene nuestro cerebro para generar “realidades virtuales” (de hecho, cotidianamente vivimos en una de ellas) a partir de la información que recibe de los sentidos y de sus propias expectativas, quizá la investigación de Ehrsson sea útil para mejorar la tecnología de control remoto, por ejemplo, para cirugías a distancia. Nada mal, para una investigación que roza lo “místico”.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

La Iglesia en la SEP

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 5 de septiembre de 2007

El 10 de agosto, Carlos Monsiváis y Jenaro Villamil deploraban en La jornada la comparación que hizo el gobernador de Jalisco entre el reparto de condones y “dar vales para el motel”, y criticaron que un libro de biología para secundaria aprobado por la SEP incluya este párrafo: “Los adolescentes que han vivido de acuerdo con lo que señalan estas campañas (de abstinencia sexual) han obtenido resultados satisfactorios, retrasando o evitando el contagio por VIH y otras enfermedades”.

“¿Retrasando? ¿La abstinencia puede nada más retrasar la infección? ¡Qué notable!”, ironizan Monsi y Villamil. Entre los autores del libro (Cedillo, Mota, Bonfil y Garay) está mi hermana, bióloga. Investigando en internet, hallé, en la página de la Coalición para la Participación Social en la Educación (COPASE), un dictamen sobre este libro, firmado por Alejandra Huerta-Zepeda, investigadora asociada del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM. En él se incluye la siguiente “redacción alternativa”: “Se han organizado a nivel internacional campañas de abstinencia sexual para evitar el contagio… Los adolescentes que han vivido estas campañas han obtenido resultados satisfactorios, retrasando el contagio con VIH u otras enfermedades.”

Resulta que la SEP requirió que el inquietante párrafo fuera incluido en el libro por la editorial. La COPASE, agrupación que ha hecho campaña para evitar que la educación sexual mencione el coito, la masturbación o la homosexualidad, se convierte así de hecho en asesora de la SEP.

Como puede verse claramente en su página web (www.copase.org), la intención de COPASE es incorporar los valores de la iglesia católica en la educación secundaria. Aunque nunca menciona explícitamente la religión, un video no fechado disponible en una página paralela (www.coalicion.net) muestra al “investigador” Rodrigo Guerra afirmando que la finalidad de los “dictámenes técnicos” sobre los libros de texto es “generar materiales que pudieran ser útiles en un litigio”. Hace referencia a “ONGs de inspiración cristiana” que forman parte de la coalición, y destaca que los dictaminadores son “peritos científicos de fe católica sólida”.

Preocupa que una investigadora de la UNAM se preste a difundir como científicos conceptos erróneos basados en una moral religiosa. Preocupa que la SEP imponga a las editoriales los dictámenes de una coalición religiosa, vulnerando la educación pública laica que exige la Constitución.

POSDATA:

En la versión publicada de esta columna no hubo espacio, pero quiero incluir aquí una cita de la columna Litóbolos titulada "Cartas a la cigüeña" (El financiero, 14/agosto/2007), de mi amigo Fedro Carlos Guillén, autor de otro de los libros de biología para secundaria aprobados por la SEP:

"...Hace no mucho se armó una polémica asociada a los nuevos libros de biología para la escuela secundaria. El hecho me consta de primera mano porque soy autor de uno de los siete textos autorizados por la SEP. Durante el proceso fui mudo testigo de la forma en que grupos conservadores presionaron con el fin de que los niños mexicanos no supieran que las relaciones sexuales las puede tener gente del mismo sexo y mucho menos que se enteraran de un concepto tenebroso llamado masturbación, a través del cual el demonio posee los cuerpos débiles y los abandona a los placeres de la carne.
En algunos estados los libros de plano no se repartieron, ya que las buenas conciencias pensaron (lo anterior es un eufemismo) que la corrupción de menores empieza en la escuela y en otro estado (lo juro) se organizaron quemas de libros. Uno se pregunta si esta mochería rampante tiene cabida en un país que cabalga en pleno siglo XXI, pero la triste respuesta es afirmativa. Es por ello que desde esta humilde tribuna propongo que realicemos una expedición masiva hacia Europa y Asia (el hábitat de la cigüeña blanca) para capturar algunas docenas de estos bichos y entrenarlos en el zoológico de Chapultepec para que se encarguen de llevar a niños recién nacidos a sus nuevos hogares. Será menester que estas criaturas nazcan por medio de probetas, para así evitar contactos sexuales en la población, que, como se sabe, son un pecado de los más mortales que existen."

miércoles, 29 de agosto de 2007

Sexo por placer

Martín Bonfil Olivera
Publicado en Milenio Diario, 29 de agosto de 2007

Para las culturas de herencia católica, el sexo es tradicionalmente pecaminoso. En México la educación sexual en los libros de texto sigue siendo evaluada con criterios medievales que exaltan la abstinencia, condenan todo lo que “incite” a los jóvenes a tener relaciones sexuales (como si fuera necesario) y se resisten a mencionar la masturbación, el sexo no reproductivo, las opciones sexuales o el aborto. El sexo sólo parece ser aceptable si produce hijos.

Pero el mundo real no obedece ideologías. Los jóvenes siguen los impulsos hormonales, las mujeres recurren al aborto –aunque al menos, en el DF, pueden hacerlo con seguridad– y, en general, la gente aprovecha su sexualidad como una forma de comunicarse, de expresar amor, o de simplemente buscar un bien merecido placer.

De vez en cuando, sin embargo, el progreso científico-tecnológico revoluciona la forma en que gozamos el sexo. El condón y los antibióticos comenzaron a liberar a hombres y mujeres del temor a embarazos o infecciones. Y la píldora anticonceptiva, desarrollada en 1951 por Syntex, en México, desató una verdadera revolución sexual, que continúa hasta hoy.

Recientemente, en Costa Rica, pude escuchar una charla de Carl Djerassi, químico austriaco-norteamericano responsable de la obtención de la píldora, a partir del barbasco. Djerassi –un vital hombre de 83 años– ha reflexionado sobre la influencia de la tecnología reproductiva en la sociedad y la sexualidad. Si los anticonceptivos nos permiten tener sexo sin reproducción, afirma, hoy las técnicas de reproducción asistida, como la fertilización in vitro, nos permiten tener reproducción sin sexo.

¿Qué efecto tendrá la separación de sexo y reproducción? Djerassi predice que las mujeres jóvenes buscarán congelar sus óvulos para continuar con su vida profesional sin prisa por tener hijos y sólo más tarde, al hallar una pareja adecuada, usarán su esperma para concebir un hijo. Hay quien teme que esto pudiera dañar la institución familiar, pero Djerassi disiente: al contrario, las tecnologías reproductivas harán que disminuyan los abortos, pues no habrá tantos embarazos no deseados, carreras interrumpidas ni parejas a la fuerza. Djerassi explora estas y otras cuestiones en su obra de teatro Inmaculada concepción furtiva (Fondo de Cultura Económica, 2002). Vale la pena echarle un vistazo.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Leer los recuerdos

Martín Bonfil Olivera
publicado en Milenio Diario, 22 de agosto de 2007

La memoria es uno de los enigmas del cerebro. No hay duda de que se trata de un proceso físico —pensar lo contrario sería caer en el misticismo—, pero su funcionamiento detallado ha resultado elusivo.

Joe Tsien, investigador chino de la Universidad de Boston, se hizo famoso en 1999 por desarrollar una variedad de ratones que aprendían más rápido y recordaban más tiempo lo aprendido (por ejemplo, un laberinto). Lo logró manipulando sus genes para que produjeran en exceso una proteína que permite a las neuronas recibir las señales químicas (neurotransmisores) de otras neuronas.

Tsien no quedó satisfecho, y —según narra en Scientific american de julio— quiso saber qué es precisamente la memoria. Estudió el cerebro de ratones insertándoles electrodos para monitorear simultáneamente la actividad de más de 200 neuronas en el hipocampo, área crucial para el almacenamiento de información.

Como los recuerdos relacionados con experiencias perturbadoras son vívidos y duraderos, Tsien sometió a los ratones a caídas en un pequeño elevador o a breves temblores simulados en una jaula, mientras monitoreaba las reacciones de sus neuronas. La cantidad de datos era abrumadora, así que tuvo que utilizar avanzadas técnicas matemáticas para procesarlos e interpretarlos.

Los resultados fueron notables: Tsien pudo ver cómo ciertos grupos de neuronas (que llamó “pandillas”) pasan, cuando experimentan el movimiento o al recordarlo, de un estado de reposo a estados bien definidos asociados a experiencias de “temblor” o de “caída”. Estas pandillas neuronales se relacionan de forma jerárquica, piramidal: en la base están neuronas que reaccionan a cualquier movimiento brusco; en medio las que distinguen caídas y temblores, y en la punta, las que se asocian con cada experiencia particular.

Los métodos de Tsien incluso le han permitido “leer” los recuerdos de los ratones, interpretando digitalmente la actividad de sus neuronas. Así ha podido “adivinar” qué experiencia han sufrido ratones distintos.

Se comienza así a entender el código con que el cerebro de los mamíferos almacena recuerdos. Un día este conocimiento podría permitirnos mejorar el aprendizaje, combatir problemas de memoria o saber si una persona en estado vegetativo tiene actividad mental. Tal vez la lectura de la mente no esté tan lejos…

miércoles, 15 de agosto de 2007

Bebés colonizados

Martín Bonfil Olivera
Milenio Diario, 15 de agosto de 2007

El ser humano tiende a vanagloriarse de su superioridad sobre los demás organismos del planeta (herencia que en parte le debemos al cristianismo, con su mito del “rey de la creación”, hoy afortunadamente rebatido por una necesaria cultura de protección de la biodiversidad).

Nuestra supervivencia depende de otras especies para obtener el oxígeno que respiramos y el alimento que consumimos. Y no sólo eso: no hay ejemplo más dramático de nuestra íntima interrelación con otros seres vivos que el de las bacterias que habitan normalmente en nuestro intestino. Uno pensaría que tener bacterias, con su fama de causar de enfermedades, colonizando nuestras tripas no es de lo más sano. Pero lo normal es que haya muchísimas: constituyen un verdadero ecosistema, formado por unos 100 billones de células bacterianas de 400 especies distintas (¡diez veces más que el número total de células humanas que conforman nuestro cuerpo!).

Gracias a ellas podemos digerir nuestra comida, producen algunas vitaminas y son incluso necesarias para el buen desarrollo de nuestro intestino y sistema inmunitario. Simplemente, no podríamos vivir sin ellas. Se puede decir, sin exagerar, que un ser humano es él y sus bacterias.

Por ello es importante el estudio realizado por un equipo de investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, dirigido por Patrick Brown, y publicado en el número de julio de la revista PLOS Biology. Describe cómo el intestino de 14 bebés estudiados es colonizado por bacterias desde que son recién nacidos (el vientre materno es un ambiente estéril) y a lo largo de su primer año de vida. Sus resultados son un importante primer paso para entender la ecología de esta importante simbiosis.

Contrario a lo que afirman los libros de bacteriología, la colonización de los intestinos infantiles no es ordenada, sino caótica: la diversidad de especies de cada bebé es única, y parece depender de encuentros fortuitos del bebé con bacterias de su ambiente (en el canal vaginal de su madre, en su leche, en el aire, en sus primeros alimentos…).

Sin embargo, al cabo de un año la microbiota intestinal de los bebés comienza a parecerse a la de un adulto normal. A pesar del comienzo azaroso, al final parece que las especies mejor adaptadas a vivir en nuestro intestino predominan. La evolución de nuestra simbiosis no es, finalmente, tan azarosa.

miércoles, 8 de agosto de 2007

Un cerebro despierta

Martín Bonfil Olivera
Milenio Diario, 8 de agosto de 2007

Para Raúl, por 15 años de amor

Somos nuestro cerebro, no cabe duda. Los constantes avances de la neurobiología lo confirman. Pacientes con alteraciones cerebrales ven afectadas, inevitablemente, las funciones mentales que consideramos más característicamente humanas: la memoria, el habla, el pensamiento.

Caso extremo es el mal de Alzheimer, que destruye el alma, entendida de la única forma en que puede entenderse. No como esencia inmaterial que anima al cuerpo, sino como la asombrosa función emergente del cerebro, esa red de redes neuronales que nos permite ser conscientes del entorno y de nosotros mismos.

Las funciones mentales superiores, como la conciencia, son producto del funcionamiento de la capa externa, evolutivamente novedosa, del cerebro: la corteza, tan arrugada en el ser humano.

Las capas más internas y antiguas del encéfalo se ocupan de funciones más básicas, como los movimientos reflejos o la respiración (y, sorprendentemente, de las emociones).

Evolutivamente, el yo, la conciencia, surge con la aparición de cerebros capaces de "despertar": hacerse conscientes, a diferencia de los cerebros que reaccionan a estímulos del entorno, sin "darse cuenta" de lo que hacen. Pero la conciencia no es permanente: la perdemos diariamente al dormir, y accidentes o enfermedades pueden ocasionar su desaparición total o por periodos largos.

En un coma, no hay respuesta a ningún estímulo. En el llamado "estado vegetativo persistente" hay respuesta a ciertos estímulos, así como movimientos oculares y corporales, pero sin conciencia. En los llamados "estados mínimos de conciencia" el paciente puede mostrar momentáneamente señales de actividad organizada, pues al menos parte de su corteza llega a despertar y funcionar.

La revista Nature reportó la semana pasada (MILENIO, 2 de agosto) el caso de un paciente en condiciones favorables que pudo despertar, luego de 6 años en un estado mínimo de conciencia, gracias a la inserción de electrodos que estimulan eléctricamente regiones de su hipotálamo que se conectan con la corteza y participan en el mecanismo del despertar.

La promesa terapéutica es grande, aunque se trata sólo de un caso, y con resultados limitados. La lección mayor es que las neurociencias comienzan a responder algunas de las preguntas que más han inquietado a los filósofos.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Cuando nos observan

Martín Bonfil Olivera
1 de agosto de 2007

Cuando, hace poco, una personalidad pública me comentó que iba a leer regularmente esta columna, me sentí incómodo: ¿podría seguir escribiendo con libertad? Decidí ignorar en lo posible tal inquietud, pero me avergoncé un poco por mi inseguridad. Sin embargo, un artículo publicado el 27 de julio en la revista Science —y comentado en MILENIO Diario —revela que mi reacción fue de lo más natural.

En él, los investigadores alemanes Manfred Milinski y Bettina Rockenbach resumen distintas investigaciones que revelan que el comportamiento de los animales (peces, aves, mamíferos, humanos…) se altera cuando se saben observados. El comportamiento tiende a volverse menos egoísta —que sería lo esperable normalmente— y más altruista cuando algún congénere nos vigila.

Las razones tienen que ver con la “reputación”: en muchas especies, el rango social de un individuo se juzga por su comportamiento. Además, ser egoísta puede ser castigado en ciertas comunidades. Por ello, fingir puede ser beneficioso para un individuo. Esto desata una “carrera armamentista” en la que quien observa a los otros intenta no ser visto, para evitar que la conducta se disfrace. El individuo observado, por su parte, intenta descubrir si lo espían, pero finge no haberlo notado, para que el espía piense que está observando un comportamiento natural.

Este juego, comentan los autores, se presenta también en comunidades humanas. Es posible que el solo hecho de tener la mirada de alguien observándonos –así sea en una foto– baste para hacer que nuestro comportamiento sea más altruista. Algo para pensar…

¡Mira!

Carlos Marín se burló ayer, en su columna de Milenio Diario, de que Marcelo Ebrard tome en serio a Al Gore. “Lo del ‘calentamiento global’ —dice— se ha convertido en una religión de la que Gore viene a ser el Sumo Sacerdote”.

Es cierto: existen todavía escépticos acerca de que el calentamiento sea causado por los gases de invernadero de origen humano; pero ya nadie en la comunidad científica duda de que el calentamiento sea real. Si aplicamos el principio de precaución al usar el cinturón de seguridad o al exigir pruebas de que los alimentos transgénicos son inocuos, debemos aplicarlo ante la posibilidad —casi certeza— de que las actividades humanas estén alterando el ambiente.

Es lo más razonable, aunque sea incómodo.